Mencio, filósofo chino: “Si amas a las personas y se muestran hostiles contigo, examina tu amor”
El pensador, perteneciente a la cuarta generación de discípulos de Confucio, descubrió a distintos estatistas de su época cómo la introspección arregla las relaciones humanas.


Cuando Mengke conoció el arte de la filosofía el mundo era algo muy distinto a lo que es hoy. El conocido como Maestro Meng se decantó por el confucianismo y, perteneciente a la cuarta generación de discípulos de Confucio, extendió su sabiduría por los rincones de una China que, allá por el siglo IV a.C., había dejado atrás el período de las ‘Primaveras y Otoños’ para dar pie a la convulsa etapa de los ‘Reinos Combatientes’. Lo hizo de forma literal. Viajó por los estados aportando consejos a distintos gobernantes; la recopilación de estas conversaciones vino a bautizar al pensador, que pasó a la historia bajo el nombre de Mencio.
De todas las tesis de Mencio, quizá, la más famosa sea aquella de que la naturaleza humana es intrínsecamente buena: el hombre posee disposiciones morales innatas que hacen brillar su humanidad y eliminan un mal que, por otro lado, no proviene puramente de la esencia de las personas, sino de malas condiciones sociales, pobreza, corrupción política o falta de cultivo moral. Y, pese a pronunciarla allá por los diferentes estados de la antigua China, su teoría sigue vigente en la actualidad.
Los consejos del Maestro Meng
Puede observarse la vigencia de Mencio en algunas de sus más clásicas citas, como aquella que —a modo de resumen de la esencia humana— defiende el siguiente escenario: “Si amas a las personas y se muestran hostiles contigo, examina tu amor. Si gobiernas a personas y se muestran ingobernables, examina tu sabiduría. Si eres cortés y no te corresponden, examina tu cortesía. Si lo que haces es en vano, mira siempre en tu interior y hallarás la respuesta”.

La frase invita a practicar la introspección y mirar primero hacia adentro cuando las acciones no surten el efecto deseado, ya que, para Mencio, la raíz de las acciones morales se halla en la rectitud de mente y corazón. Sucede que, en ocasiones, uno no se da cuenta de que alguno de los factores antes citados puede contaminar dichas interacciones con el entorno; de ahí la importancia de estudiarse a sí mismo para cambiar dichos vicios. Esto también puede extrapolarse a otro punto de su teoría: la virtud personal, por extensión, no es una cuestión individual, sino social, ya que una persona virtuosa tiene en su mano influir mejor en su entorno ético y político.
Esta explicación no rehúye el presente, sino que puede acercarlo tanto que provoque el sobresalto. La frase habla de cómo la responsabilidad moral nace en el interior de cada individuo y cómo desde ahí puede transformar de forma genuina las relaciones humanas y la sociedad. Es así hoy, como lo era en la época de los ‘Reinos Combatientes’. Aquello era lo que el sabio Mencio trataba de explicar a los gobernantes de su tiempo.
Noticias relacionadas
¡Tus opiniones importan!
Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí


Rellene su nombre y apellidos para comentar