Filosofía

Bertrand Russell, filósofo: “Carecer de algunas de las cosas que uno desea es condición indispensable de la felicidad”

La doctrina del matemático y escritor británico representa a la perfección la evolución que experimentó el concepto de ‘felicidad’ en el siglo XX.

Bertrand Russell, filósofo: “Carecer de algunas de las cosas que uno desea es condición indispensable de la felicidad”
Sergio Murillo
Redactor de Tikitakas
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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Fue en el siglo XX cuando el Viejo Continente dejó de poder atisbarse a través de una copa y en añejos salones de baile. La historia pareció entrar en una dinámica demoledora que, entre otras cosas, aceleró lo mejor y lo peor del ser humano. Y así hasta hoy. No puede entenderse esta metamorfosis sin un acercamiento al pensamiento que estudió la realidad filosófica detrás de esta vorágine; o lo que es lo mismo: no puede entenderse el pasado siglo sin comprender la figura de Bertrand Russell.

El filósofo, matemático, lógico y escritor británico, popularmente conocido por ganar el Nobel de Literatura en 1950, nació en Reino Unido allá por 1872. Fue ahijado del pensador utilitarista John Stuart Mill y dicho eje marcó para siempre su doctrina, caracterizada por la fundación de la conocida como ‘filosofía analítica’: un enfoque que trataba de analizar los clásicos problemas filosóficos a través del lenguaje y de la lógica. Se obsesionó con la idea de que muchos problemas de este orden surgían por confusiones en el lenguaje y, para remediarlo, se lanzó al estudio de las proposiciones y su estructura lógica. De esta base nació su defensa del logicismo, la teoría de las descripciones, una férrea apuesta por el empirismo y el atomismo lógico y, de todo ello, una visión ética y social meridiana: nada podía lograrse sin pacifismo ni libertad de pensamiento.

El concepto de felicidad y deseo

De la misma manera que el dinero llama al dinero —suele decirse—, el conocimiento llama al conocimiento. Y la sabiduría, al final, termina permeando en lo cotidiano. Buen ejemplo de ello es La Conquista de la Felicidad, obra que publicó en 1930 y que encierra citas que bien resumen su pensamiento acerca del ‘problema’ de la felicidad. “Carecer de algunas de las cosas que uno desea es condición indispensable de la felicidad”, reza una de sus líneas, perfectamente aplicable al presente.

Bertrand Russell, filósofo: “Carecer de algunas de las cosas que uno desea es condición indispensable de la felicidad”
National Portrait Gallery London

Esta frase no es baladí. Russell mantenía que la felicidad humana no provenía de la satisfacción completa de todos los deseos, sino que era la consecuencia de un equilibrio entre deseo y realización. De hecho, si uno obtenía todo aquello que quería desaparecería el impulso vital y, al carecer uno de metas, la vida sería un pozo de aburrimiento y apatía; en otras palabras, que es necesario cierto grado de insatisfacción.

Es clave el concepto de ‘deseo’ en su teoría, que él describía como motivador y estructurador de la felicidad. Esto venía a ligarse con su ética del ‘interés amplio’: la felicidad existe en tanto que hay múltiples intereses en el mundo, apareciendo siempre nuevos objetivos que mantienen cierta tensión creativa. Las ganas de vivir, que dirían algunos. En esta línea, carecer de algo no es sino una virtud: gasolina para la ilusión.

Russell, hijo de su tiempo

Tampoco fue casualidad que Russell llegase a esa conclusión. El autor nació en plena crisis del optimismo del siglo XIX: la confianza de la época victoriana en el progreso se dio de bruces con la Primera Guerra Mundial. Los avances técnicos no garantizaban en ningún caso la moral. Esta desmotivación se aunó al problema del aburrimiento ocasionado en el período de entreguerras y mitad de siglo XX, cuando la infelicidad se instaló entre aquellas generaciones que disfrutaban de mayores comodidades —lo que se conoce como el vacío psicológico de la sociedad industrial moderna—.

Todo esto pasó por las lentes analíticas de Russell para tomar forma en su obra. Y, si uno lo piensa, descubrirá la importancia del británico para comprender el devenir de la pasada centuria: esta historia no es sino la de por qué el Viejo Continente dejó de poder atisbarse a través de una copa y en añejos salones de baile.

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