Alejandro Cencerrado, experto del Instituto de la Felicidad: “Estamos persiguiendo una idea equivocada de felicidad”
Hablamos con Alejandro Cencerrado, analista del Instituto de la Felicidad en Dinamarca, uno de los países con la población más feliz del planeta.

En un mundo en el que cada vez nos preocupamos más por ser felices, hay personas cuyo trabajo consiste en intentar mejorar el bienestar de los ciudadanos. Una de ellas es Alejandro Cencerrado, licenciado en Ciencias Físicas y analista en el Instituto de la Felicidad de Copenhague (sí, existe tal institución). Ahora, ha accedido a hablar con Diario As para desgranar su ensayo En defensa de la infelicidad y compartir con nosotros todo lo que ha aprendido en estos años sobre la felicidad y sus contradicciones. Vivimos en grandes ciudades, pero nos sentimos solos. Sabemos de la importancia de la salud mental, pero sufrimos más ansiedad que nunca. Buscamos ser felices, pero no siempre lo conseguimos.
En su libro, Alejandro comenta que ha estado durante más de 20 años puntuando sus días con una nota del 1 al 10 con el objetivo de ser más feliz. El método es muy sencillo: observa aquellas cosas que más feliz le hacen para repetirlas más a menudo a lo largo del tiempo. No ha logrado ser más feliz, pero por el camino ha descubierto que eso no es lo más importante.
Pregunta: ¿Por qué cree que no ha conseguido ser más feliz en estos años?
Respuesta: Mi idea era intentar ser lo más feliz posible a lo largo del tiempo y no solo me he dado cuenta de que no es posible, sino de que es un objetivo un poco egocéntrico. Ahora mismo, por ejemplo, me voy a dar una vuelta con mis hijos y suelen ser momentos bastante estresantes, pero me doy cuenta de que hemos generado un recuerdo bonito para el futuro. Mi objetivo ya no es tanto satisfacer mi propio cerebro, sino tener momentos felices con la familia.
La infelicidad es un mecanismo necesario para que la felicidad que nos generó tumbarnos en el sofá al llegar a casa no dure para siempre y nos sintamos obligados a salir de nuevo"
¿Por qué cree que es imposible ser feliz siempre?
La felicidad y la infelicidad son pasajeras y yo también he encontrado cierta paz en el descubrimiento de que la infelicidad es inevitable. De hecho, puede que sea necesaria como motor para seguir avanzando hacia esa vida ideal que nunca llega. Es un mecanismo necesario para que la felicidad que nos generó tumbarnos en el sofá al llegar a casa no dure para siempre y, llegado el momento, nos sintamos obligados a salir de nuevo en busca de más recursos, más amigos o una pareja.
Las emociones negativas son importantes. Todos sabemos que, cuando una comida nos da asco, es para que no nos la comamos porque nos puede sentar mal y que, cuando la pierna nos duele, es para que no la movamos y se pueda curar. En cambio, con el tema de la tristeza, del aburrimiento, de la soledad... tenemos el pensamiento de que si estoy infeliz es porque el sistema me ha fallado. Tenemos que cambiar esa mentalidad.
En este caso, el autor está haciendo alusión a uno de los términos que sirven para explicar el funcionamiento de la felicidad: la adaptación. Sostiene que los humanos tenemos un nivel de felicidad base al que tendemos a volver. Como dice en su libro, “uno no puede disfrutar de la misma forma de su sofá a las tres horas de estar tumbado que cuando llegó a casa después de correr”.
¿Nos adaptamos a todas las situaciones?
Nos adaptamos muy bien a problemas físicos: puedes pensar que, si tienes un accidente y te quedas en silla de ruedas, tu vida se va a acabar y lo que vemos es que al año la gente ya está tan feliz como antes. Quizá saber que nos adaptamos pueda ayudarnos a preocuparnos un poco menos por ser despedidos o suspender ese examen.
En cambio, no pasa lo mismo con la depresión ni con la soledad. Si tus circunstancias vitales cambian de forma radical, sí que puedes ganar o perder cosas. Así que no, creo que hay cosas a las que no nos adaptamos y normalmente son situaciones en las que invertimos bastante poco dinero porque no se ve tan claramente el sufrimiento de quien vive con ellas.
El dinero ya no es una fuente de felicidad. Alguien que cobra 2.000 € al mes no mejora su bienestar por ganar 200 € más"
Dice en su ensayo que la ciencia de la felicidad trata de mejorar nuestra manera de medir el progreso para erradicar las raíces de nuestro malestar. ¿A qué se refiere?
Hasta ahora, se pensaba que el progreso era que el producto interior bruto creciera y que la gente tuviera dinero. Hace 30 años, tener dinero era claramente una fuente de felicidad. Ahora ya no es así y, alguien que cobra 2.000 € al mes, no mejora su bienestar por ganar 200 € más porque se acaba adaptando.
Sin embargo, a pesar de ser mucho más ricos que nuestros abuelos y de que cada vez haya menos desempleo, somos el país que más ansiolíticos toma y hay un aumento de la depresión, ansiedad y soledad. Una sociedad que es muy rica, pero que cada vez es más infeliz, no está progresando. Por eso creo que el progreso debe dejar de medirse como riqueza económica, o no sólo, sino como el bienestar de la población.
¿Cuál es nuestra mayor fuente de infelicidad?
Según los datos, la depresión y la soledad. No solo porque afectan mucho a la felicidad, sino porque hay mucha gente sufriéndolas. Además, pensamos como sociedad que no hay mucho que se pueda hacer, pero no es así.
¿Cree que estamos persiguiendo una idea equivocada de felicidad?
En general, sí. Creo que el capitalismo nos ha hecho mucho mal en ese sentido, porque nos ha hecho creer que ser feliz es tener un coche caro, llevar siempre ropa nueva, estar siempre bien con tu pareja... Y, en realidad, la felicidad, al menos a largo plazo, no tiene absolutamente nada que ver con eso.
Si ahora mismo le preguntas a la gente qué le hace feliz, casi nadie va a responder que vivir en un vecindario unido o tener amigos con los que quedar los jueves. Casi todo el mundo piensa en el éxito, en su carrera profesional, en ganar mucho dinero... y eso es equivocado. Nos centramos mucho en el materialismo y muchos de los objetos de lujo no tienen el objetivo de generar bienestar sino de remarcar estatus.
Y si alguien le dice: “Mire, Alejandro, yo lo único que quiero es ser feliz”, ¿qué consejo le daría?
Primero que no se obsesione, que la infelicidad va a volver, haga lo que haga. Después de eso, que deje de centrarse en asuntos superficiales y empiece a desarrollar relaciones fuertes con la gente que tiene alrededor sin esperar que su relación con su pareja vaya a ser excitante todo el tiempo. En definitiva, trabajar las cosas a largo plazo, con paciencia y sabiendo que las malas rachas vienen.
También dice en su libro que somos muy malos prediciendo lo que nos hará felices, ¿por qué?
Pues yo creo que es un engaño del cerebro, que no busca que seas feliz, sino que sobrevivas y prosperes. Por esa razón, te hace creer que una chica, solo con que sea guapa, ya te hará feliz. Esa es una predicción horrible de nuestra felicidad, puesto que hay otros aspectos más importantes, pero tu cerebro está pensando en que tengas descendencia. Por eso, puedes acabar con una pareja que es guapísima, pero que te hace la vida imposible.
En Dinamarca no tienen una fórmula mágica para la felicidad, sino un sistema que funciona"
Atendiendo a las encuestas, Dinamarca es uno de los países más felices del mundo. Usted vivió 10 años allí, ¿qué podemos aprender de los daneses en este sentido?
Primero, la importancia del estado de bienestar. En Dinamarca no es que la gente sepa más sobre budismo o tenga una fórmula mágica para la felicidad, sino que tienen un sistema que funciona. Así, cuando necesitas un psicólogo, lo tienes gratuito y frecuente y, cuando estás desempleado, te ayudan a encontrar empleo. Esto lo han conseguido porque pagan muchos impuestos y tienen mecanismos internos para que no haya corrupción y haya incentivos entre los empleados públicos para trabajar eficientemente.
En segundo lugar, un aspecto muy relacionado con el primero, que es la confianza. Esto significa saber que tus impuestos se van a utilizar para el bien de la gente y no van a acabar en los bolsillos de un político. Confianza es ir al sistema público y saber que el funcionario que hay allí va a esforzarse por ayudarte y no por intentar quitarse trabajo. Los daneses confían mucho en la buena voluntad de los demás y aquí en España tenemos que tratar de mejorar eso.
Según datos de la Seguridad Social, “las bajas por trastornos mentales han aumentado un 365% desde 2018 entre los más jóvenes”. ¿Somos más infelices ahora o simplemente somos más conscientes de nuestro malestar?
Creo que tiene ese doble componente, pero es muy difícil comparar el antes y el después. Materialmente estamos mucho mejor que nuestros abuelos, pero hemos perdido algo muy importante, que es la comunidad. Mi abuela perdió un hijo, vivió la guerra, pasó hambre... pero bajaba a la puerta de casa y se tiraba toda la noche charlando con los vecinos mientras los niños jugaban en la calle.
En cambio, ahora todos vivimos bastante más solos. Creo que el problema de salud mental que vemos en nuestros jóvenes tiene mucho que ver con eso, con la pérdida de la comunidad y con centrar el foco demasiado en el éxito, en tener más y en mostrar nuestra mejor versión en redes sociales.
Una de las mejores cosas que podemos hacer por la salud mental de los jóvenes es enseñarles a aburrirse"
¿En qué medida cree que una baja autoestima puede asociarse al uso de las redes sociales?
He analizado muchas bases de datos al respecto y nunca he visto una correlación fuerte entre el uso del móvil y la autoestima. Sí he visto una correlación más fuerte entre la autoestima y la relación con tus padres. Si tus padres te valoran y han creado un marco de valores en el que estar más o menos gordo no afecte a lo que tú vales, cuando entres en las redes sociales y veas a alguien muy guapo, no te va a afectar tanto.
¿Y el sentimiento de apatía en jóvenes sí que está más relacionado con las redes sociales?
Sí, la relación es más fuerte. Nuestro cerebro, ante la exposición continuada (adicción) a las redes sociales u otras fuentes de dopamina, regula a la baja el número de neurotransmisores que reciben esa dopamina para contrarrestar el efecto. Es decir, si tú estás continuamente sobreexcitado, cada vez necesitarás más dopamina para sentirte contento, provocando que cualquier momento de no hacer nada vaya a ser aburrido.
¿Qué podemos hacer para anular ese sentimiento de apatía o de vacío?
El antídoto contra eso, curiosamente, no es hacer cada vez más, sino al revés, aprender a no hacer nada. Un ayuno de dopamina. Y creo que es una de las mejores cosas que podemos hacer por la salud mental de los jóvenes, enseñarles a aburrirse.
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Alejandro insiste en que pensamos que ser feliz es un derecho cuando la infelicidad es una parte necesaria de la vida. En este sentido, el verdadero problema no es que estemos infelices, sino que creemos que no deberíamos estar así nunca, pero esto no parece preocuparle demasiado: “No podemos ser felices los 365 días del año, pero no pasa nada, porque la vida es mucho más que eso”.
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