Un fin de semana en la Costa Brava: qué ver en dos días y medio
Entre calas escarpadas, pueblos con historia y rutas junto al mar, la región ofrece un turismo donde paisaje, cultura y Mediterráneo se cruzan.


Pasar un fin de semana en la Costa Brava implica tomar decisiones. No por falta de opciones, sino por exceso. En apenas unos kilómetros de costa, este territorio del nordeste catalán combina playas de difícil acceso, núcleos urbanos con siglos de historia y una relación con el mar que sigue marcando el ritmo cotidiano.
El recorrido puede comenzarse el viernes por la tarde en Blanes, punto habitual de entrada a la comarca. Desde allí, el litoral empieza a mostrar su carácter abrupto. El Jardín Botánico Marimurtra, situado sobre un acantilado, permite observar el contraste entre vegetación mediterránea y mar abierto, mientras que playas como Sant Francesc ofrecen una primera aproximación a las aguas claras que han dado fama a la zona.
El sábado suele ser el día más intenso. Los caminos de ronda, antiguos senderos utilizados para la vigilancia costera, se han convertido en una de las formas más directas de conocer el paisaje. El tramo que une Calella de Palafrugell y Llafranc destaca por su accesibilidad y por enlazar pequeñas calas con zonas urbanizadas de bajo impacto visual. Caminar este sendero permite entender la geografía del lugar mejor que cualquier mirador.
Tras el recorrido, Calella de Palafrugell invita a detenerse: calles cortas, arquitectura sencilla y una actividad ligada todavía a la pesca y la restauración. A pocos kilómetros, el interior ofrece un cambio de registro con Pals, cuyo casco histórico medieval resume buena parte de la historia local a través de sus murallas, plazas y torres defensivas.
La jornada puede cerrarse en Begur, desde donde se accede a calas como Aiguablava o Sa Tuna, espacios donde el relieve rocoso condiciona tanto el paisaje como la forma de habitarlo.
El domingo permite combinar litoral y cultura. En Figueres, el Teatro-Museo Dalí actúa como polo cultural de la comarca y atrae a visitantes más allá del interés estrictamente artístico. De regreso a la costa, Cadaqués aparece como un núcleo singular, marcado por su aislamiento histórico y su vinculación con creadores y navegantes. Muy cerca, el Parque Natural del Cap de Creus cierra el fin de semana con un entorno donde el viento y la roca dominan el paisaje.
Dónde dormir
La Costa Brava no se agota en dos días, pero un fin de semana basta para comprender su diversidad. Un territorio donde la memoria convive con el turismo, por lo que los hospedajes están especialmente cuidados. Una de las opciones para alojarse puede ser el hotel Mas Tapiolas, ubicado en el corazón del Baix Empordà, a pocos kilómetros del mar y envuelto por los verdes paisajes del macizo de Les Gavarres. Enclavado en un entorno privilegiado, rodeado de naturaleza y con vistas que invitan a la calma, es una fusión entre el encanto de una masía catalana del siglo XIII restaurada con mimo y el confort contemporáneo.
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Por su parte, en Platja d’Aro, se encuentra el renovado hotel Cala del Pi. Espacios rediseñados, un spa completamente reformado, una oferta gastronómica ampliada y la transformación de un chalet colindante al hotel como epicentro de ocio y descanso, lo convierten en una de las propuestas más completas de la Costa Brava. Además, ha recibido recientemente el certificado Biosphere 2025, un reconocimiento internacional que avala el compromiso con la sostenibilidad, el respeto al entorno y la responsabilidad social.
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