Turismo

Qué hacer (y qué no) en un viaje invernal a Nueva York de cuatro días

La Gran Manzana ofrece tantos planes a sus visitantes que es imprescindible una buena organización para maximizar el viaje.

People make their way during a snowfall at Times Square in New York City, U.S., December 14, 2025.  REUTERS/Eduardo Munoz
Eduardo Munoz
Daniel Pérez G.
Redactor Tikitakas
Nació en Madrid en 1998. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la UC3M. Entró en Diario AS como becario de Actualidad en 2020, aunque también ha pasado por las secciones de Directos y Más Deporte cubriendo algún evento de ajedrez. Desde agosto de 2022 escribe en Tikitakas.
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Dentro de la inmensa oferta turística que pone a disposición de sus visitantes Estados Unidos, Nueva York es, posiblemente, una de las más deseadas para el público. La Gran Manzana tiene tantos planes diferentes que hacen falta entre siete y diez días para conocerla a fondo y sin prisa. Sin embargo, si eres como un servidor y no tienes tanto tiempo, con una buena organización es posible llegar a prácticamente todo en tan solo cuatro días (tres días enteros y dos medios). Eso sí, deprisa y corriendo. Tampoco nos vamos a engañar.

Lo primero que debes saber es que los mitos son ciertos: el invierno en Nueva York es implacable. Al preparar la maleta, olvida la temperatura del termómetro; lo que dicta las reglas es la sensación térmica, que puede desplomarse hasta los veinte grados bajo cero al amanecer.

La estrategia para sobreponerse al frío no les sorprenderá: vestirse por capas que se puedan quitar en espacios interiores. Una camiseta y unas mallas o pantalones térmicos son obligatorios. Sobre ellos, unos vaqueros, un jersey de lana o sudadera y un abrigo caliente, lo más largo posible. Los calcetines gordos, unas botas de nieve, guantes y gorro (que cubra las orejas) culminan el look neoyorkino invernal. Para los momentos más críticos, como la visita a la Estatua de la Libertad o las subidas a rascacielos al aire libre, no están de más unos saquitos de calor en las manos y en los pies.

¿Dónde comprar las entradas?

Las atracciones turísticas de Nueva York son tantas que ir a todas supone un coste importante. El Empire State, el Top of the Rock, The Edge, el Museo del 11-S o el famoso tour de contrastes, entre otras cosas, cuestan por separado una suma de dinero difícilmente asumible para viajes austeros. Por eso, hay varias opciones en forma de tarjeta turística para ahorrar considerablemente sin renunciar a las visitas.

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Fotografía desde el piso 86 del Empire State BuildingDaniel Pérez G.

El plan City Pass ofrece distintos tipos de pases por cantidades cercanas a los 90 dólares. Se puede contratar por número de atracciones turísticas o con pases de todo incluido por días. Antes de pasar por caja, es recomendable hacer una planificación de las cosas a las que se piensa ir y actuar en consecuencia. Aunque, cuidado. Los pases de todo incluido no cuentan los días como 24 horas, sino como día natural desde el momento que se pasa por primera vez.

Alojamiento y transporte

Cuando empecé a planificar el viaje reservé un alojamiento en Long Island con desayuno incluido. Al comentarlo con personas que habían estado en Nueva York, todos me recomendaron invertir un poco más de dinero y sacrificar la primera comida del día para alojarme en Manhattan. No muy convencido, les hice caso y he de decir que es lo mejor que pude hacer.

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SPENCER PLATT

La mayor parte de las zonas entre la tercera y la sexta avenida, especialmente entre las calles 30 y 50, están relativamente céntricas de todo el meollo y permiten caminar a muchos sitios. Aunque el metro (para el que no hace falta comprar billetes, sino pagar con tarjeta en los tornos de acceso) conecta todos los puntos de la ciudad y abre todo el día, no es para todos los públicos por cuestiones de limpieza, mendicidad y masiva presencia de ratas. Para usarlo, además, hay que familiarizarse con conceptos como ‘uptown’ (hacia arriba de la ciudad, para subir números de calle) y ‘downtown’ (hacia abajo, para bajar números de calle). El destino final es clave, pues hay estaciones que no están conectadas subterráneamente y equivocarse al entrar implica tener que pagar dos billetes.

Las líneas tienen nombres alfanuméricos y unos colores que no está muy claro a qué responden. Al contrario de en Madrid, varias líneas pasan por el mismo andén y se avisa, tanto en las pantallas como por megafonía, del destino final del tren que va a pasar. Por último, no hay que confundir los trenes rutinarios con los ‘express’, líneas que se saltan algunas de las paradas de la ruta y recorren los trayectos a más velocidad.

Planificación tipo por días

Día 1

En mi caso, yo aterricé en el aeropuerto de Newark (Nueva Jersey) tras una escala en Lisboa. Desde ahí al alojamiento (Pod 39, en la tercera avenida con la calle 39) tardé una hora en un autobús con un billete que costó 30 dólares en efectivo (con tarjeta, con el pase comprado con antelación, costaba 26). Extasiado por las luces y las ganas de vivir la experiencia, cometí el primer error (y, posiblemente, el más grave del viaje): irme a ver el Empire State.

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Eduardo Munoz

No hay nada de malo en sí en la visita. Sin embargo, eran casi las ocho de la tarde cuando emprendí el camino hacia una de las torres más conocidas del mundo. Al pasar el billete (reservado con el todo incluido durante tres días de la City Pass) se esfumaron, sin yo saberlo todavía, los planes que tenía a tres días vista. La noche terminó con un primer contacto con la celebérrima Times Square y entrando a la Grand Central Terminal, la estación de tren más grande del mundo.

Día 2

Otra de las experiencias que no recomiendo para nada en un viaje invernal de cuatro días es la de bajarse en Liberty Island. Es el sitio donde más frío he pasado en mi vida y, pese a que las fotos merecen la pena, el viento no te va a dejar apenas disfrutar. Para ver el skyline de Manhattan desde el río Hudson, el ferry gratis es mucha mejor opción.

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Vistas desde el ferry a Liberty IslandDaniel Pérez G.

Aprovechando que estás en el la parte baja de Nueva York, hay dos visitas obligadas en la zona: la del barrio financiero con Wall Street a la cabeza y la del memorial del 11-S. Este último es una obra maestra sobre cómo recordar con cariño un acontecimiento tan terrible como aquel, aunque, todo hay que decirlo, su museo no es muy apropiado para personas aprehensivas o especialmente sensibles. No obstante, la zona de las fuentes y el mirador del One World Trade Center merecen mucho la pena.

Mi día terminó con un paseo por el High Line, un parque elevado construido sobre las antiguas vías de un tren que termina en la icónica escultura The Vessel, hecha a base de un laberinto de escaleras. Justo allí está también The Edge, un observatorio con una plataforma ideal para ver el atardecer sobre el río Hudson. En el interior del edificio, merece la pena pasar un rato en Little Spain, un mercado de productos españoles que, por mucho que puedan llamar la atención, no recomiendo probar. Siempre serán más autóctonos y baratos en cualquier bar del país original.

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Vistas del río Hudson desde el One World Trade CenterDaniel Pérez G.

Para terminar la jornada hay varias opciones. Desde hacer unas compras en Hudson Yards hasta volver al hotel dando un paseo pasando por el mítico Madison Square Garden. De hecho, si hay entradas disponibles para ver algún partido de baloncesto o de hockey sobre hielo es, sin duda, recomendable acudir. Si no, en el City Pass hay incluidas entradas para ver el pabellón por dentro. La otra posibilidad es disfrutar de Times Square y de algunos de los muchos musicales de la mítica calle Broadway.

Día 3

Una de las actividades más típicas en Nueva York es su famoso tour de contrastes, una excursión en autobús donde te llevan a algunas de las zonas más famosas de la ciudad alejándose del bullicio de Manhattan. El célebre Teatro Apollo de Harlem, el estadio de los New York Yankees o los gratiffis del Bronx, el barrio judío de Williamsburg, las instalaciones del US Open en Flushing Meadows o el barrio de DUMBO, justo debajo del puente de Brooklyn.

El tour dura unas seis horas y, aunque entra en el City Pass, no recomiendo hacerlo. Además de que hace falta un nivel de inglés alto (ojo, el acento neoyorkino es peculiar), considero que me perdí algunos sitios que me hubiera gustado ver. Además, nuestro tour nos dejó una hora para comer en una calle sin atractivo alguno de Brooklyn que bien podría haberse empleado para otras cosas.

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Pista 13 del US Open

Mientras recorría en autobús las calles de Harlem me di cuenta del error que había sido la visita del primer día al Empire State. Todos los planes que tenía para el día siguiente con la City Pass tuve que reagendarlos para este día en un afán desmesurado por amortizar el todo incluido. Así, hice una visita express al Museo de Arte Modeno (MoMA), subí al Rockefeller Center y descubrí el NY Rise, una atracción que incluye un museo insulso y un simulador de vuelo por la ciudad que es toda una experiencia sensorial. No faltó tampoco un paseo por la quinta y sexta avenida, con paradas en las lujosas tiendas cercanas a la Torre Trump y en la Catedral de San Patricio.

Día 4

Para el último día tenía guardada una de las joyas de la ciudad que nunca duerme: Central Park. Me hubiera gustado recorrer sus caminos en bicicleta, pero la nieve y el hielo dificultaban enormemente la tarea. Aun así, lo recomiendo encarecidamente para cualquier otra época del año. Además, como mi City Pass se había quedado sin efecto, busqué un free tour en español por la parte inferior del parque (la propina que esperan es de 20 dólares).

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Lago helado en Central ParkDaniel Pérez G.

La experiencia valió la pena. A lo largo del parque hay muchas referencias a películas grabadas en la ciudad, estatuas, curiosidades sobre el mecenazgo del parque y uno de los puntos clave de la historia de la música: Strawberry Fields, el memorial donde los aficionados de The Beatles homenajean a John Lennon a tan solo unos metros del Edificio Dakota, el lugar donde le asesinaron.

De allí me fui en metro a cruzar el puente de Brooklyn hacia Manhattan. El paseo, todo un acierto visual, supuso asumir el enorme error logístico que cometí con la City Pass, pues que lo lógico habría sido enlazarlo con el final del tour de contrastes del día anterior. Pasear por Chinatown, el SoHo y Little Italy debería ser un plan obligatorio para todos los visitantes de Nueva York. De camino al hotel, pasé también por Washington Square Park, donde se puede ver a los famosos ‘hustlers’ que se ganan la vida jugando al ajedrez rápido contra turistas, y por Bryant Park, otro de los jardines más importantes de Manhattan. Si da tiempo, merece la pena entrar unos minutos para recorrer la biblioteca de la ciudad, aunque sus horarios son bastante reducidos. Eso sí, esta caminata maratoniana fue consecuencia de una planificación nefasta de la que advierto para que nadie vuelva a repetir.

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Vistas del downtown de Manhattan desde el puente de BrooklynDaniel Pérez G.

Día 5

Antes de poner rumbo al aeropuerto JFK (al que recomiendo llegar con bastante antelación por sus exhaustivos controles de seguridad y su inmenso tamaño), me despedí de Nueva York con un pequeño paseo por el barrio de las Naciones Unidas -cuya sede también se puede visitar-. Por poco previsor, me quedé también sin entradas para la atracción más reciente de la ciudad: el Summit One Vanderbilt. Este mirador, cuyo precio no está incluido en las tarjetas turísticas, ofrece unas fotografías de lo más curiosas por sus suelos de vidrio y sus salas con globos y espejos.

Conclusión: ¿Merece la pena el esfuerzo?

Tras aproximadamente 120.400 pasos caminados y unos 80 kilómetros de paseo, no puedo obviar que ver Nueva York en cuatro días es todo un reto logístico, pero también físico. Mi sensación es la de haberme dejado pocas cosas por ver, pero sí mucho de lo que disfrutar. Principalmente a nivel gastronómico, pues el gasto en propinas (entre el 15% y el 25% obligatorio salvo en los servicios en barra) o los precios sin impuestos incluidos me echaban un poco para atrás. Más allá de las clásicas hamburguesas, la pizza de 1,50 dólares (no está buena, pero llena) y los tacos mexicanos, apenas probé mucha más variedad.

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Otra conclusión que extraje es que Nueva York no es para hacer turismo solo, pues resulta difícil integrarse en una ciudad que es inmensa en todos los sentidos. Ese aprendizaje, junto el de que la organización es tan importante como un buen abrigo, es la excusa para querer volver a visitarla con mucho más tiempo.

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