Filosofía

Aristóteles, filósofo griego: “Las virtudes morales se adquieren por la costumbre; no nacen en nosotros por naturaleza”

El discípulo de Platón y maestro de Alejandro Magno quiso destacar que ser bueno o justo no viene de serie, sino que se adquiere con nuestros actos.

"ancient Greek philosopher. This is his statue, located in Aristotle`s park, Stagira, Halkidiki, Greece"
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Daniel Pérez G.
Redactor Tikitakas
Nació en Madrid en 1998. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la UC3M. Entró en Diario AS como becario de Actualidad en 2020, aunque también ha pasado por las secciones de Directos y Más Deporte cubriendo algún evento de ajedrez. Desde agosto de 2022 escribe en Tikitakas.
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Aristóteles fue el maestro directo de Alejandro Magno, aunque podría decirse sin miedo al error que, en cierta manera, enseña todavía a las generaciones presentes. El filósofo griego, que basó su investigación en la observación y en la experiencia para tratar de comprender la naturaleza, dejó una frase que tiene bastante aplicación práctica en la actualidad.

En el libro II de la ‘Ética a Nicómaco’, Aristóteles escribió: “Las virtudes morales se adquieren por la costumbre, no nacen en nosotros por naturaleza, sino que las perfeccionamos mediante el hábito”. ¿Qué quería decir con esto? Que la repetición crea un hábito y que ser bueno o justo no nos viene de nacimiento, sino que se adquiere con nuestros actos.

Todos tenemos emociones, aunque en ocasiones sea difícil ponerles nombre. En el día a día convivimos con la alegría, con la tristeza, con el miedo y con la preocupación. Pero no es de estas emociones de las que él habla, sino de virtudes como la valentía, la justicia, la generosidad, la puntualidad.

Lo que Aristóteles enfatizaba es que, mientras que las primeras vienen de fábrica a todas las personas, las segundas se aprenden. Para ser generoso, hay que ponerlo en práctica tantas veces hasta que sea algo inherente a nosotros. Igual con la puntualidad, con la justicia o con la valentía. Así, los actos se convierten en hábitos automáticos y lo que al principio podía ser forzado, ahora ya no lo es.

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Un ejemplo muy sencillo de cómo esta enseñanza se aplica al siglo XXI es que Aristóteles diría que para ser una persona saludable no necesitas leer sobre nutrición o yendo al gimnasio una vez. Más bien, tendrías que ir a hacer deporte diez minutos cada día e ir subiendo hasta que, de repente y sin darte cuenta, te conviertas en una persona activa. “La excelencia no es un acto, sino un hábito”, diría. Además, su teoría la avala la neurociencia, que defiende que la repetición crea conexiones en el cerebro que hacen que los hábitos sean automáticos.

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