Un ‘Jardín de las Delicias’ en Ibiza
La visión única del artista Okuda dispara un mundo fantástico en la residencia de elrow en [UNVRS]. Una fiesta espectacular que AS pudo vivir desde dentro.


Si El Bosco pudiera haberse teletransportado al futuro seguramente le habría gustado aterrizar en la fiesta de Okuda y elrow en Ibiza. De la Brabante del siglo XVI a la isla blanca en 2025, pero un espíritu afín casi, o al menos, tan similar... Arcoiris, animales imposibles, un punto de sensualidad y otro mayor de surrealismo. Así está es el despliegue visual del artista Okuda San Miguel en la residencia de elrow en [UNVRS], antaño conocida como Privilege pero siempre templo de la fiesta ibicenca. Una “experiencia 2.0″ que AS ha podido vivir desde dentro.
La última vez que estalló el confeti y se desparramó el imaginario de Okuda en elrow, el pasado 27 de septiembre. Con Andrea Oliva, Joris Voorn, Marc Maya y Wade dando entrada musical al Neo Kaos Garden 2.0 emergido de la mente de Okuda. Con influencia patente de El Bosco, sí. “Está inspirado en El Jardín de las Delicias, para mí la gran pintura en la historia del arte, con personajes rescatados de ahí pero reinterpretados y traídos a mi lenguaje”, explica el artista. “Es la segunda parte del primer Kaos Garden, que era un mundo más palpable, en este hay pantallas gigantes que envuelven el escenario y esculturas en movimiento“.

Se incluso desde las zonas que no se ven. Entre bambalinas, una carpa alucinante donde cada sábado se ha preparado y generado la magia. Bailarines, contorsionistas, maquilladoras, luces, disfraces puestos o a medio poner, un caos antes de desatar el caos en la pista de baile. Luego, en lo que sí se puede ver, la fantasía. De la que participa el público de elrow, envuelto ahora por palomas multicolor, hombres con cabeza de dado, extrañas serpientes y arlequines voladores entre otros elementos alucinantes. Un derroche visual.
“El show se inspira en ‘El Jardín de las Delicias’ con personajes reinterpretados y traídos a mi lenguaje, pantallas gigantes que envuelven todo, esculturas en movimiento...”
Okuda
Una fiesta para los sentidos a la que el sevillano Wade, casi recién llegado de su innovadora sesión en Mestalla en la previa del Valencia-Athletic, puso la guinda. Pero hay más. Queda la traca definitiva. Una closing party este mismo sábado en la que elrow desplegará en [UNVRS] la calidad de los beats de Adam Beyer, Cloonee, el siempre vigente Paco Osuna y Tini Gessler.

Los nuevos confines de la fiesta
Porque detrás de elrow está la necesidad, imperecedera, de seguir entreteniendo. Esa es la obsesión de Juan y Cruz Arnau, las cabezas de la compañía y caras visibles de una familia, los Arnau, que marcaron dos hitos: levantar el icónico club Florida 135 y el mastodóntico Monegros Desert Festival. “Somos la sexta generación que se dedica a esto”, cuentan a AS. “Nuestro retatarabuelo comenzó en Aitona, un pueblito al lado de Fraga (Huesca), vendiendo vino con cabereteras en la plaza de los ayuntamientos”.
La piedra fundacional que sentó la filosofía de un entramado colosal con elrow por bandera a través de residencias, además de esta en Ibiza, en Madrid, Londres, Dubai, Las Vegas y Ámsterdam, así como el festival itineranteelrow Town. La compañía calcula que ha hecho bailar ya a seis millones de personas y en más de 200 ciudades de 45 países a lo largo y ancho de los cinco continentes.
“Nos obsesiona lograr que la gente se sienta especial en nuestras fiestas, porque si no se irán a otro sitio”
Juan y Cruz Arnau, promotores de elrow
Pero quieren más. Hay “melones por abrir”, como dice Juan Arnau. “En Europa ya somos muy grandes, en Sudamérica nos conocen muchísimo, Estados Unidos es un gran melón que que hemos estado abriendo pero es difícil y miramos a Asia, porque hay un gran cambio de tendencia, se están acercando muchísimo más a nuestro género musical”. Con planes concretados en Tailandia y Australia, la expansión no para. “El año que viene haremos India y China y tenemos ofertas en Singapur, Hong Kong, Corea del Sur... el mercado asiático se está despertando”.

De lo global a lo concreto, porque mantenerse arriba en Ibiza es todo un reto en sí mismo. “Estamos obsesionados con eso”, aseguran, “no paramos de pensar en cómo innovar, en hacer que la gente que se va a gastar 50 o 100 euros en una fiesta nuestra se sienta especial, porque si no se va a ir a otro sitio y lograr eso con el público joven no es fácil, da vértigo”.
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Precisamente de eso va todo, de que la música nunca deje de sonar. “Y no lo hará”, dicen Juan y Cruz, casi como una promesa. “La gente joven sigue consumiendo música electrónica y queriendo salir. Queremos que cuando crucen la puerta sonrían, disfruten, interactúen, liguen, bailen... Es lo que somos. Para eso estamos aquí, para que la gente lo pase bien”. Y lo logran.
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