Música | Entrevista a Huecco

Huecco: “El mundo del rock y las orquestas son las mejores escuelas de la calle...”

Iván Sevillano Pérez, ‘Huecco’, se sienta a charlar con AS sin filtros, tal y como ha hecho siempre como músico. Pionero infatigable en cuanto a fusión de estilos y mezclas imposibles, su trayectoria es tan deliciosamente rica como las anécdotas que nos cuenta. Centrado en su nuevo disco homenaje, ‘Crazyversario’, una bendita locura sólo comparable a su carrera, repasa su trayectoria y el momento actual de la industria.

Huecco atiende a Diario AS y ElHuffpost
Ángel Marbán
Madrid, 1985. Licenciado en periodismo por la Universidad Complutense. Sus dos grandes pasiones profesionales, el deporte y la radio; Las deportivas, el fútbol y el tenis. Tras diversas experiencias dentro y fuera de España, casi siempre relacionadas con el deporte, desembarcó en Diario AS en 2020 como jefe de redes sociales.
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Arrancamos por el principio: Sugarless fueron más de diez años. ¿Qué recuerdos y qué impacto posterior te dejó esa etapa?

Pues fue definitivo. El rock y las orquestas —aunque parezcan mundos distintos— son las mejores escuelas de la calle. Las orquestas son durísimas: cinco horas cantando. ¡Yo no sé cómo lo hacen! Y el rock puede ser muy agradecido si hay éxito… o muy ingrato: garitos con 20 personas, 40 amigos, 100 si hay suerte, y 100 euros la noche. Pero todo eso te pone los pies en la tierra.

Yo crecí con Iron Maiden, Judas Priest, Kiss, Guns N’ Roses... Luego el glam (Poison), el Grunge de Seattle, Rage Against the Machine, el Power Metal (Blind Guardian, Rhapsody...), el Nu Metal (Deftones, Korn...). Con esa mezcla en la cabeza, Sugarless salió como un rap metal a la española, muy Rage. En la escena estaban Sôber (más cerca de Tool), Hamlet (más Pantera). Nosotros éramos “los Rage españoles”.

¿Cómo saltas de una banda a jugártela sólo al otro lado del charco?

¡No se planea! Con Sugarless llevábamos diez años y entramos en crisis. Hicimos dos conciertos en Cuba y me voló la cabeza musicalmente. Allí nace 'Pa’ mi guerrera’: la escribo y me la guardo… sin proyecto aún. Paso por México (gastronomía, gente... desde entonces, fan número uno) y acabo en Los Ángeles, en una escuela donde toco rock, metal, gospel, blues... Voy ensayando, conozco bandas, compongo más y cuando vuelvo a España tengo contratos encima de la mesa de Warner y Sony. Y yo: “¡¿Qué coño ha pasado?!”. O sea, es que en Los Ángeles no tenía ni nombre artístico. Y pienso: “Hay una tribu indígena de El Paso, Texas, ‘hueco’… suena bien. Venga, ‘Huecco’”. Todo pasó muy deprisa...

‘Pa’ mi guerrera’ te hizo mainstream. ¿Te dio vértigo?

No, porque no hubo tiempo y yo ya había ganado con la experiencia. Había sido el tema del viaje, de estar en Cuba, Los Ángeles, Sao Paulo... de estar en un garito cubano sonando Pa’ mi guerrera, entrar el road manager de Molotov gritando y yo pensar: “Si tiene pistola, nos dispara”. ¡Y no! Gritaba porque le encantaba y me dio el teléfono de un productor. Y de repente en Malibú, grabando con Casey Porter, que tenía en la pared el Supernatural de Santana. Y mira, otra cosa: en Brasil tuve un accidente de coche; ese día había un tiroteo mortal en un túnel al que íbamos a entrar. Pensé: “Igual no había que ir”. Esas señales que te da la vida.

Además, en 2006 una voz rasgada sobre base latina descolocó a muchos. Se esperaba un timbre “limpio” tipo Bisbal o Luis Miguel. Ahora puede parecer normal, pero entonces no lo era y creo que el secreto del éxito fue justo ese. Tenía el riesgo de no gustar ni a los duros ni a los que les gustase el pop, pero la canción molaba. Tenía mucha autenticidad. Y funcionó.

¿Quedaban complejos Heavies?

Sí. Nos pasaba: “Que no descubran que me gusta esto…”. Me costó uno o dos años quitármelos. Entendí que ya no era heavy “puro”, aunque el rock siempre está en mi base. Y coño, que re repente me escuchaba más gente, estaba dando trabajo a gente... de repente iba en furgoneta con siete personas a trabajar, la gente bailaba en los conciertos… Era maravilloso.

“Pasar de Sugarless a Huecco no estaba planeado...”

Huecco

Hoy fusionar está más aceptado, pero tú fuiste pionero...

En 2006 me cayó alguna en mi “mundo” heavy, claro. Pero la respuesta era enorme. Nunca me sentí fuera del rock: en mi nuevo disco, la cara B es entera de rock. Siempre he sido muy de mezclar: bolero con ska, cumbia con rumba y es ‘rumbia’, reggaetón con rumba y sale el ‘rumbatón’... En Los Ángeles decían: “Cuando parecía todo inventado, llega Huecco con un estilo nuevo”. ¡Para ellos era Daddy Yankee + Rosario!

Y aparece Rhapsody of Fire en tu vida...

Ya cuando hacíamos pruebas de sonido con Sugarless me ponía a cantar cosas de ellos o metal sin complejos. En el rock siempre hubo microguetos y clasismos absurdos: si haces quintas de rock urbano, “no eres metal”; si escuchas Mägo de Oz o Reincidentes, “no vales”. ¿Perdón? ¡Si meten diez veces más gente! A veces había que bajar humos. Yo voy contra esos prejuicios: me encanta Deftones, Korn, … y también Rhapsody.

En 2008 grabas ‘Se acabaron las lágrimas’ junto a Hanna, con apoyo del Ministerio de Igualdad y un videoclip coral: Cuchi Romero, Leo Jiménez, gente del teatro, periodistas…

En esa época era relativamente innovador también. Mojarse no estaba tan bien visto. Entonces, salir con el valor de decir: “aquí todo el mundo a cantar por esta causa” también fue novedoso en el aspecto de que tuve la suerte de que gente del rock, de partidos políticos diferentes... al final se avisó a todo el mundo. Salieron por una causa que no conoce al final ni clases sociales, ni partidos políticos, ni nada. Y ante la que debemos estar todos unidos sin politizar nada. Eso lo tengo claro desde 2008. Intentar aunar por una causa a distintos perfiles. También pasó con la bebida más tarde. Y es verdad que quedó un dueto con Hanna espectacular. A mí me encanta esa canción, sigue siendo uno de los clásicos en mis conciertos y es verdad que quedó un videoclip que aglutinaba desde Cuchi Romero o Leo Jiménez hasta gente del teatro, de medios de comunicación...

Y en 2011 lanzas ‘Dame vida’ y creas la fundación. El deporte siempre estuvo en tu vida: presentaste el proyecto con Villa, Sergio Ramos, Pepe Reina, Del Bosque… o compusiste el himno de ‘El Partidazo’ de COPE entre otras cosas.

Yo iba al instituto con chupa con flecos, pañuelo, botas de cowboy... pero era campeón de España de patinaje artístico. Mi mensaje siempre fue anti tópicos: puedes ser heavy y no fumar, no beber o no drogarte. Yo siempre digo que, para educar a un hijo lo mejor es deporte, música e idiomas. Practico tenis, atletismo, NFL, rugby, fútbol, baloncesto, snow y esquí. Tengo un hijo de 4 años: el mejor ejemplo es verte haciendo deporte. Él monta en bici y en una chopper eléctrica para niños pequeños que le compré desde los 2 años.

Por cierto, que también tuve problemas entonces (cuando hacía deporte de pequeño) porque me acuerdo que una vez bailé con ‘The Trooper’ de los Maiden con un traje de lentejuelas haciendo crossover. Y en el club me decían “no puedes salir a bailar con esta música”. Y yo decía, “¿pero por qué? ¿Cuál es el problema? ¡Esto no es el lago de los cisnes y si estás en patinaje es en patinaje, coño! Pero, ¿dónde pone que yo no puedo salir con mi traje de lentejuelas y bailar ‘The Trooper?’“. Bueno, total, bailé ‘The Trooper’, se montó un pollo, me echaron del club... pero bueno, siempre me ha gustado tocar los huevecillos un poco como ves.

“Yo siempre digo que, para educar a un hijo lo mejor es deporte, música e idiomas..."

Huecco

Y de fútbol: estuviste en la cantera del Madrid y colaboraste con la Fundación del Atleti, pero... ¿puedo decirlo?

¡Soy del Barça! Pero en Europa voy con el Madrid. La rivalidad hay que desinflarla: si te ganan con un gol por la escuadra en el 90’, das la mano y aplaudes. Recuerdo la volea de Zidane en la final de Champions y yo la celebré. Alguno me miró mal por celebrarla. ¡¿Cómo no vas a disfrutar ese golazo?! Soy del jogo bonito.

¿Sigues patinando?

Sí, me los pongo. Los de hielo menos, pero los Rollerblade en línea sí que sí. De hecho, ahora estoy con mi hijo ahí, que aprenda un poco en línea, pero sí. Tengo mucha amistad con Javier Fernández, él consiguió lo que yo no pude, que era poner realmente el foco en el patinaje y yo me alegré un montón. En España no había cantera de patinaje artístico, para nosotros ir a un campeonato de Europa y quedar los 38 era la hostia. Y claro, Javier, 5 veces campeón de Europa, campeón del mundo, fue como “vale, que aquí también sabemos hacer las cosas bien...”.

¿Crees que el haber sido deportista te ha dado esos valores que luego has aplicado a la música?

Sin duda. De sacrificio, de trabajo en equipo... Hay deportes más individualistas, pero al final dependen de un equipo, dependen de un entrenador, de un masajista, de un psicólogo. Me estoy acordando del tenis, por ejemplo, pero sí, sin duda, sobre todo el sacrificio. Te da otra otra manera de estructurar la cabeza, igual que la música. Por eso insistía tanto y si puedes mezclar... Unas clasecitas de piano que te hacen ver la vida, te colocan las ideas de otra manera, con deporte, disciplina, compañerismo, saber perder, saber ganar... Muy importante también los idiomas, que también te estructuran la cabeza de otra manera.

“Soy del Barça, pero en Europa voy con el Madrid...”

Huecco

Has vivido el cambio: Tus canciones se difundían como tonos de móvil en 2006 y ahora estamos en el streaming, las redes sociales y las listas de Spotify.

Hay una ironía: con más medios parece que los nuevos lo tienen más difícil. Antes pegábamos carteles en Malasaña para que la gente supiera que tocabas; hoy puedes avisar de un concierto con un clic… pero es durísimo hacerte un hueco. La oferta es inmensa: grabar en casa es asequible, subir a plataformas también. Sacas un tema hoy y mañana caduca.

¿Somos más de artistas que de bandas?

Hay menos bandas nuevas tipo Vetusta Morla o Arde Bogotá y más solistas. Pero también más talento y fusiones.

¿Nombres que te llamen ahora?

Voy descubriendo en Spotify e Instagram. Me flipa Ecca Vandal. Hay mucho talento, pero es verdad que es más difícil destacar y sobre todo, si no arriesgas hoy en día, ¿qué vas a salir, con más de lo mismo, con toda la oferta que hay? Tienes que intentar tener algo personal. Los talent shows han vendido que con cantar muy bien basta. Lo clave es la personalidad, y esa no se compra.

Ángel. ¿Qué te chirría de la industria?

El desfase entre el trabajazo de un disco (dos, tres, cuatro años...) y que se consuma en 45 minutos. A la semana te preguntan: “¿Y lo siguiente?”. Todo es rápido con TikTok, es efímero. Cuesta asimilarlo.

Ahora mismo estás celebrando 20 años en tu carrera, con un proyecto muy especial, con un disco aniversario lleno de colaboraciones, 14, ¿verdad? Si no me equivoco, entre amiguetes del pop, amiguetes del rock... ¿Qué nos puedes adelantar sobre este nuevo proyecto o esta celebración?

Pues se va a llamar ‘Crazyversario’, porque probablemente sea el único disco de toda mi vida donde no ha importado ser incoherente a nivel sonido. En otro disco siempre te dirían de unificar la producción. En este no: productores distintos, artistas diferentes, la cara A con un homenaje al pop (Rozalén, Efecto Pasillo, Funambulista, Miriam Rodríguez, Ana Guerra...) y la cara B de Rock (Rulo, Cuchi, Carlos Escobedo, Sôber, Rhapsody of Fire, grupos de rock de México como La Gusana Ciega)... Es muy loco. Sale ahora en noviembre. Le das la vuelta al vinilo y hostia, ojito, hay gente que dice que igual la cara B es muy rockera. ¿O rockeros que la cara A les cuesta más porque es muy pop, no? A lo mejor, pero es que eso es ‘Huecco’.

¿Y el siguiente será más homogéneo?

Igual sí… o no. (Ríe.)

¿Dónde te ves en 2030?

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Soy inconformista. Si tocas para 20, quieres 40; luego 2.000 y 4.000; luego 40.000. Y cuando España se queda corta, sueñas con girar por Estados Unidos (ya hice parte hace dos años), Asia, Indonesia, Shanghái, Seúl, Tokio, Australia… Rhapsody me da envidia sana: ¡fans con espadas esmeralda en Indonesia! Yo quiero lo mismo: aunque sea en salas de 200 personas por todo el mundo. En 2030 tocará 25º aniversario. Si empiezo hoy, llego a tiempo.

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