“El ‘shoegaze’ fue música del futuro, ahora se entiende mejor”
Dharmacide es el bebé musical de René Sharrocks (Alcalá Norte, Depresión Sonora) y lo hace gatear entre introspección noventera, Lynch y una ermita de Las Rozas. Una maravilla.


Que el shoegaze vuelva a ser grande. Mezcla de anhelo, de broma para entendidos y casi de motto. Hay que tener fe para hacer bandera de un género que en su etapa de esplendor (si así pudiéramos llamarlo) no pasaba de minoritario y encima, prácticamente restringido al mundo anglosajón. Pues a René Sharrocks le sobra fe, y ganas. Como un Bruce Wayne de la música alternativa madrileña, de día agarra la guitarra y el bajo para Alcalá Norte y Depresión Sonora, pero cuando cae la noche se dedica a su bebé, Dharmacide. Un proyecto que lidera y mima y que sigue progresando y ganando adeptos. El último es un álbum, Tougher than the Rest (Munster Records), de título inspirado en otro Bruce, en concreto Springsteen, que sigue ayudando a esa misión. Y que está además en el Top 20 de los mejores álbumes de 2025 para AS.
De todo ello y de mucho más charlamos con René y Conrado, el otro guitarrista de la formación, desde su local de ensayo en San Blas, muy cerquita de este periódico...
-Esa portada, un niño cual luchador mexicano y ser más duro que el resto...
-(René) Esa imagen soy de pequeño (ríe). Siempre ha estado danzando un poco por la casa, en diferentes álbumes de fotos. Siempre la he visto a lo largo de los años como una imagen bastante potente y tras sacar el primer disco pensé que tenía que utilizarla de alguna manera. Y se fue encontrando, por el camino, con el proceso de este último álbum... no fue nada premeditado.
-¿Tampoco que el título sea el mismo de una canción de Bruce Springsteen? Porque, de primeras, en el Boss mucho shoegaze no hay...
-(René) Recuerdo que íbamos a a tocar al BBK y estábamos escuchando The War On Drugs, y Conrado me enseñó esa canción. Yo no la conocía y dije ‘¡joder, me flipa!’. Porque tiene por ahí unos sintes y un ritmo más tranquilo de lo que suele hacer Bruce. Se me quedó en la cabeza, ahí metida, las semanas siguientes... Y llegamos a este disco, que ha sido un poco difícil de publicar. Se ha demorado mucho, ha habido entradas y salidas de gente en la banda... Entonces, me volvió esa canción y ese mensaje de Tougher than the rest y pensé que le iba al pelo a este disco llamarse así.
“Para poder grabar el primer disco en Los Ángeles tuve que trabajar un año vendiendo móviles en El Corte Inglés, lo odiaba”
René Sharrocks (Dharmacide), en AS
-Me encanta la reivindicación que llevais casi como emblema, ese Make Shoegaze Great Again, pero voy hacer por un momento de abogado del diablo. ¿Alguna vez el shoegaze fue grande?
-(René) Es curioso. Realmente es una corriente que vino durante muy pocos años, pero cuando más se le ha prestado atención es ahora. Bandas como My Bloody Valentine, Ride, Slowdive... ellas mismas lo dicen, que ahora es cuando más dinero están ganando. Cuando más están tocando y en sitios más grandes. Creo que el shoegaze lo han entendido mejor las generaciones de ahora.
-¿Va más allá de ese redescubrimiento de los noventas con el retorno, aunque a otras escalas, de bandas como Oasis y Blur?
-(René). Sí. La sensibilidad que tenían aquellas canciones y su atmósfera casan muy bien con los sentimientos de las nuevas generaciones. Creo que aquel primer shoegaze era música para el futuro. No para ser entendida, quizá, del todo en su época. Se ha entendido con el paso del tiempo... Un poco como pasó con la obra de Van Gogh, por ejemplo.

-Desde fuera existe esa visión glamourosa del músico, pero para levantar Dharmacide tuviste que sudar lo tuyo.
-(René) Llevo en la música muchísimos años y me ha tocado subir todos los escalones. Viajé a Los Ángeles a grabar el primer disco porque encontré allí a un productor que había grabado bandas que me gustaban y dije “Es que este es el sonido que queremos, así que si lo queremos, ¿por qué no vamos a ir a por él?”. Pero para ir a por él estuve trabajando un año vendiendo móviles en El Corte Inglés, lo odiaba porque te trataba todo el mundo fatal. Pero recuerdo que pensaba que lo hacía por el disco. Y por el disco lo hice.
-El refranero suele ser sabio: quien algo quiere algo le cuesta.
-(René) Sí, claro, y recuerdo que me pasó una anécdota curiosa. Una vez estaba en ese trabajo diciéndome “Es que esto no es para mí”, estaba hasta los huevos, y fui al baño. Cuando volví me di casi de cara con una persona cargada con un carro lleno de pizzas que incluso le pedí perdón, y resulta que era Leiva... No supe si decirle algo o no. Al final no le dije nada pero pensé que algún día le iba a ver de nuevo, pero no ahí, en El Corte Inglés, sino en un camerino. Lo interpreté como una señal. Es de película pero tuve claro que iba a seguir, que tenía que llevar adelante mi sueño.
-¿Y esto se lo has podido contar al propio Leiva?
-No, aún no (ríe). Hace poco estuvo con Alcalá Norte pero yo no pude acudir. Sé que algún día algún día coincidiremos y entre risas le contaré esta anécdota y luego le preguntaré que dónde coño iba con tantas pizzas, eso quiero saberlo... (risas).
-Volvamos a la música, a la que hacéis en directo. Porque yo también necesito saber una cosa. ¿De quién fue la idea de tocar ¡¡diez veces seguidas!! la canción The Cigs The Light The Coffee and Crying en el miniconcierto que disteis en la Würlitzer de Madrid?
-(René) Pues realmente se me ocurrió porque cuando haces promo de un disco hay que meter mucha pasta para que te lo muevan. Nosotros no podemos invertir en eso, pero sí tener ideas, darle a la cabeza. Y tenemos aquí de hecho ese setlist (lo enseña). Pensamos “¿Por qué no tocamos diez veces la misma canción?“. Se lo propusimos a la Wurli, nos dejaron un hueco para hacerlo... Entró todo el mundo y se quedó a escuchar la canción todas esas veces, fue muy divertido.
-¿Y no pidieron un bis... en el que tocáseis la canción alguna vez más?
-(René) No, pero en el bis tocamos el single que venía después, creo que la gente lo agradeció (risas).
-Esa canción es muy cinéfila, en general como el sonido Dharmacide. ¿Si pudiérais hacer la música de un film, a lo Jonny Greenwoord, de qué director sería?
-(René) Por desgracia me parece que ya están fallecidos...
-¿Pero si pudiéramos traerlos con una ouija?
-(René) De David Lynch.
-(Conrado) Me lo has quitado de la boca.
-(René) Ha inspirado mucho nuestro proyecto en cuanto al sonido, la estética... Hay uno vivo que creo que sería perfecto, Jim Jarmusch. Canciones de este disco cuadrarían muy bien en una película suya.
-Lo que pasa es que sabéis que os pediría que tocara su colega Johnny Depp...
-(René) Bueno, perfecto, que entre y que se dé ahí unos acordes (risas).
“Hay algo de misticismo en este proyecto. En el respeto hacia la música sobre todo y en no traicionarse"
Conrado (Dharmacide), en AS
-Ahora que se mencionaba lo de la estética. El video de The Cigs The Light The Coffee and Crying está rodado ante una iglesia que parece sacada de Wisconsin, pero tengo entendido que es de Las Rozas. Increíble. ¿Hay un componente religioso o espiritual en vuestra música o es pura estética?
-(René) Es más estético que otra cosa. Hace poco, de hecho, vi que hay una corriente que es la que me gusta a mí en la estética, cowboy goth, o midwestern goth, o algo así, que me gusta, es alucinante. Y luego resulta que encuentro esa iglesia en mi propia ciudad, que es una ermita además... La encontré hace seis o siete años y siempre creí que teníamos que grabar algo ahí.
-(Conrado) Lo curioso es que yo soy de ahí, de Las Rozas, y aunque he pasado alguna vez por delante, no la tenía ubicada del todo. Yo sí que creo que hay algo de misticismo o espiritualidad siempre presente en el proyecto de Dharmacide. En el respeto hacia la música sobre todo y en no traicionarse.
-(René) Nunca priorizamos la parte económica, buscamos que todo suene perfecto, como a nosotros nos gusta. Aplicar nuestra visión y no sucumbir a las modas a nuestro alrededor.

La pelota y la morriña
-Cambiemos de tercio, que para algo estamos en AS. El fútbol en Dharmacide...
-(René) Conrado es quizá más futbolero que yo...
-(Conrado) Es curioso porque René es del Barça, yo soy del Madrid, Hoppi, el batería, es del Atleti, creo que también hay alguno del Zaragoza... menuda mezcla (risas).
-(René) Igo y Magro, que son dos nuevos miembros, resulta que también son los dos del Madrid, así que les dije “a ver qué va a pasar aquí, ¿eh?” Pero siempre, siempre lo llevamos bien.
-Intuyo que no os pasa como a Diego Ibáñez, de Carolina Durante, que una vez me contó que lo pasó fatal porque le coincidió una final de la Champions del Madrid con un concierto...
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-(René) No, es verdad que Diego, alguna vez que hemos coincidido y le he dicho que soy del Barça, ha torcido un poco el morro (risas). Lo que sí me gusta del fútbol son otras cosas. Cuando estuve con Depresión Sonora de gira por Estados Unidos con el cambio horario pudimos ver algún partido del Barça o de algún equipo español por la tele y notas como esa conexión, de que echas un poco de menos tu país. Nunca pensé que iba a sentir yo eso en un bar estadounidense de madrugada viendo al Villarreal, es una morriña extraña, tengo que admitirlo...
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