El Nido: “Algunos grandes momentos vienen de las pequeñas cosas”
El grupo burgalés presenta La Constancia, un disco dedicado al amor por Castilla, la importancia de la unión y la tradición como sello creativo.
La pasión por las tierras de Castilla y León, el amor a la tradición y el sueño de un pequeño grupo de amigos burgaleses son los tres ingredientes detrás de La Constancia (2025), el último disco de El Nido.
Aterrizados en el año 2020 con Huella y Camino, un proyecto autoproducido y sincero, y tras la presentación de Refugios a Cielo Abierto (2022), el quinteto castellano ha coordinado sus inconfundibles tonos y letras para crear un LP con 10 canciones que logran reinventar el estilo folclórico para construir un optimista viaje sobre el amor, la unión y el hogar.
Dirigida por el vocalista Nacho Prado, la música de El Nido combina la percusión de Eneko Lekunberri, el violín y la flauta de Álvaro Herreros, la guitarra de Rodrigo Cachorro y el bajo de Peio Lekumberri logrando crear los ritmos que bien les ha valido su pequeño hueco en una industria castigada por la falta de creatividad.
Tras colaborar con grandes figuras del panorama nacional como el grupo guipuzcoano Neomak (Lo que siento) y la compositora y cantante Rozalen (De corazón), el joven grupo comparte con este diario sus experiencias dentro de la música, su cariño por el arte y, sobre todo, el valor de los pequeños momentos.
- En el año 2020 lanzasteis Huella y Camino, y en poco más de dos años regresais con vuestro segundo proyecto, Refugios A Cielo Abierto. ¿Cómo es entrar en una industria tan competitiva desde una perspectiva artística tan única?
Eneko.- Creemos que (la música folk) siempre te da una facilidad mucho más grande a la hora de hacer las cosas como a ti te apetece. Como tú crees que te va a ir mejor, como tú piensas que lo vas a hacer de una manera más sana. Con Huella y Camino nunca tuvimos la pretensión de entrar a vender discos. Lo grabamos por tener algo con lo que empezar a girar. Pero sí que es verdad que con Refugios A Cielo Abierto, el primer trabajo discográfico profesional, entras y te topas con la industria. Estamos bastante contentos con cómo salió, de cómo lo vendimos al final, a nuestra manera. Contactando nosotros con las tiendas, vendiéndolo nosotros. Lo estamos haciendo todo nosotros, que es como creemos que mejor lo vamos haciendo.
- Y hace poco más de dos meses publicasteis vuestro último disco, La Constancia, vuestro proyecto más ambicioso y completo hasta la fecha. ¿Cómo ha sido vuestra evolución como artistas?
Nacho.- Hemos aprendido mucho. Hemos descubierto que la carretera, el tocar, encontrarte con el público constantemente y sembrar es lo que va haciendo crecer a la banda y la hace mantenerse en forma. Es un entrenamiento cada fin de semana. Estás girando, estás tocando y te mantienes vivo, y poco a poco vas haciendo profesión y de hacer profesión, vas encontrándote con las personas que comparten contigo ese camino.
Y es muy emocionante. Cabe recordar que el productor de aquel disco, Diego Galá, es una persona, un músico y un artista de gran calidad. Mucha gente te está dando su apoyo. David de la Moda, Ari, de Tecanela, u Oren, que cantaron en aquel disco, son padrinos que te están dando ese primer peldañito.
También es maravilloso poder encontrarse con personas como Rodrigo Cuevas o Rozalén. Son tan grandes y, aun así, te dan un hueco de su arte, de su espacio temporal, de todo. Son artistas con una agenda increíble, que están llenando Wizinks, pero a su vez son tan generosas, tan humanas, tan buenas artistas, que no dudan en invitarte a su casa, en compartir ratos.
- Una evolución de vértigo que seguro ha estado marcada por momentos inolvidables.
Eneko.- Ha habido muchos. Cuando fuimos los teloneros de la moda en el Wizink en 2022, por ejemplo, fue un lanzamiento de gira increíble. Fue un momento muy impresionante. Luego, poco a poco, hemos caído en el Gómaz, estuvimos en Cáceres y en Gran Canaria… Pero luego hay destellos que igual no son de lo más grande, sino de cosas más pequeñas, que te llenan muchísimo. Recordamos con mucho cariño un bolo que hicimos hace un año en un albergue en Bavia, León. Éramos poca gente, pero fue super bonito, super acogedor. Esa mezcla entre poder dar conciertos más grandes, más vistosos, y a la vez poder irte a un pueblo chiquito y tocar en la plaza con la gente, que se te suben los nenes y las abuelas al lado a cantar y a bailar tus canciones… Te deja bastante huella.
- A diferencia de muchos artistas emergentes, vosotros habéis escogido un estilo único y experimental. ¿Por qué?
Nacho.- Seguramente por una cuestión natural. Componemos canciones en torno a ellas y lo habíamos aprendido desde chiquito. No es una cosa que hubiera sido ajena a nosotros, y de repente hubiéramos dicho: ¡Ah, mira, el folclore, qué guay! Yo con cuatro años ya empecé cantando en un coro de una parranda canaria, mis padres cantaban jotas, el padre de Álvaro bailaba jotas…
Todos hemos estado cercanos a esos lenguajes y al final es algo que permea, llevas dentro. Cuando te planteas hacer el proyecto, te das cuenta de que hemos estado bebiendo mucho de las músicas anglosajonas. Pero al final la música de la península, vamos a decir, en un amplio espectro, es algo mucho más cercano. Es el lenguaje principal del grupo.
- ¿Y es una ventaja o una desventaja?
Eneko.- Yo diría que una ventaja. Es lo que nos gusta, porque es cómo estamos haciendo camino. Y, como he dicho antes, tampoco es parte de una decisión súper consciente. Considero que simplemente hemos llegado aquí haciendo música que nos gustaba y teniendo referentes comunes. Y está siendo un acierto. Hay bastante público para la música que parte de una raíz y luego la reinterpreta y la ha llevado a un lenguaje mucho más contemporáneo.
Lo puedes comprobar viendo nuestro calendario. Al final hay mucha gente que nos está llamando, hay mucho público que está allá cada vez que vamos a hacer carretera ... La verdad es que no nos hemos planteado cambiar. Es una música que, vayas donde vayas, le toca muy de cerca a todo el mundo.
- Así lo ha demostrado el público.
Nacho.- Sí. Es lo bonito del folclore. Esté hecha donde esté hecha, parte desde lo que está dentro de cada uno. Es un componente muy, muy humano, y eso es algo que, quieras o no, cuando se transmite, llega. Siempre nos ha llegado de manera muy fuerte y, ahora que somos nosotros quien la hace, nos damos cuenta de que a la gente también le llega. Todo el mundo entiende que estás, de alguna manera, resignificando esa música y reinventado.
A las personas mayores, por ejemplo, les encanta, porque utilizas sonidos muy folclóricos, pero a la gente joven también, porque le estás hablando de cosas que están posicionadas en el ahora. Es una simbiosis, una mezcla que un público muy amplio entiende rápidamente. Y al final, bajarse al público y tocar con unas panderetas como se hacía en una plaza, después de haber tocado un tema mucho más eléctrico, como que le llega muy fuerte a mucha peña. Es la clave.
- ¿Lo esperábais?
Rodrigo.- Igual decir que lo esperábamos es un poco pedante, porque nos sorprende cada vez que vamos. Sorprende vayas donde vayas. Cuando vas a una sala, se llena, y ves a la gente cantando tus canciones, es algo súper mágico.
Es verdad que Madrid y Barcelona tienen un ámbito musical muchísimo más grande, de manera natural, porque hay muchísima más gente. Pero también, al haber mucha más gente, también hay más público para todos estos proyectos. Y siempre es un placer ir a Barcelona, es una ciudad donde nosotros hemos vivido un montón de tiempo, y volver y tocar allí las canciones a nuestra manera es precioso.
En cuanto a Madrid, siendo la capital, siempre tiene ese componente de, como decía Nacho, poquito de nervio. Pero también es algo fantástico venir a la capital, desde Burgos, haciendo ver que la música que se hace en otros sitios, aunque no venga de los grandes centros de población, tiene mucho que dar.
- Una base fundamental del folclore es su capacidad para reinventarse constantemente sin perder su esencia ¿Cómo equilibrar la esencia del costumbrismo con la innovación de lo moderno?
Rodrigo.- Es algo a lo que abrazarnos siempre, algo de lo que tener siempre un punto de partida y un simbolismo en torno al cual girar con todas nuestras composiciones y creaciones. Es precioso volver a eso que tienes tan cerquita, y que a veces parece que no, que ni siquiera está. Vuelves a ello con otro tipo de cariño. Nos encanta volver a entrar en todas las costumbres, todos los bailes, los ritmos, las tradiciones y el cantar. Lo bonico es ver que hay tantísima gente que todavía lo cuida muchísimo, sobre todo en una ciudad como Burgo, donde hay muchísimos grupos de danzas, muchísima gente joven todavía cuidándolo y disfrutándolo muchísimo.
- Con el fin último de cuidar la tradición de vuestra tierra.
Eneko.- Sí. Bueno, cuidar, pero sin preservar como era. Al final hay una resignificación de toda esta parte tradicional que se está dando de manera natural. Y hay muchísimos proyectos ahora que están cogiendo partes del folclore de sus lugares y están haciendo cosas nuevas. Eso es lo importante: Mantener el movimiento y meterle discursos actuales. Al final es lo que nos interesa y lo que vivimos día a día. Son problemáticas de las que nosotros estamos dentro, y queremos hablar sobre ello.
- Al hablar de música folk, algunas personas pueden imaginarse un estilo propio y muy presente en Castilla. ¿Creéis que se puede exportar a otras regiones de España? ¿Y a otros países?
Nacho.- Sí, desde luego. Actualmente hay, prácticamente, una banda en cada comunidad que se basa en las músicas de tradición oral de su tierra para crear. Es verdad que hay comunidades que tienen una identidad mucho más marcada, pero otras tienen bandas que se basan también en su tradición para componer. Y evidentemente, más allá de la península, hay otros países que lo llevan por bandera.
Al final, cuando escuchas música norteamericana, no deja de estar basada en una música de tradición. Igual no en las cosas más pop, pero hay otras que sí. O las músicas latinoamericanas, que, en muchos casos, están cementadas sobre músicas de tradición oral. Es cierto que en la península ibérica quizás se ha vivido mucho más de la esencia flamenca, dejando algunas identidades un poco más al margen. Pero actualmente hay una escena super sana, Desde Murcia hasta Galicia, de esquina a esquina, hay proyectos super punteros, y con propuestas muy variadas, muy diferentes y muy ricas.
- Regresando al flamenco, ¿Cuál es la clave de su éxito nacional e internacional?
Rodrigo.- En primer lugar porque lo vale. Es exótico y maravilloso, y es el folklore de un pueblo, de una etnia. El flamenco es una maravilla. Te quedas embelesado cuando de repente vas y escuchas a alguien cantar y tocar la guitarra en mitad de la calle. Es súper sencillo y lo llena todo. Y, por otro lado, la gran presencia de estadounidenses en Andalucía ha sido clave para que se exportase a lo bestia. Cualquier cosa que les guste a los yankees les va a acabar gustando a todo el mundo.
- Un globalismo que, incluso, puede haber afectado a vuestra música ¿Qué elementos externos habéis integrado a la hora de crear?
Nacho.- La verdad es que nosotros nos hemos centrado mucho más en intentar retratar o partir de la música de Castilla, de la Meseta, de ese radio del noroeste peninsular. Pero también es verdad que somos chavales de 30 años. Hemos escuchado de todo de adolescentes. Música punk, rock, de producción estadounidense... Al final esas cosas también las tienes en tu lenguaje.
Y tocamos instrumentos que también parten de otras tradiciones. La mandolina, por ejemplo, no es un instrumento español, sino que es un instrumento que ha dado mil vueltas. Evidentemente, utilizamos cosas que no son solo de Castilla para hacer las canciones, pero intentamos que en los discos un porcentaje más amplio sea de inspiración castellana.
Esto se nota mucho, por ejemplo, en las percusiones. Intentamos mantener la esencia tradicional, usando instrumentos como sartenes, panderos, panderetas, quijadas, llantas, cucharas… Así es cómo se tocaba antaño, y lo considero el núcleo duro de los discos.
- ¿Y ha provocado esa internacionalización de la industria una pérdida de esencia en cantantes y canciones?
Eneko.- Yo no soy de esa opinión. Creo que hay muchísimas propuestas. Es fácil deslumbrarse por grandes artistas o grandes influencias de la música, y parece que a veces los sonidos son parecidos. Pero si rascas, hay una variedad musical absoluta. Es una locura.
El otro día, por ejemplo, hice el ejercicio de poner tu lista de Spotify de favoritos en aleatoria y pensé: ¿Cuánta música he escuchado a lo largo de mi vida que me ha gustado y lo diferente que es entre sí? Hay que poner siempre en valor que hay muchísima variedad más allá de los grandes nombres. Y yo creo que el qué busca, encuentra.
- En muy poquitos años habéis recorrido un camino profesional y personal increíble. Pero aún tenéis mucho que ofrecer. ¿Cuáles son los próximos proyectos de El Nido? ¿Qué tenéis pensado hacer?
Nacho.- Sinceramente, tocar el disco. Acaba de salir, y tenemos la suerte de que el Nido actualmente tiene muchas fechas. El año no está cerrado, hay 70 bolos confirmados, y puede ser que haya unos cuantos más. Actualmente, queremos centrarnos en el disco. Ya comprobamos con el anterior que es la manera más natural y ecológica de mantenerlo vivo, y de poder estar tocándolo, y de hacer que al final el público también le coja cariño a las canciones y las lleve consigo.
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Para la primavera también vamos a lanzar unos remixes, pero, de momento, el planning es tocar. Dejarnos llevar y dejar que la música salga, y evidentemente seguir creando, que al final es lo que más nos mola. Haremos temas y empezaremos con proyectos guapos y con cosas diferentes, como sacar los remixes que te comentaba, que es una cosa que ya habíamos hecho y va a ser un poco más plubero y más loco. Va a estar guay.
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