El día que Robert Plant pagó para que no sonase una de las mayores obras de Led Zeppelin en la radio: “Llamé y prometí mi dinero”
Décadas después de escribir uno de los himnos más grandes del rock, Plant estaba harto de su propia canción. Lo sucedido en Oregón es el ejemplo perfecto para entender cómo un músico decide seguir adelante sin mirar atrás.


A veces el rock nos regala historias tan surrealistas que parecen inventadas. Esta es una de ellas. Robert Plant, la voz de Led Zeppelin, pagó 10 000 dólares para que una emisora de radio prometiera no volver a poner jamás “Stairway to Heaven”. Y lo hizo sin pestañear. No fue un arrebato de furia ni una rabieta contra el pasado, sino algo mucho más humano: hartazgo puro y duro.
Todo ocurrió en la costa de Oregón, a principios de los 2000. Plant conducía, disfrutando del paisaje y de una emisora local llamada KBOO, una radio comunitaria con alma independiente. En la entrevista que concedió después a NPR lo contaba con esa mezcla de ironía y nostalgia que solo tienen los veteranos del rock: “Era una mezcla de tristes retales de doo wop y un DJ con acento setentero. Me encantó”. Hasta que llegó el momento surrealista: el locutor anunció que, si los oyentes donaban unos dólares, la emisora se comprometía a no volver a poner “Stairway to Heaven”.
Plant frenó, cogió el teléfono y llamó: “¿Cuánto cuesta que no la pongáis nunca más?”. La respuesta fue tan sencilla como la idea: cualquier donación servía. Él soltó 10 000 dólares. Así, sin pestañear. “Estaba harto de escucharla”, confesó después. No era odio, ni desprecio por la canción. Estaba absolutamente saturado. Cuando llevas treinta años oyendo la misma melodía en cada esquina, hasta el mayor clásico se convierte en una tortura.
Lo más curioso es que la emisora recibía discos del sello Atlantic, la casa de Led Zeppelin. Y aun así, gracias a Plant, se convirtió en territorio libre de “Stairway”. Cuando se lo contó a Ahmet Ertegun, el mítico presidente de Atlantic, ambos se rieron a carcajadas. Porque, seamos sinceros, ¿qué otro artista paga para silenciar su propio himno?

Plant nunca ha ocultado su relación ambivalente con la canción. La considera una obra maestra musical: “La construcción del tema, musicalmente, es muy buena… es una pieza fina que podría existir sin vocal”. Pero con los años se ha distanciado de sus letras: “Ya no puedo relacionarme con esas palabras”, dijo en 2019. “Ya no escribiría esas líneas abstractas”. Para él, “Stairway” es como ese viejo amigo al que quieres, pero con el que ya no te apetece compartir mesa. En 1988 lo explicó con crudeza: “Me saldría urticaria si tuviera que cantarla en cada show. La escribí en 1971 y tuvo su importancia, pero 17 años después… ya no es para mí”.
En realidad, esta historia encaja perfectamente con el momento vital que atravesaba Plant. A principios de los 2000 estaba inmerso en la gira Dreamland, presentando un disco que era casi una declaración de principios: raíces, blues, sonidos del mundo y cero nostalgia. Plant se había reinventado con Strange Sensation, una banda camaleónica que le permitía explorar sin la sombra de Zeppelin. Por eso la escena del coche en Oregón tiene tanto sentido: Plant estaba inmerso en un viaje introspectivo, lejos del ruido mediático de los 70, y de pronto se topó con una emisora que le tocó la fibra sensible. Su reacción fue convertir esa conexión en anécdota, humor y portazo a “Stairway”.
Durante décadas se negó a cantarla en directo, salvo excepciones contadas. En 2007, Led Zeppelin se reunió en el Ahmet Ertegun Tribute Concert en el O2 de Londres. Fue un reencuentro histórico y él cantó la canción otra vez. Más tarde, en 2023, volvió a interpretarla un solo día en Oxfordshire, por una causa benéfica. Según Kenwyn House, guitarrista del evento, se pidió vía subasta cara a cara: “Alguien ofreció una suma enorme para que la cantara”, explicó. “Se generaron seis cifras para la causa”. Curioso: cuando lo pidió el dinero para un fin benéfico, Plant dijo “sí”. Cuando lo pedían los fans o su ego, la respuesta era “mejor no”.
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Lo dijo sin rodeos: “Me gustaba la ideología de la canción, pero odiaba la idea de convertirla en un himno estático en cada concierto”. Y ahí está la imagen que lo resume todo: Plant al volante, escuchando doo wop en una radio perdida y pagando 10 000 dólares para no volver a oír su propio clásico. No hay drama, solo la decisión de alguien que prefiere seguir adelante antes que vivir atrapado en su pasado. Eso, en esencia, es puro rock.
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