Bernal o como llevar a la música un cuadro de Hopper en movimiento
El grupo valenciano, puro ejemplo del resurgir del post-punk. Desde Valencia convierten la introspección en energía. Su segundo disco, ‘Vida y Milagros’, va del tránsito. Lo cuentan en esta charla con AS que recorre también fútbol, su nombre y los claro oscuros de la industria.


Hay mucho de aquello en ahora. Desencanto, crisis económicas, vacío existencial. Entonces, en aquella sociedad de finales de los 70 lo que surgió fue la música postpunk, un estilo más complejo que el punk, más oscuro, más introspectivo; nihilismo, vacío existencial, niebla, sintetizadores. Grupos como Joy División o Siouxsie and the Banshees fueron pioneros de un sonido que más de medio siglo después vuelve a estirar sus brazos y márgenes en España. Bandas como Depresión Sonora, La Milagrosa o Alcalá Norte lo representan. También otras que beben de este para acercarlo al hard-core, como Viva Belgrado y Bernal. Esta última es la que, en una tarde de febrero, se reúne alrededor de una mesa en la calle Ferrocarril de Madrid, un día antes de tocar en el ciclo Inverfest, la Sala Sol llena, en el mismo en el que su segundo disco de estudio, ‘Vida y Milagros’, sale a la calle.
Está atardeciendo en Madrid, cuando los cuatro miembros que hoy forman Bernal llegan a la calle Ferrocarril para reunirse con AS. Lo primero que llama la atención de Álvaro Martínez (Valencia, 1997), es su altura y su voz de radio, de esas en las que quedarse a vivir. Es el vocalista del grupo, de profesión ingeniero, y tiene una sonrisa dulce y una conversación diáfana, clara y directa. De Carlos Martínez Bernal (Valencia, 1998), guitarra, su compañero en el colegio y hermano de música, tomaron el nombre. Es rápido de cabeza y certero, también sonríe dulce. De Mikele Francesco Morra (Venezuela, 1997), batería, lo que más llama la atención son sus pies, casi descalzos, vestidos solo por unas sandalias de suela finísima a pesar de las lluvias que han caído de manera persistente, como si el agua nunca se fueran a acabar, en las últimas semanas en Madrid. Edu Nogués (Valencia, 1998) es el bajista y habla poco pero cuando lo hace siempre introduce el giro exacto. Les acompaña María Varo (Valencia, 2000), que no es miembro del grupo pero un poco sí: se encarga de hacer los visuales que acompañan los directos de la banda. Nada como sus palabras pueden definir mejor el sonido y a lo que apunta esta banda valenciana que va a comenzar a llenar carteles de festivales este verano, y cada vez más grande. “Tienen un sonido muy especial, particular y envolvente”. Un grupo con imán. Y cada vez más calado.
Sus raíces están La Terreta que les vio nacer a finales del siglo pasado. Suenan ásperos y a la vez nítidos, con esa mezcla de vulnerabilidad y filo que aparece cuando alguien entiende que la oscuridad también puede iluminar. Su historia nace en la adolescencia y se define en el confinamiento. Madura cuando descubren que sus canciones propias gustan a desconocidos. Que eso que hacen, sin etiquetas, sin pretenderlo, conecta. Triste. Ruidoso. Evocador. Música escrita en tránsito, literalmente. Entre atascos, carreteras y notas de voz. Hablan de ello mientras la noche termina de caer en Madrid. De sus canciones, sus inicios y la bola gigantesca de nieve que quema que a veces es la industria. Y también del fútbol, de lo que gustaba Albelda. Es un gustazo escucharles.

Hace dos meses publicaron su segundo disco de estudio, ‘Vida y Milagros’. ¿Qué calado sienten que está teniendo?
Álvaro Martínez: Bastante. Ya lo esperaba porque los signos previos estaban yendo bien y, porque alguna canción que no había salido, pero que habíamos tocado en directo, había gustado. Pero bastante, aunque esa no es la palabra. Es como cuando alguien cree en algo, ¿no? Como hooligan, ¿sabes?
Edu Nogués: Sí, como que la gente ya lo ha había hecho suyo enseguida.
Á. M.: Claro, muy y con mucha defensa. Y bastante contentos, la verdad.
Tocaron en el Inverfest este 2026, sold out en la Sol, ¿qué supone para vosotros participar en el Inverfest?
Á. M.: Pues sabiendo cómo está Madrid para tocar, que en las salas es bastante complicado porque están todas hasta arriba. Y que un ciclo como el Inverfest, con la repercusión que tiene, que quiera contar contigo en una sala como es la Sol, un sábado…, es bastante emotivo y llenarla…, es como wow, chulo.
La raíz de Bernal está en un grupo anterior de ustedes, Carlos y Álvaro, ¿verdad? Cuéntenlo.
Carlos Martínez Bernal: Realmente siempre, este ha sido nuestro primer proyecto, solo que desde 2016, que empieza, hasta 2020, pues fue a más.
Tenían 16 años.
C. M. B.: Fue como un proceso. El de “vamos a tener una banda porque queremos tocar covers, llamar a los colegas y montar conciertos privados”. Luego, a raíz de eso, empezamos a componer algún temita. Pero en 2020 ya fue cuando dijimos: “Oye, pues tenemos alguno interesante…”. ¿Y si nos ponemos un poco más en serio?“.
Á. M.: En el confinamiento fue. Dijimos: “Tenemos canciones propias, ¿por qué no las terminamos de trabajar?”. Y tras éste nos juntamos, las grabamos y sacamos un disco.
¿Ahí ya estaban todos o solo ustedes dos con otras personas?
Á. M.: Ahí estábamos con otros colegas del cole. Pero cuando nosotros nos motivamos a hacer canciones propias, a querer dedicarle más tiempo, ellos no, completamente lícito. Nosotros tiramos para adelante y, luego, ya se añadieron ellos dos (dice señalando a Edu y a Mikele).
“Las etiquetas las intentamos borrar porque limitan un montón”
Edu Nogués, Bernal
¿Cómo se unieron ustedes?
Mikele Francesco Morra: Edu entró porque no tenían bajista en ese momento. Él y yo veraneábamos juntos en un pueblo de Valencia y, bueno, somos los metaleros de la banda. Eso nos unió. Y buscaban un batería porque el que había al principio era Martínez (Carlos), pero, te fuiste de Erasmus o trabajar fuera o algo así, ¿no? (pregunta dirigiéndose directamente a él).
C. M. B.: Me fui a trabajar a Dublín un año y Mikele entró para suplirme y cuando volví dije…
E. N.: ¡Yo quiero ser guitarra! (ríen todos).
C. M. B.: ¡No, no! Yo no puedo tocar la batería, está Mikele, ¡yo quiero ser guitarra! (ríe).
Edu, ¿usted era quién iba al colegio con Álvaro y Carlos?
E. N.: Pues me habló Carlos porque necesitaban bajista y estaban empezando a producir cosas propias y yo, justo, estaba justo empezando a estudiar producción musical y aprendí a tocarlo con líneas de bajo que había compuesto Carlos.
¿En serio?
E. N.: Y nada, estuvo también su hermano mayor una temporada, de guitarra. Al principio estaban ellos tres, luego entré yo y, cuando volvió Carlos de Dublín, estábamos los cinco. Pero Font se bajó rápido del barco porque la vida adulta le llamo más.
Y empiezan a componer sus canciones propias y a tocarlas en bares… ¿Y cómo empezaron a percibir que la gente les recibía?
Á. M.: Eso lo vimos cuando sacamos el primer disco. El primer feedback de decir si esto gusta, fue porque gente que no eran nuestros amigos, nos seguían, nos escribían y ¡eran de Madrid! Nosotros en general siempre hemos tenido como más tirón en Madrid que nuestra propia ciudad. Pero al inicio el fándom era Madrid.
¿Las subían ustedes en redes o desde el principio tenían sello?
Á. M.: Nos ayudó Carcosa Records, que es un sello independiente de Valencia. Sobre todo a entender cómo se subían canciones a lugares. Y también con el tema de prensa.
Suenan a postpunk pero leyendo entrevistas suyas y ruedas de prensa se les define como postpop…
E. N.: Las etiquetas las intentamos borrar porque limitan un montón. De ahí nace el concepto del segundo tema que se llama ‘Música para Eduardo’. Es decir: hacer la música que nos motive. Obviamente hay influencias de equis géneros, no hay que huir totalmente del género, pero yo creo que te cierras un poco puertas.
Me llamó la atención lo del postpop. No sé muy bien qué es.
Á. M.: Es el trabajo de nuestro manager, que dice: “A ver qué feed me invento para llamar la atención”? (carcajean todos).
Pero sí que es cierto, no sé si ustedes lo comparten, que en los últimos años el postpunk es un género al alza en España. Alcalá Norte, Viva Belgrado, Depresión Sonora, La Milagrosa, ustedes…
Á. M.: En Valencia hay una escena bestial.
¿Y por qué?
Á. M.: No sabría explicarte. Valencia siempre ha sido mucha cuna de grupos buenos de punk y post-punk. La Plata o ahora Gacela, Margarita Quebrada, Ultralágrimas. Creo que, por lo menos en Valencia, nos nutrimos mucho de esa música oscura, que la escuchas y te vienen colores grises, tonos muy oscuros. No sabría decirte muy bien por qué. De hecho había un meme por ahí comparando la música de Murcia con la de Valencia, con lo cerca que están. La de Murcia parece como mucho más feliz y alegre que la de Valencia. No sé si será por la cal que tiene el agua (ríe). Pero sí es verdad que en Valencia esa nostalgia, tono triste, ese el emo.
C. M. B.: Y nosotros vamos cogiendo muchas referencias, lo metemos en una batidora y sale lo que acaba saliendo. Para ti puede ser más post punk, para otra persona puede ser más otra cosa. ¡Nos han llegado a decir de todo!
Pero reggaetón no.
C. M. B.: (Ríe) No, no. Pero a lo que me refiero es que nosotros no pensamos en un género o estética a la hora de crear. Simplemente vamos cogiendo referencias y sale lo que tenemos ahí, de forma natural.
Á. M.: Es verdad que escuchamos mucha música triste y ruidosa. Entonces claro… (los puntos suspensivos se quedan en el aire en la tarde, cuando ya se está poniendo del todo el sol).
Es muy distinto y evocador. Me gusta.
Á. M.: También me gusta. Es como si vas al cine. Me emociona lo triste y ese color nostalgia.
Pues su música puede evocar a esa película ‘Metrópoli’.
Á. M.: Yo, en el punto en el que estoy ahora, o cuando me puse con este disco, soy muy fiel al costumbrismo, al que te estén narrando en un libro el café por la mañana y te emociones. Y soy muy fan de eso, entonces por eso también intentas como imitarlo. Jugar a ello. Acercarte.
¿Por qué el nombre de Bernal? Es su apellido, Carlos.
C. M. B.: Yo no lo elegí. Pero, cuando Álvaro y yo teníamos el otro proyecto de versiones y comenzamos a hacer nuestros temas, llevábamos como tres intentos de nombre que habían fracasado.
¿Por qué?
Porque eran cosas que ya existían. Kayak, por ejemplo, que es una empresa de viajes en Plan Ponte. Y entonces un colega dijo: “Pues a mí Bernal me mola”. Y a mí me rayó o me rayaba mucho pero, dándole vueltas, dije: “Vale, Bernal”. Con tilde, pero al final se quedó más en Bernal.

¿Qué música escuchaban en sus casas de niños?
M. F. M.: En mi caso me acuerdo que mi madre me ponía todas las mañanas la MTV antes de irme al colegio. Me preparaba el desayuno y yo me quedaba embobado viendo videoclips. Conforme me hice más mayor, me empezó a molar el metal y aprendí a tocar la batería con el Guitar Hero. Porque (ríe) cuando le dije a mi padre que quería tocarla me respondió: “Vale, pero que empiece primero con el Guitar Hero”. Por si me cansaba. Y, ahora, mira, ya tengo mi batería acústica (ríe tierno).
¿Lo sigue guardando?
M. F. M.: La batería, no, pero el juego, todavía. Más que el Guitar Hero es el Rock Band. Lo compró mi padre en el CEX, que aún está la etiqueta, una tienda de videojuegos de segunda mano.
Cuándo se sumó a Bernal tenía otro proyecto, ¿no?
M. F. M.: Tenía mis bandas de metal y Bernal era como por probar, pero yo, como era lo típico del metal es que eso es lo mejor y lo demás una mierda. Pero cuando entré en Bernal expandí mi mente.
Á. M.: En mi casa se escuchaba mucha música. Mi padre era un melómano absoluto.
“Yo el primer recuerdo que tengo de decir, ‘buah, yo quiero estar en un escenario’, fue viendo un vídeo de Oasis en un concierto en Manchester”
Álvaro Martínez, Bernal
¿Qué escuchaba?
Á. M.: Sobre todo pop. Mucho Golpes Bajos, mucho Amaral, mucho Radio Futura. Yo el primer recuerdo que tengo de decir, “buah, yo quiero estar en un escenario”, fue viendo un vídeo de Oasis en un concierto en Manchester que sale no sé si Noel o Liam, abre los brazos al público, y dice: “Hello, Manchester”. Y toda la peña, fuaaaa. Y fue como: “¡Qué poderío!”. Y yo quería tocar la guitarra y es como llego al colegio Pilar de Valencia que hacían misa por las mañanas y, si ibas a misa, te daban clases de guitarra gratis… Aprendí a tocar la guitarra en misa y, cuando ya tenía alguna docencia, alguna praxis muy sencilla, lo dejé y aprendí con YouTube a tocar acordes en casa.
¿De dónde surgieron las primeras canciones?
Á. M.: Yo me acuerdo de las primeras canciones que hicimos, que ahora no existen en ningún lado, fueron porque a mí me clavó mucho un disco que acababa de salir de Modelo de Respuesta Polar que cumple ahora diez años y me cambió mucho la forma de escribir en castellano. Empecé a imitarla un poco. En los inicios, me acuerdo una canción que era toda instrumental y simplemente tenía unas partes escritas que se repetían 23 veces y ya está, pero me emocionaba mucho. Luego ya ha sido muy parecido a ahora, que es hablar de mi entorno y del costumbrismo.
En las pequeñas cosas está la grandeza.
E. N.: A mí me flipa. El primer recuerdo que tengo de conectar con algo fue con Michael Jackson. A saco. Me lo enseñó mi padre y me recuerdo súper chiquitín, como que me entró la paranoia. Mi padre me compró toda la discografía y me lo escuché en un bucle infinito. Esa fue como mi primera conexión. Luego Guns N’ Roses, ACDC, Foo Fighters… Y luego una amiga me empezó a enseñar cosas más de metalcore y post-hardcore y ahí ya entré en una espiral de metal extremo hasta los fondos del infierno. Cuanto más pesado, mejor. Como decía Mikele: todo lo demás es asqueroso. Y luego empecé a remontar, con música súper soft y, recuerdo, a finales del colegio ya Carlos enseñarme mucho post-rock. Empecé a tocar la guitarra sobre los 17, 18 aprendiendo metal y luego descubrí el bajo, me gustó muchísimo más y empecé a aprender, como decía antes, de líneas de Carlos. En casa mis padres han escuchado música pero tampoco nos han puesto muchísima. Recuerdo algo de Dire Straits.
C. M. B.: Mis padres eran melómanos, pero mi influencia principal fue mi hermano mayor, que tiene cuatro años más que yo. Eso me ayudó mucho. Lo que él iba descubriendo. En géneros un poco más de nicho, postrock y tal. Siempre lo he tenido muy presente. Bandas como Sumo, Explosions. Música como más experimental. Por eso no tengo miedo a tirarme a la piscina con temas de 15 minutos o cosas que no sean convencionales. Eso me encanta.
Se llama arte.
C. M. B.: También de toda la vida he estado muy influenciado por el indie. Folks, Arctic Monkeys… Pero sí que es verdad que ahora veo con mucho cariño a mi yo de 13 años queriéndole enseñarle a un colega un tema de 15 minutos y de que mi colega me mandaba a tomar por culo (carcajada general). Y me decía: “A lo mejor esto es para mí y no para el resto”. Hasta que conocí a esta gente (y con los ojos está señalando a los demás, esos que alrededor de su apellido son su familia en la música).
Mikele, me llama la atención de usted ¡que va en sandalias!
M.F. M.: Me gusta mucho ir descalzo y esta es la forma más cercana que he encontrado de hacerlo.
Pero con el tiempo que hace... Lluvias, frío…
M. F. M.: Me he obligado a acostumbrarme básicamente.
¿Y en los conciertos? El bajista de Viva Belgrado, por ejemplo, se pasa todo el tiempo de espaldas al público…
Á. M.: Lo único que nuestro bajista también está en medio. Eso fue porque una vez que tocamos con Viva Belgrado y nos pusimos en esa formación, por comodidad técnica. Y yo, personalmente, me di cuenta que estaba más cómodo cantando así porque no tenía a Mikele detrás pegándole a los platos.
E. N.: Eso no lo comentó el técnico en su día porque si él está con el micro inclinado hay muchísima menos contaminación y él se encuentra más cómodo también.
M. F. M.: Contaminación… (ríe).
¿Cuáles son las principales diferencias entre sus dos discos?
Á. M.: Quizá el primer disco habla desde un lugar o una persona en concreto y, en cambio, en este segundo, no hay un lugar. O sea, en el primer disco estás de dentro a fuera y en este segundo es más tú mirando pasar todo. En entrevistas y colegas nos han dicho que es un disco perfecto para conducir (sonríe, tierno).
“Nuestros colegas nos dicen que ‘Vida y Milagros’ es un disco perfecto para conducir”
Álvaro Martínez, Bernal
Lo presentan como canciones escritas en tránsito.
Á. M.: Hay un 50% de verdad en esa afirmación. Han sido canciones escritas en tránsito, durante la gira. Y eso ya te obliga: estás literalmente en tránsito. Y, luego, yo también conduzco mucho para ir a trabajar, porque lo hago fuera de un pueblo de Valencia y paso una hora como mínimo al día en el coche, todos los días. O sea, que paso mucho tiempo conmigo mismo. O no, mejor: paso poco tiempo solo pero es este. Y es el momento en el que escucho a mi cabeza y le doy vueltas a todo y, como conduzco con el móvil y estoy en un atasco, digo: “Siri, graba esto”. Y se queda grabado en el grupo de Whatsapp que tengo conmigo mismo, o en notas.
¿Tienen otro trabajo o se pueden dedicar solo a la música?
E. N.: Yo soy productor musical, entonces en cierto modo sí.
M. F. M.: Yo he ido trabajando en una tienda de instrumentos o he dado clases de batería en una academia o para alguna banda que necesita. Pero más allá de eso nada. Acabo de terminar la carrera y, mientras, he estado currando un chiringuito. Hasta que encuentre algo más serio, ahí sigo.
¿Qué carrera?
M. F. M.: De publi. Me voy a enfocar en redes sociales.
Á. M.: Yo soy ingeniero industrial.
Surma, vocalista de Niña Polaca es abogado y dice que combinar los dos trabajos le sirve para fijar los pies a la tierra.
Á. M.: La dualidad del grupo y el trabajo me permiten desconectar un poco de una y otra y estar fresco en ambas. Porque yo el fin de semana, si tengo cosas del grupo, no pienso en nada en el trabajo y puedo llegar el lunes fresco. Y al revés. Separar un poco la realidad porque creo que nosotros somos bastante normales, pero sí que tenemos amigos, amigas, que en algún momento se han flipado. Que también es normal porque, llegas un sábado, y ves a no sé cuantas mil personas en plan aplaudiendo algo que has hecho tú y igual te flipas, ¿no? Dices: “Hostia”. Y te flipas, te vienes arriba. Creo, insisto, que somos bastante normales, que sabemos qué música hacemos. También nuestro mánager está bastante alineado con ello. Su primera norma para entrar en la agencia es: “Prohibido fliparse”. Y creo que en eso hacemos bastante buen match. El grupo se creó por hacer canciones y, todo lo que venga a partir de ahí, es un regalo. Si, además, terminamos la primera gira y el balance es positivo en dinero, genial. Obviamente no para vivir de ello, pero, por lo menos, para volver a reinvertirlo en el grupo y no tener que invertir tanta pasta como antes o cada vez menos.
Hay quien les compara con Los Planetas.
E. N.: Carlos es muy fan y nos lo ha ido enseñando. A mí me ha calado bastante. Tardé mucho en entrar en empezar a escuchar música nacional y lo hice por Viva Belgrado, pero Los Planetas también.
¿Les gusta el fútbol?
Á. M.: A mí el confinamiento me desapegó, pero antes iba todos los fines de semana con mi padre a Mestalla.
E. N.: Bueno, entrenabas a chiquillos.
Á. M.: Jugué a fútbol toda la vida, en Segunda B de fútbol sala. Mi recorrido futbolístico ha sido ese. A mí el deporte me ha gustado siempre, lo que pasa que, el fútbol como tal, en el confinamiento me di cuenta de que me la resbalaba un poco. O sea que vivía muy bien sin el fútbol. Más tranquilo, con más tiempo para mí, menos logística. Y cuando salí del confinamiento, cada vez que mi padre me decía de ir yo le contestaba: “No, que yo voy a este concierto”. Y mi padre lo vio venir y, al final, creo que el pase igual sigue a mi nombre porque mi padre tiene algún punto que no quiere soltarlo.
“Cuando era niño yo no quería ser futbolista, quería ser David Albelda”
Álvaro Martínez, Bernal
Tampoco el Valencia hoy es el mismo de su niñez. ¿Su jugador favorito?
Á. M.: Siempre ha sido David Albelda. Cuando yo era pequeño era el capitán del Valencia. Y no era ninguna estrella, era un tío con greñas, el pelo tintado y acento valenciano hasta cuando hablaba en castellano. Tenía cero gol pero era muy trabajador y eso a la gente le gustaba que corriera, que defendiera. Cuando era pequeño no quería ser jugador, quería ser David Albelda.
Decía el otro día Javi Ferrara, de Parquesvr, que cada vez es más difícil conseguir entradas para grandes conciertos, pero llenar salas de 200, 300 personas también. ¿Cómo lo ven ustedes?
E. N.: Yo siento que el gran festival se está comiendo también un poco el circuito de salas.
El festival.
E. N.: El festival, exacto. Y es una pena porque todas esas grandes estrellas que puedes ver en ese festival han nacido de salas de 60 personas.
¿Y ustedes cómo ven el circuito de salas?
Á. M.: Depende de la sala, de la política que tenga a la hora de trabajar. Hay algunas que, de 150 personas, le piden 400 euros de alquiler a un grupo emergente. Pues ya empieza mal. No tiene ningún tipo de sentido. Hay algo raro que se está como retroalimentando. El festi o el gran evento se come a las salas, porque si las salas de 300 personas solo van a buscar gente que les pueda permitir pagar un alquiler o un ciclo que invierta y adelante todo ese dinero, entonces el grupo emergente… Y todo se convierte en una bola de nieve porque nadie va a la sala. O, si consigue alguien, la entrada para que te salga algo rentable, de 15 euros para arriba. Entras en una bola gigantesca que, al final, el consumidor o el artista tienen menos recursos o no pueden permitirse eso, y no avanza. Se encuentra con un techo a no ser que aparezca alguien que le diga: “toma diez mil euros para hacer tu disco”.
E. N.: Yo siento que, también, la gente apuesta. Que hay menos riesgo. Los ciclos, managers, todo el mundo va a lo seguro. No quieren ese riesgo, perder dinero. Entonces vas un poco a lo que ya sabes que va a funcionar, se puede ver incluso en otros apartados como sellos y demás, que yo ahora veo que fichan a artistas con ya tienen bastante tirón. Un artista que ya se ha currado toda su fanbase en redes, un montón, y ya tiene como todo el material para despegar. Es como que hay poca voz para la gente que está en esos primeros pequeños pasos.
Á. M.: Que luego son muy serpientes. Si van a apostar por ti cuando eres enano, te meten unas cláusulas en el contrato súper abusivas. Y luego también los consumidores tenemos parte de culpa. Nos cuesta muchísimo sacar entradas para un concierto. No sé si será FOMO o la espera un plan mejor. Pero hasta el día de antes o el mismo día no me saco la entrada.
¿Pasa mucho eso?
C. M. B.: Muchísimo. Eso al grupo le genera una especie como de ansiedad. Y, luego, en el día de antes se compran dos tiendas y dices: “¡Cómo me voy a organizar, cómo voy a saber si el bolo es rentable o no, si irme a Galicia, o sea, no sé si tengo que cancelar o no!”. Es una con un cúmulo de cosas.
¿Se puede decir que este va a ser el año de Bernal?
C. M. B.: Bueno, a lo mejor. Que esto va para algo. Desde aquí para todos. Y para siempre.
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