Tikitakas música | Entrevista a Alizzz

Alizzz: “Decir que no te gusta el reguetón es de cuñado”

Alizzz arranca hoy en Valencia su gira de despedida de salas. La próxima parada será Madrid, 27 de febrero. Hasta abril, recorrerá España con este proyecto lleno de vértigo y verdad que dice hasta luego. El productor sigue. De música, sus comienzos, letras y el Barça habla una mañana lluviosa con AS. Es imposible dejar de escuchar lo que dice. Como con su música.

Alizzz posa para AS con la sala Changó de fondo en Madrid.
ANGELA PARAMO
Patricia Cazón
Redactora
Patricia Cazón Trapote nació en Zotes del Páramo, León, en 1980. Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca y Master de El País trabajó en El Diario de León y El País Semanal antes de llegar a AS en 2004. Cronista del Atlético desde 2016, es autora de cuatro libros y tertuliana en El Golazo de Gol y Estudio Estadio.
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Hay artistas que nacen para el foco y otros que lo encienden desde la cabina, sin que nadie les vea las manos. Alizzz (Castelldefels, 1984) es de lo segundos. Durante años, ingeniero emocional de una generación que necesitaba cambiar el hilo musical que les contaba. Esa que encontró en parte gracias a él. Sus manos. Con ellas, Alizzz afinó el pulso del nuevo pop español. Al mezclar la electrónica con deseo. Lo urbano con melancolía. Y un paso más. Cuando todo parecía encajar decidió arriesgar otro poco: ponerse delante del micrófono y cantar sus propios fantasmas.

Esta es una mañana de lluvia de Madrid. En un bar típico de los que ya no abundan (por desgracia), con barra de fornica metálica y los sonidos de la máquina del café como banda sonora. Sonido de tazas, de cuchillos que rasgan los platos, las tostadas de aceite y tomate, los pinchos de tortilla. Bar con el suelo lleno de servilletas mientras Ángela, la fotógrafa, prepara la cámara para inmortalizarle con esa mirada única que siempre devuelve su objetivo tras pasar por el tamiz de sus ojos de gata. Al otro del cristal está esa sala, la Changó, donde en una semana Alizzz actuará en una gira de despedida que comienza esta noche en Valencia y durará todo marzo y abril. La foto los recogerá a ambos, al artista y al escenario, bajo una fina patina de tonos sepia. Y la lluvia que esta mañana no deja de caer en Madrid. Alizzz tiene el gesto serio, mirada profunda, moteada por chispas de un brillo color avellana en sus ojos, capaces de clavársete adentro cuando miran directo. Viste de chándal, con su inseparable capucha, y en el rostro le aparece a veces una sonrisilla tierna que solo te produce ganas de quedarte. Porque Alizzz en persona es como su música. Habla y no puedes dejar de escucharle, que se apague el ruido de fondo, la cafetera interminable, el golpeteo de los cubiertos en la loza. Que su voz no se apague nunca, envuelta en sapiencia, en clarividencia, en su experiencia. Esa que asalta desde sus canciones. Las que produce y compone para otros y también para sí mismo, para este proyecto que en mayo pondrá en pause. El de Alizzz. El Sartre de la música. El Milán Kundera. Pessoa. Sus letras son como ese velo de lluvia que cae al otro lado del cristal, que terminan inundándote por completo. Puro existencialismo del XXI que golpea como el reflejo crudo en un espejo. Alizzz habla como escribe. Fijándose en los detalles que sostienen las grandes catástrofes íntimas. Es más de grietas que épica. El éxito le cayó encima casi por accidente, dice. Sin un plan estratégico previo. Sin mapa.

Y, sin embargo, hay algo profundamente humano y visceral en su manera de narrar el vértigo. Cristian (Quirante, su nombre y primer apellido de pila), Cris, Pisu, el chico que estudió Ingeniería de Telecomunicaciones y trabajó más de una década programando software de gestión de empresas antes de atreverse a dejarlo todo a los 32 años. El mismo que pinchaba electrónica “rara” en Barcelona y Berlín pidiéndose vacaciones para ir de gira y que casi se rinde por la precariedad y el bloqueo creativo, pero que encontró un nuevo rumbo cuando un día se encontró con otro músico llamado Pucho e hicieron match. Pucho es C. Tangana y le pidió que le enviase varias muestras de canciones instrumentales para un proyecto que maduraba. Una fue ‘Antes de Morirme Yo’, que eligió para cantar con Rosalía. Fue la que encendió la mecha. Pero Alizzz pronto se convirtió además en un nombre no solo en los créditos.

Como frontman, ha convertido la noche en literatura. Sus canciones huelen a madrugada. A luces de neón que lastiman. A vulnerabilidad compartida en baños de discoteca. “No sé quién eres pero quédate a dormir” no es solo una frase triste: es una generación que pide compañía a la vez que intenta no romperse. Se reconoce heredero de Robe, de Jota, de Enrique Urquijo, de Antonio Vega, músicos que escuchaba de niño, artistas más cercanos a la herida que al simple arquetipo. En sus letras hay crítica, ironía, zarpazos. Pero también una ternura que no se defiende. Se entrega sin filtros. A través del micrófono.

Cierra un ciclo, de momento, con esta gira de despedida. Detrás quedan cinco años sin descanso. Compaginando su proyecto en solitario con una sólida carrera como productor y compositor para otros. Siente que necesita volver a cargar energía. A escribir cuando tenga algo que contar y no porque toque. Y lo hará, dice, cuando sea el momento. No dentro de un año exacto, no bajo el calendario industrial. Cuando duela o cuando brille lo suficiente. “Tendré que salir de fiesta más”, musita. De nuevo ahí esa sonrisa.

Un relato, el suyo, en el que también hay fútbol. Castelldefels, el Barça, la Masía. Los recuerdos de un niño que vio el gol de Koeman medio dormido en el sofá y años después hizo el himno del 125 aniversario. Bajo una identidad, la del Boix Llobegrat sin bandera impostada. Alizzz es pura raíz de verdad. Un tipo que se ríe de sus propias contradicciones, que sabe que las limitaciones pueden convertirse en estilo si las abrazas sin miedo. Las suyas le han convertido en uno de los creadores que ayudaron a cambiar el sonido de un país, de este país. Y que, cuando todo apuntaba a la consolidación cómoda, prefiere parar, respirar. Para volver a empezar.

Porque Alizzz no entiende la música como una carrera lineal, sino como una montaña rusa con vistas inesperadas. Y quizá por eso, cuando habla de despedirse, no suena a final: suena a promesa contenida. A pausa necesaria antes del siguiente temblor.

Alizzz: “Decir que no te gusta el reguetón es de cuñado”
Alizzz posa para AS.ANGELA PARAMO

¿En qué se inspira a la hora de escribir?

Fíjate, tener un proyecto de letras es algo que no contemplaba. Porque yo soy productor, se me da bien vestir las canciones. O se me daba, pero cuando empecé con el proyecto tampoco pensé: “Hostia, voy a hacer una letra guapísima para que la gente conecte”. La manera de escribir no era para mí súper relevante, pero de repente el proyecto conectó mucho con la gente. Con las letras y mi manera de escribirlas.

A veces son súper desasosegantes, oscuras…Me mola fijarme en los detalles.

Sobre todo intento explicar cómo pasan grandes cosas ligadas con detallitos.

Anuncia ahora una gira de despedida de su proyecto como Alizzz. ¿Por qué? ¿Siente que es una etapa terminada? ¿Un parón?

Siento que es un final de ciclo. En los últimos cinco años he hecho muy pocos descansos. Igual, máximo, he estado dos meses sin tocar.

Compaginándolo con su curro como productor.

Eso es otra cosa, como que lo he dejado muy apartado. He producido muy poco con respecto a lo que solía antes. Hace tiempo, un productor muy importante me dijo que tenía que decidir: “Tú qué quieres ser, ¿productor o artista?”. Y realmente tenía un poco de razón. Ahora tenía ganas de pillar otra vez fuerzas, ideas y energías y, como me lo puedo permitir porque tengo ese otro trabajo de productor y componer para otros, tenía ganas de soltar un poco de amarre del proyecto en solitario y despedirlo como se merece. Por salas pequeñitas.

Deja huérfanas a muchas personas.

Yo lo voy a echar también mucho de menos. El proyecto. Subirme al escenario... Pero no lo abandono, hago una despedida medio larga. No sé cuánto durará. No estoy escribiendo, o poquito. Sí que estoy haciendo muchos discos de otra gente. Sé que será tiempo, tampoco quiero decir una fecha, pero no será un año. Hasta que no tenga que contar otra cosa y hacerlo como se merece.

¿Le ha sorprendido el éxito de Alizzz como frontman?

Siento que se me fue de las manos al principio.

¿Por qué?

Porque hago las cosas un poco sin pensar mucho por qué ni cómo. Fue como que pa’lante. No planifico mucho y, como no planificas, me vino todo el éxito como de golpe. Sí que con los primeros singles era como: “Aquí pasa algo”. Pero, hasta que no saqué el disco... Las cifras no era tan consciente de lo que significaban. Hubo un momento en el que tenía más de dos millones de escuchas mensuales. Cuando ‘El Encuentro’ y todo aquello… Ahora que entiendo un poco más cómo funcionan digo: “Es una barbaridad”. Y para mí no era tanto. Hasta que empecé a hacer conciertos, que toqué en la sala But, el primer concierto de mi vida en Madrid e hice dos y pude tres, porque sentía que estaba pasando algo. Estás en Internet y ves a la gente que lo escucha, pero es una cifra. Lo que cambia es cuando ves a la peña que hace cola para el concierto y se sabe todas las letras. Hasta la estrofa de la canción menos conocida. Ahí flipé.

Alizzz: “Decir que no te gusta el reguetón es de cuñado”

No sé si al dominar tantos aspectos de la música, consigue crear esa energía tan especial.

Sobre todo me rodeo muy bien de músicos. Siempre he trabajado con los mismos, pero como que tuve suerte y buen ojo para la primera elección. Hemos funcionado como una banda desde el principio. Y eso no suele pasar en un grupo porque tú, cuando te juntas y haces un grupo, no estás con un guitarrista de conservatorio, un batería, estás con un colega… Los míos, aparte de músicos de conservatorio, son todos productores y profesionales del instrumento. A veces en una banda no tocas con profesionales, sino con el colega.

¿Y cómo los eligió?

Conocí al batería por Internet. Me parecía que hacía cosas guapísimas y le contacté yo. No tenía ni idea de la escena de músicos y debía montarme una banda. Y tuve la suerte de conocer a Rodrigo Hernández, que es el batería, que desde que lo conozco ha crecido una barbaridad, y ahora es un referente como batería. Igual que el guitarra, Ferrán. Todos han crecido mucho. Han aprovechado el rebufo para crecer como compositores, productores y ahora me cuesta pillarles a mí porque están siempre liados.

¿Cómo llegó a la música?

Llevo dedicándome relativamente poco. Lo hice ya mayor, por lo que veo alrededor, que la gente se dedica mucho antes. Si a los 25 no estás dedicándote más o menos a esto, la gente, además, como que aparece y desaparece muy rápido.

¿Y usted cuántos años tenía? Porque estudiaba Telecomunicaciones.

Lo estudié cuando estudia todo el mundo la universidad. Terminé con 21, 22, y trabajé de programador de gestión de empresas como 10, 11 años. De gestión de empresas. Una cosa aburridísima, aunque es como un juego, ¿sabes?, la programación. O sea, para lo que sirve es como muy aburrido explicarlo, pero hacerlo era como un jueguecito, como hacer videojuegos. Tenía una vida como mega estable, ganaba de puta madre, y me empezó a ir bien, por eso me costó tanto dejarlo… porque me empezó a ir bien. Dos años antes de que ya me explotase la cosa y me empezase a ir muy muy bien podía haber saltado pero no me atrevía. Me sentía como que tenía una responsabilidad ya. “Qué coño voy a hacer ahora”, me decía.

Porque tendría ya 30, 31 años.

32. A esa edad dejé la oficina y me dediqué a hacer solo música. Y hasta ahora.

Porque usted pinchaba también.

Me ganaba la vida, sin ganarme la vida.

“Hace tiempo, un productor muy importante me dijo que tenía que decidir: ‘Tú qué quieres ser, ¿productor o artista?”.

Alizzz

Porque su curro era el otro.

Exacto. Hacía algo de música para algún anuncio de Internet, porque mi mánager trabajaba bastante para Adidas. Y con eso me sacaba.

¿Y cómo llegó hasta ahí?

Un poco muy lento todo. Empecé tocando la guitarra, tenía una banda en el instituto. Luego tuve otra un poco más pro. Nos juntamos los que nos lo queríamos tomar un poco más en serio y empezamos a tocar por España pero yo me fui a vivir a Valencia por la Universidad y dejamos eso. Y empecé a salir, y descubrí la música electrónica y empecé a querer entender cómo funcionaba. Ahí empecé a producir. Para hacer música electrónica. Me empecé a bajar programas para ver cómo se hacía.

Ingeniero total en todo.

Sí, sí (sonríe tierno). Desde el ordenador pero hace 20 años, que no existía YouTube.

No había tutoriales.

Era como una búsqueda muy difícil. No sabía ni por dónde empezar. Y buscaba programas para hacer música, pero me bajé un par que no entendí cómo funcionaban y no supe cómo hacer sonar nada. Ni una nota. Y seguí bajándome cosas hasta que empecé a entender un poco cómo se hacía. Fue un proceso de, igual, seis o siete años hasta que no hice algo que era como una canción, que tenía esa forma. Antes era como muy rupestre.

¿Ahí empieza a pinchar como Pisu?

Ahí empecé a publicar música como enseñable. Y publiqué varias canciones como Pisu con nada de éxito pero empecé a pinchar como en una pequeña escena de la electrónica, como rara, ni contemporánea ni nada, rara, de gente que hacíamos música electrónica extraña en Barcelona o en Berlín, que también me fui a vivir a hacer directos de electrónica. Empezamos a pedir canciones en algún sello para publicarlas y ya, cuando volví de Berlín, que sería 2010 o así, que ya controlaba más la producción, ya me cambié el nombre a Alizzz.

¿Y cómo lo eligió? ¿De dónde viene?

Me quería poner un nombre andrógino. En ese momento estaba haciendo música electrónica y no enseñaba ni mi cara. Era como una moda, el misterio.

“El primer disco que me compré en mi vida fue el Off the Ground de Paul Paul McCartney por la canción de ‘Hope of Deliverance”

Aliizzz

Como Mono de Él y Ella.

No tan performático. Algo más como oscuro. Con una capucha y la gorra bajada que no te viesen la cara. Me gustó mucho un concierto que vi de Actress, que es un artista de techno, y era una performance súper oscura y tampoco se sabía muy bien qué era él. Y me gustó mucho y, si te fijas, se parece un poco. Me quería poner Aliz con una zeta y le fui añadiendo hasta que no había nada en Internet (sonríe).

Porque Aliz ya estaba cogido.

Si hubiera necesitado otra zeta ya hubiera cogido otra cosa (sonríe).

Y ahí empieza a producir música.

Igual, electrónica. Y seguía pinchando. Pero estaba mejor y dije: “Tengo cuatro canciones que son mucho mejores que todas las canciones que he publicado hasta la fecha”. Empiezo de cero. El otro proyecto veía que tampoco me estaba haciendo millonario ni me iba increíble. Y quise hacer borrón y cuenta nueva. Otra imagen. Sacar la cara también. Mostrarme de otra manera, digamos. Y ahí sí que los sellos discográficos que se interesaron ya eran un poco mejores. Me empezaron a pinchar muchos artistas muy importantes de la época, Duplo, Powrs, y mi perfil fue creciendo como productor y DJ y fui pinchando más. Que tampoco era gran cosa pero sí que hice giras por Australia incluso. Me fui dos semanas con los gastos pagados y me saqué algo, cuatro duros, que eso para mí era como una locura, y trabajando, además, porque me tenía que pedir vacaciones para la música.

“Elegí el nombre de Aliz porque quería uno andrógino. En ese momento hacía música electrónica y no enseñaba ni mi cara. Pero cuando busqué ese ya existía y le fui añadiendo zetas. Si hubiera necesitado otra, una cuarta, habría elegido otro”

Alizzz

Porque seguía en su curro.

Sí, me tenía que pedir vacaciones para hacer las giras, para ir a pinchar. A lo mejor un jueves en Liverpool… Y ahí sí que me pagaban muy poquito, ya algo había ahí. Yo notaba como: “Hostia, vale, creo que me puedo dedicar a esto”. Pero ahí no lo conseguí y me vine abajo.

¿Sí?

Porque pinchaba bastante pero me pagaban muy justito y decía: “Hostia, ¿cómo voy a dejarlo todo por esta inestabilidad absoluta”. Y el estilo de vida también. Irme por ahí yo solo, que tampoco me molaba hacerlo y lo hacía todo el tiempo. No lo vi nada claro… Y acabé desistiendo y con un bloqueo creativo heavy, aburrido en el estadio. Entonces ahí fue cuando conocí a Pucho (C. Tangana).

¿Cómo fue?

A él le gustaba mucho lo que yo hacía en ese momento, mi música electrónica, que le parecía muy interesante. Y a mí también me gustaba lo que él hacía y nos encontramos. Compartimos un poco la escena. Yo hacía electrónica cercana al urbano, con influencia por el R&B, rap, aunque era todo instrumental y música de baile pero con esa influencia. Y, como él estaba en ese lado, pero más en el del rapero, porque era un rapero, fantaseamos de hacer algo. Y así, hablando, un día me escribió y me dijo que tenía entre manos una idea y que si quería enviarle cosas que le cuadrasen. Y lo hice. Varias instrumentales. Una, ‘Antes de Morirme Yo’. Entonces le gustó esa y otra e hicimos las dos con Rosalía. La otra se llamaba ‘Llámame Más Tarde’, que se ha perdido en los anales de la historia.

‘Antes de Morirme’ fue un súper éxito.

Ahí fue cuando ya decidí intentarlo. Puedo hacerlo desde mi casa, puedo ser productor. No me había planteado serlo como pop, hacer música para cantantes, no lo había hecho nunca. Me pareció tan divertido y, después de dos años como peleándome con la música porque no me salía, porque me aburría, de repente, hacer algo que me salió en nada, en un día hice cuatro instrumentales y una de ellas fue un éxito así… Me lancé y dejé de trabajar.

¿Como compositor y productor también escribe las letras o solo la parte musical?

Depende del proyecto. He escrito canciones para gente. He producido simplemente. Hago un poco lo que toque en cada proyecto.

El productor de C. Tangana. El productor de El Madrileño. Ese es como un apellido que siempre le va a acompañar.

Como en todo cuando haces algo muy importante. Mi primer disco fue también uno de los grandes discos del año y salió en el mismo que ‘El Madrileño’. Mi sensación es como: “Hostia, cómo voy a tener algo así”. Primer disco, un éxito, cuando hay un éxito tan importante como ‘El Madrileño’… Pero son como hitos. Cuanto más arriba llegas, el hito es el que te marca. Hay a gente a la que le interesará más mi carrera como productor y considerará que ese es como el peak, y otro que considerará mis discos, pero me parecen guay los dos. También me lo he currado para que esos dos lados sean fuertes. Nunca me he olvidado ni he dejado de comunicar. Porque al final si yo soy productor y no comunico absolutamente nada…

Y usted lo hace. Es puro desasosiego. “No sé quién eres pero quédate a dormir”, creo que es una de las frases más tristes que jamás he escuchado.

A todos nos ha pasado, ¿no? (se le cuela una sonrisa).

“Siempre le he visto romanticismo a la decadencia, la autodestrucción de la noche”

Alizzz

Sentido pero quizá no verbalizado tan certero.

He salido mucho de fiesta (sonríe), ¿sabes? Muchísimo. Y como que en ese mundo de la fiesta todos estamos más vulnerables, más frágiles, y yo siempre le he visto como romanticismo en eso, a la decadencia esa, la autodestrucción. No me lo he inventado yo. Desde hace siglos. Y da para escribir. Y a mí siempre me ha parecido que tenía esa magia dentro de la montaña rusa que es y dije: “Hostia, lo puedo escribir”. Y ese fue mi clic de ver que podía usarlo como vehículo explicárselo a la gente desde mi punto de vista tan romántico y bonito cuando realmente hay cosas que son muy bonitas y otras que no.

En sus letras hay mucha noche, drogas, encuentros y esa revelación, que debajo de la luz siempre hay una parte muy sombría.

Sí, yo creo que por eso nos gustan las pelis dramáticas. En la que no pasa nada a nadie le interesa. O no tanto. Yo creo que, como que me regocijo en mis dramas y les encuentro las cosas que brillan también…, y cuando tú has vivido una cosa dramática que es una mierda y le das como un poco la vuelta, te dice: “Igual no fue tan malo”. Pero ahí cuando lo escuchas te puede dar ese reconforte: “Hostia, hay un decrépito igual o peor que yo” (sonríe).

‘Tiemblo’ es una canción preciosa.

¡No me acuerdo ya todo lo que digo!, pero esa sí que es una canción como más bonita. Es recordando a alguien.

En sus letras hay mucho desasosiego y una sensación que se repite: “Ya no siento nada”, “Quiero sentir algo”... Pero también crítica e irónica. Aquí ‘Callaíto’, por ejemplo.

Escribiría de eso todo el rato, pero siento que tampoco quiero ser una persona que se muestra todo el tiempo como enfadada.

Pero en lo que dice tiene toda la razón. “Café de comercio justo / me lo pilló por Amazon”.

Siento que podría hacer un disco así pero no es la persona que quiero ser, aunque me parece guay como meter unos cuantos zascas. Es guapo.

¿Escuchaba Extremoduro?

Mazo, mazo. Como escritor de canciones me parece súper referente. Robe, Jota de Los Planetas, Enrique Urquijo, Antonio Vega, heterosensibles. Sabina, lo escucho y digo: “Qué hijo de puta, qué bien escribe”, pero no he conectado tanto por la manera, supongo, de ver la vida. No sé quién es él en su vida pero, como explica las canciones, son al final como roles, arquetipos de personas. Por cómo veo yo la vida es normal que me reconozca más en Jota o con el Robe. Soy más de ese estilo. Bueno, Sabina es un desastre igual… (ríe), igual que todos (sonríe de nuevo).

“Por como veo yo la vida es normal que me reconozca más en Robe Iniesta o Jota (Los Planetas) que en Sabina”

Alizzz

De niño, ¿qué música escuchaba?

Muchísima británica. Mis padres escuchaban música muy romántica. Cantantes como Eros Ramazzotti, Roberto Carlos, Julio Iglesias…, canción ligera. A mí me gustaban mucho Los 40 Principales, lo escuchaba todo el rato, y oía lo que salía, lo que me enseñaban en la radio. De Paul McCartney fue el primer disco que me compré porque tenía una canción que la estaba petando, Hope of Deliverance. Yo tenía 7, 8 años y le dije a mi padre que me lo comprara. Mi padre se acababa de comprar un aparato con CD y le dije: “Yo quiero ese”. Y mi padre se compró Lo Más Disco 3 (ríe). Que no sé, me gustaría preguntarle por qué se compró ese disco, con música como de bakalao. Salía Double You, Please Don’t Go, estaba guapo. Luego fue un disco que yo también escuché (sonrisa depositada en el pasado). Luego empecé mucho a escuchar britpop y eso me gustó como temprano. Igual yo era joven para que me gustara, tendría 10 años o así y me molaban los discos de Blur, que lo estaba petando y era lo que los chavales escuchaban.

Usted domina todos los ritmos, escena. Urbano, electrónica, pop… Es un abanico que se nota en su música.

Pero no sé hacer nada en concreto (sonríe).

Yo creo que sí.

Creo que mis limitaciones son mis virtudes. No sé hacer las cosas pero las hago y un poco a mi manera, sin miedo a hacerlas mal. Porque cuando haces las cosas exactamente igual que la referencia ahí no hay interés. Si tú tienes el gusto para hacer lo que sea, en tu versión, siempre tiene mucho más valor que alguien que lo hace como clavado.

¿Hay algún género que diga: “Este no sería capaz”?

Creo que he hecho absolutamente todo. Y he trabajado con gente que me ha pedido hacer cosas absolutamente absurdas que luego han resultado ser increíbles (sonríe). Si más o menos lo veo claro, vale la pena al menos intentarlo.

Alizzz: “Decir que no te gusta el reguetón es de cuñado”
Alizzz, para AS. ANGELA PARAMO

Hablaba antes de la canción con Pucho y Rosalía. Ustedes tres son referentes de una generación que ha cambiado la música en este país.

Sí, había unas cuantas personas, artistas, que estuvimos en un momento de cambio. Yo eso lo sentí como que, en un momento, hubo un interés muy nulo en la música popular cuando, en el mundo, estaban pasando cosas muy interesantes en el pop. Y que en España no se estuviese traduciendo de ninguna manera… De decir: “Hostia, están pasando cosas que me encantan, grandes éxitos populares en países muy cercanos al nuestro como Inglaterra o Francia o EE UU”. Y sentía que, en España, no estaba llegando toda la nueva ola de ese pop más relacionado con la música urbana que yo llevaba años haciendo en la música electrónica, pero sin que nadie me hiciera ni puto caso (sonríe). Y dije: “Hostia, todo eso molaría que se tradujese en algo”. Y la gente que estábamos ahí lo supimos, nos pudimos meter, entrar en la radio o que te pinchasen en una discoteca de música comercial a las que nunca iría en ese momento. Sí que después me pareció que se hacía más interesante la música porque la estaba haciendo yo, que yo era los que estaban poniendo ahí ladrillos para que el cambio sucediese. En España antes se escuchaba mucha balada y cosas así.

Absolutamente. Y se ha girado por completo.

La gente estaba aburrida. Igual que ahora está la cosa un poco aburrida ya con todo lo que viene de aquella época. Porque ahí empezamos a construir algo que llegó a su peak hace igual un par de años. Al clímax de éxito. Todas las civilizaciones en algún momento acaban y supongo que los sonidos esos que trajimos en su momento también caducarán.

¿Nota usted cierto agotamiento?

He notado hace un tiempo, pero, de un año, año y medio para acá, veo que la escena musical está súper saludable y que rompen cosas que me suenan frescas porque sí que venía sintiendo un colapso de: “No hay nada interesante”.

¿Qué propuestas le parecen?

Todo lo que está haciendo Judeline, Amaia, El Grecas… Esa gente realmente aporta frescura. La fórmula del trap y el reguetón al uso como que ya empieza a estar muy gastada. Y todos los híbridos que están saliendo ahora me parece más interesantes. La hibridación de absolutamente todo es lo que nos queda porque ya hemos hecho absolutamente todo. Solo nos queda juntar las cosas más locas. ¡Mira Rosalía haciendo una ópera!

“La hibridación de absolutamente todo es lo que nos queda porque ya hemos hecho absolutamente todo. Solo queda juntar las cosas más locas. ¡Mira a Rosalía haciendo una ópera!"

Alizzz

¿Qué pensó cuando lo escuchó?

Me pareció como un gol como propuesta. Ha conseguido encontrar otro camino inescrutado aún. Una ópera que es algo que viene de siglos pero hacer algo así como una pretensión tan de música pop y de llegar a muchísima gente…

¿Qué piensa cuando escucha las críticas al reguetón y la música urbana?

Me parece extemporáneo. A nadie se le ocurriría ya decirlo, porque me parece como cuñado. Bueno, si quieres ser un cuñado dilo (carcajea). Es como lo típico que todo el mundo ha escuchado de sus padres o abuelos de la música de antes. Y yo cuando me veo en ese modo digo: “Hostia, cambia el chip”. No me quiero convertir en un abuelo cebolleta. Que a todos muchas veces las cosas del pasado nos parezcan mucho mejores es por pura nostalgia, no por calidad.

Hay una cosa que los Estopa le dijeron: “Cuando tenga un disco terminado, ya tiene que tener preparado el siguiente”.

Sí, pero no les hice caso (sonríe). Tener un disco preparado no sé qué significa para Estopa, pero para mí es tener tres o cuatro canciones que te llevan por un camino, que dices: “Este es”. Tener otro (disco) me parece algo totalmente imposible. No sé si ellos son capaces. Con el primero y el segundo sí que me pasó pero en general lo que he vivido conmigo mismo y los artistas, cuando sacas un disco es un vaciado absoluto y lo que venga después Dios sabrá.

Alizzz es su traje como productor, como frontman. Pero en su vida todo el mundo le llama Cris, ¿no?

Cuando haces música como que no hay esa dualidad, o no tanto, a menos que seas un personaje y te vistas y seas claramente un avatar. En general, que además como que se percibe, cuando tú explicas algo como artista no es como que estuvieras explicando una peli: es tu vida. Y eso no es un actor. Y siento que no puedes explicarlo si realmente no eres tú el que está ahí, tu persona. Pero mis amigos me siguen llamando Pisu.

¿Le llamaban así antes de ser DJ?

Sí, sí. Siempre, por el cole. Hay dos historias. Porque me parecía a un personaje de anime que se llama Pisu y, otra, porque casi me ahogo en el río Pisuerga.

¿Sí?

Una de las dos es la verdadera, pero ahí queda el misterio. Ha pasado tanto tiempo…

Usted, en su proyecto, defiende mucho el ser de Castelldefels, la cultura catalana, el Baix Llobregat…

Sí. Cuando hice el proyecto intenté entender cuál era mi identidad. Como de situarme. Soy de Castelldefels. Pero llevar esa bandera no me parecía interesante de ninguna manera, ni conceptual ni estético. Pero veía que, en mi pequeña parcelita del Baix Llobregat había algo que sí me parecía interesante como reivindicar, mi identidad, de dónde yo era, sobre todo después de pensar y ver todas las figuras importantes que habían salido a nivel artístico de la comarca. Los Estopa, Rosalía…

“Soy del Barça desde niño. Recuerdo ver la final del gol de Koeman con mis padres, pero era tan pequeño que me quedé dormido. Fue algo como wooowww”.

Alizzz

¿Le gusta el fútbol?

Sí. Soy del Barça.

¿Mucho?

De hecho hice el himno de su 125 aniversario. El año pasado. Hay un documental que salió en TV3 y lo hice con Jon Montero, que es la persona detrás de Oques Grasses, que es el proyecto más importante en catalán de la historia.

Es del Barça desde chiquitito.

He sido súper futbolero. Ha sido el deporte al que más he jugado. En el Castelldefels hasta los 18 años.

¿De qué?

Extremo derecho, muy rápido. Bajito, con mucha llegada. No era súper goleador pero sí muy técnico. Sin mucha llegada pero, igual, era como el tercero o cuarto goleador de mi equipo siempre. A mí me gustaba más jugar de mediapunta pero siempre me echaban a la banda. Jugué muchos años. Se me daba guay. No como para seguir jugando después de esa edad, con las ganas que tenía yo de salir con mis amigos de fiesta y no quedarme convocado a las ocho de la mañana un domingo. Luego lo he vivido más de jugar con mis amigos a fútbol siete, fútbol sala y ahora no juego nada. Pero sí lo veo.

¿Al Camp Nou iba de pequeño?

No. Ahora lo he hecho un poco más porque, como he hecho el himno, me invitan, pero no soy socio. No veo tanto partido, pero siempre estoy mirando los resúmenes. Atento a lo que pasa.

¿Cómo está viendo el Barça post Messi?

Me parece que todo el mundo sabía que cuando se fuese Messi, tan anunciado por Tomás Roncero, ¡el futuro fin del Barcelona que vaticinó como cinco años (ríe)!, que el Barça ese no acababa nunca, que también como aficionado del Barça ha sido una montaña rusa. Cuando yo era pequeño, el Barça no ganaba nada. Me acuerdo de la primera Copa de Europa con el gol de Koeman, que fue increíble. Yo era muy pequeño, pero lo recuerdo como WOWWW.

¿Dónde lo vivió?

Con mis padres. Y recuerdo una dos años después de esa, que yo era más mayor. Con la de Koeman yo me quedé dormido porque era un niño y mi padre me levantó y al año siguiente perdió 4-0 con el Milan, lo vi yo solo en mi casa con una bufanda del Barça que dije: “No me la vuelvo a poner porque da mala suerte”.

“Lamine está más cerca de Neymar que de Messi a nivel de lifestyle y de comunicación en redes”

Alizzz

Y no se la volvió a poner.

No, no (ríe). Pero luego llegó Messi y hemos vivido unos años del Barça interestelar, imbatible. Era una locura verlo jugar, que a los chavales les decía: “Esto no es lo normal. Lo normal es sufrir”.

¿Le gusta Flick?

Creo que, por fin, hay como orden en el vestuario, algo casi imposible en estos días que los jugadores de fútbol están como muy revoltosos. Son como súperestrellas, de cine o así. Y necesitas a alguien que realmente mantenga un poco el orden.

¿Qué piensa de Lamine?

He flipado con la calidad y sobre todo verle jugar de chaval, en la Masía. Es el típico jugador que tiene un guante. Hay que darle un poquito de espacio. Sobre todo tiene mala suerte de venir justo después de Messi, que te van a comparar con él. Y eso no es una bendición, eso es una mierda.

Y también están poniendo mucho el foco en su vida personal, si sale, si no.

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Creo que él también juega un poco a eso. A nivel de lifestyle y de comunicación en redes, está más cerca de Neymar que de Messi. Y en el Barça no estamos tan acostumbrados a gente que se muestra tanto e, igual, no cuadra tanto con el sello del Barça, más sobrio. Pero también está bien que al Barça le den una cara un poco nueva, de sangre fresca.

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