Gastronomía

Se gasta 2.554 euros para probar la comida de un avión y el resultado es desastroso: “Sabe entre a nada y a plástico”

El creador de contenido ‘Cenando con Pablo’ ha compartido un vídeo donde ha valorado distintos platos que ha comido a bordo de un avión.

Se gasta 2.554 euros para probar la comida de un avión y el resultado es desastroso: “Sabe entre a nada y a plástico”
Daniel Pérez G.
Redactor Tikitakas
Nació en Madrid en 1998. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la UC3M. Entró en Diario AS como becario de Actualidad en 2020, aunque también ha pasado por las secciones de Directos y Más Deporte cubriendo algún evento de ajedrez. Desde agosto de 2022 escribe en Tikitakas.
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A la experiencia de volar en business, muchas aerolíneas le agregan a sus pasajeros la posibilidad de probar la oferta gastronómica que ofrecen a bordo. Evidentemente, es imposible que la comida sepa como recién hecha, pues tiende a estar cocinada en tierra bastantes horas antes para recalentarla a miles de metros de altura, pero hay empresas que dan un servicio más que aceptable.

El último vídeo del creador de contenido ‘Cenando con Pablo’ cuenta una experiencia de este estilo a bordo de un avión de la compañía Etihad que cubre la línea Madrid-Japón. El billete, que le costó la friolera de 2.554 euros, incluía los platos de la carta, aunque no el Wi-Fi, por el que tuvo que invertir diez euros más.

“Voy a probar todos los platos del menú que me dejen las azafatas”, advirtió antes de enseñar el primero de la lista: un chicken briyani. La mezcla de arroz, frutos secos y pollo no pareció convencerle al influencer gastronómico. “El arroz es infumable, sabe entre a nada y a plástico. ¡Qué malo!”, expresó disgustado. El pollo, “tierno y picantito”, sí se salvó de la quema.

@cenandoconpablo

Comiendo en la clase Business de Etihad volando a Japón, esto es lo que te sirven las azafatas.. ¿Pagarías ese precio por volar en avión en business y comer esto?

♬ sonido original - CENANDO CON PABLO

El siguiente plato fueron unas carrilleras guisadas que, aunque “se masticaban con mucha facilidad”, no tenían “nada especial que les sumara atractivo”. La nota fue “pasable, correcta a secas”. Un alto techo en comparación con el de la sopa de zanahoria y tomate que “si le dicen que es de calabaza se lo cree”.

El combo de salmón, guisantes y caviar tampoco destaca negativamente, aunque el pan de acompañamiento “no vale para nada” por estar excesivamente blando. El penúltimo plato fueron unos surtidos de entrantes árabes en los que el hummus “parecía un puré de patata sin sabor”. El postre, un frangipane de frambuesa con crema de vainilla, estaba “bastante rico para ser un avión”.

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La conclusión es que la experiencia parece muy mejorable, aunque todo podría tener una explicación desde el punto de vista científico. No descartando la hipótesis de que, simplemente, la comida estuviera mala, existe una pérdida de sabor de los alimentos porque la humedad y la presión de la cabina reducen la sensibilidad de las papilas gustativas. Además, el ruido de los motores distrae al cerebro y hace que la comida parezca más insípida.

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