Gastronomía

El restaurante en la azotea de un hotel cinco estrellas desde el que se ve la Puerta del Sol de Madrid: brasas, ostras y caviar

En la azotea del Hotel Thompson Madrid, el restaurante Makáá es un lugar contemporáneo y con el fuego como gran valedor.

El restaurante en la azotea de un hotel cinco estrellas desde el que se ve la Puerta del Sol de Madrid: brasas, ostras y caviar
oriana duran
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Un restaurante es casi como una vida en sí misma. Hay restaurantes por los que pasas y desaparecen en lo más profundo de tu memoria; otros te recuerdan momentos especiales; y luego están aquellos que nunca olvidas. Eso es lo que me ocurre cada vez que piso la azotea del Thompson Madrid. Allí se encuentra Makáá, un espacio donde no solo se come bien —muy bien, diría— sino que se vive una experiencia distinta desde que sales del ascensor, recorres el pasillo y su terraza hasta llegar a la barra que abraza el comedor. Una apuesta del Grupo Lamucca que aspira alto.

Restaurantes como Lamucca o Ultramarines del Coso ya habían demostrado la capacidad del grupo para cuidar el producto y construir cartas diferentes, pensadas al detalle. Sin embargo, en Makáá la experiencia da un paso más. Abierto a finales de 2025, apenas lleva unos meses de vida, y quizá sea pronto —o incluso arriesgado— empezar a hablar de reconocimientos, pero si mantienen el nivel y cuidan cada paso en su cocina, no sería extraño que en el futuro aspiraran a un Sol de la Guía Repsol.

Para lograrlo se necesita una experiencia culinaria excelente y coherente: producto de calidad, creatividad, servicio impecable y un ambiente cuidado. Makáá reúne todos esos elementos. Su propuesta gira en torno al fuego como eje central, con la intención de volver al origen: la brasa que transforma el producto sin disfrazarlo, la luz natural que marca el ritmo de la cocina y sabores que no necesitan artificios para emocionar.

En su parrilla, verduras, pescados y carnes se encuentran con el fuego real. Platos con personalidad como la lubina con salsa bilbaína, terminada en el propio salón, reflejan una cocina de presentación limpia y sabor directo. Los acompañamientos también tienen protagonismo propio, como su puré de patata —en mi opinión, uno de los mejores de Madrid— que atrapa desde el primer bocado. La selección de vinos encuentra su espacio en la experiencia, igual que unos postres pensados para cerrar el recorrido con equilibrio.

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La velada suele empezar con una copa en la barra, continúa en una mesa compartida y termina cuando el sol cae tras los ventanales mientras las luces de Madrid iluminan la noche. Makáá ha llegado para conquistar el cielo de la ciudad, pero quizá lo que aún no saben es que han iniciado un camino que puede llevarles mucho más lejos.

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