¿Por qué la princesa Irene de Grecia nunca se casó? La historia con su primo Mauricio de Hesse y su renuncia al amor real
Hermana y fiel acompañante de la reina Sofía, nunca se casó ni ocupó un trono.
Irene de Grecia ha sido la fiel acompañante de la reina Sofía a lo largo de toda una vida. La princesa del país heleno nunca llego a casarse, y no por falta de pretendientes.
Su madre, la reina Federica, intentó casar a su hija menor con el entonces príncipe Harald de Noruega, pero él eligió finalmente a Sonja Haraldsen. Irene llegó a aprender noruego pero el casamiento nunca tuvo lugar.
También mantuvo una relación con su primo Mauricio de Hesse, que terminó en decepción cuando él contrajo matrimonio con otra aristócrata. El patrón se repetiría: vínculos sentimentales intensos que no culminaron en boda.
Con el tiempo, Irene pareció aceptar que su destino no pasaba por formar una familia propia. Otros romances, como los que mantuvo con el aristócrata Gonzalo de Borbón o con Jesús Aguirre, fueron interrumpidos por la intervención del rey Juan Carlos, ‘preocupado’ por proteger la imagen de la Casa Real y la estabilidad emocional de su cuñada.
Las interferencias del monarca y las circunstancias personales de sus parejas frustraron lo que podrían haber sido relaciones duraderas.
Su renuncia al amor real: “Mis errores son solo míos”
Lejos de dramatizar sus fracasos amorosos, la princesa optó por una vida dedicada a la música, la meditación y la ayuda humanitaria. Como ella misma confesó a su biógrafa: “Mis errores son solo míos”, una frase que resume su modo de asumir con entereza y dignidad la renuncia a una vida sentimental tradicional.
Irene de Grecia ha sido durante décadas una figura discreta pero inseparable de la reina Sofía. Sin embargo, su vida está realmente lejos de la imagen de acompañante silenciosa.
Irene de Grecia vivió una juventud bohemia, renunció a casarse por otros enlaces y amores frustrados y eligió un camino de compromiso humanitario y espiritualidad, en una vida que ha desafiado todas las convenciones de la realeza europea.
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Nacida en el exilio en Sudáfrica, formada como pianista y marcada por fuertes convicciones personales, Irene ha mantenido siempre un perfil bajo, aunque sus decisiones vitales —desde vivir sin título real hasta fundar una ONG— revelan una personalidad compleja y alejada de las expectativas monárquicas.
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