La nueva vida de Eva Nasarre: de presentadora de ‘Puesta a punto’ en TVE a figura del activismo social
La presentadora catalana de 64 años, estrella de la televisión en los ochenta, reside en Tres Cantos (Madrid), desde donde realiza una digna labor social.


En el siempre mediático y fulgurante elenco de comunicadores que conforman el ecosistema del periodismo deportivo conviven numerosas estrellas. Algunas logran permanecer durante décadas al pie del cañón, pero otras, amén de las decisiones que cada uno toma según las bifurcaciones a las que el rumbo de la vida condena a cada uno, se han alejado hasta casi desaparecer. Es el caso de Eva Nasarre.
La mítica presentadora de ‘Puesta a punto’ y ‘En marcha’, míticos formatos de TVE en los que se animaba a los espectadores a seguir los pasos que ella, ataviada como monitora de aeróbic, dictaba, vivió un ascenso fulgurante de su fama con tan solo 22 años, edad a la que se puso al frente del primer programa citado. Pasó de la nada mediática a ser, de golpe y porrazo, una personalidad ampliamente conocida en el país.
Ha llovido mucho desde entonces. Nasarre hoy vive lejos del foco que entonces debía iluminar el plató en el que se hizo popular. A sus 64 años reside en Tres Cantos (Madrid), desde donde realiza una labor social que abrazó desde que su vida virase por completo en 1999; desapareció entonces de los medios y se encomendó al trabajo social y, concretamente, a liderar el activismo por los derechos de las personas con discapacidad y dependientes.
Enfermedad y lucha social
Fue un diagnóstico de artritis reumatoide grave lo que detonó aquello. Esta enfermedad degenerativa e incapacitante hizo que necesitase una silla de ruedas para desplazarse. Y el compromiso social que derivó de aquello, lejos de incitar su claudicación profesional, la elevó como figura y ejemplo: en la actualidad es una comprometida portavoz de la Plataforma en defensa de la Ley de Dependencia en Castilla-La Mancha, labor que le ha sido reconocida con más de un premio.
A finales de 2023 encogió el corazón de sus seguidores en redes sociales al confesar el dolor emocional que sentía de manera diaria al ver el nulo avance en aquello en lo que tanto se vuelca desde hace décadas. “Acabo el año muy cansada. En cada lucha por unos cuidados dignos, se va una energía que necesito mucho para mí, por mi situación de enferma crónica con discapacidad y dependencia. No tengo ninguna esperanza en que los cuidados mejores. Ninguna”, escribió entonces. Pero no se ha rendido. Nunca lo ha hecho.
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No lo tuvo fácil en lo personal. Tras su divorcio con Chema Álvarez, con quien tuvo a su hijo Joan Marc, vivió una difícil espiral de acusaciones que desembocaron en un distanciamiento entre madre e hijo. Fue en 2012 cuando volvieron a reunirse. Hoy es abuela, reside alejada de la televisión y lucha por un mundo mejor.
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