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La impresionante casa de Juan del Val y Nuria Roca en Madrid: dos pisos y un oasis en el jardín

La pareja reside en un amplio inmueble ubicado en Pozuelo de Alarcón, junto a la capital, que combina creatividad y carácter.

AITOR MARTÍN DIARIO AS
02/06/25
INAUGURACION DEL RESTAURANTE CASA LAMPAZAS 
JUAN DEL VALL
NURIA ROCA
Sergio Murillo
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
Actualizado a

La semana literaria une fuerzas con la crónica social, el entretenimiento y la televisión para mostrar cada sector al mismo protagonista: Juan del Val. El periodista, escritor y colaborador de El Hormiguero se ha convertido en el ganador del Premio Planeta, dotado con la friolera de un millón de euros —se trata del galardón de las letras que mayor recompensa concede al vencedor en todo el planeta—, por su novela Vera, una historia de amor. Toca celebrar.

Habrá sonreído el polemista al cruzar el umbral de la puerta de su casa, acompañado de Nuria Roca y con el trofeo bajo el brazo. Nada como volver al hogar. El suyo, al menos donde reside junto a la periodista y sus tres hijos —entenderá el lector que el hogar es abstracto y que depende del corazón—, se encuentra en Pozuelo de Alarcón (Madrid) y es el vivo reflejo del carisma que desprende la pareja: rebosa creatividad y carácter.

Entrada, salón y cocina

La autenticidad se muestra desde que uno gira el pomo. Se accede a la vivienda a través de un recibidor cálido y funcional que destila el toque práctico del inmueble y que cuenta con un espejo que aprovecha la luz natural para bañar de luminosidad la entrada. De fondo, las escaleras por las que se sube a la planta superior. En el suelo, una bonita alfombra mullida y un puf para los días en los que uno no pueda esperar al sofá para decir aquello de “no me he sentado en todo el día”.

Custodia el alma de la casa un salón de amplias proporciones que se forma en torno a un sofá azul marino que, con varios cojines sobre él, juega a ser un pez de escamas de colores. Las mesas auxiliares doradas y la chimenea cumplen a la perfección con la filosofía doméstica de la casa, que, con suelos hidráulicos, elevan lo tradicional a lo moderno.

No se trata de una residencia de decoración bonita pero impersonal. Al revés. Buena prueba de ello es el comedor, cuyas sillas Wishbone de Hans J. Wegner, que rodean una mesa de cristal, se complementan con la vajilla retro y los recuerdos personales. Todo cabe en una estancia. Lo mismo con la cocina, que combina muebles lacados en blanco con la inmensa isla de mármol del centro.

Un sinfín de estancias, dormitorio y jardín

Hay más. Tienen un despacho-biblioteca, amén de la profesión de cada uno; un bar doméstico, porque cualquier punto de la casa es bueno para tomarse un respiro; y una zona de ejercicio donde se refleja el culmen de la decoración: ni la bicicleta estática desentona. El dormitorio, por su parte, destila serenidad por sus tonos neutros y su sencillo mobiliario; junto a la ventana, una butaca para leer y observar el jardín.

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Este ambiente se traslada al exterior: el porche, rodeado de plantas, presenta sillas de mimbre y una mesa para almorzar. No pasan desapercibidas la piscina azul turquesa ni el olivo iluminado que otea la parcela. Un oasis en el que Juan del Val, muy probablemente, quiera esconderse en más de un momento durante los días en los que su nombre ocupa más titulares que de costumbre.

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