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La impresionante casa de Amaia Montero en pleno centro de Madrid

La vocalista de La Oreja de Van Gogh compró allá por 2009 un piso en un céntrico barrio de la capital que hoy cuesta tres veces el precio que pagó.

La impresionante casa de Amaia Montero en pleno centro de Madrid
Sergio Murillo
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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Ya era suyo el 20 de enero, pero ahora se ha adueñado del espectro mediático de todo el mes de octubre. Amaia Montero y La Oreja de Van Gogh han desafiado al paso del tiempo y han hecho de su regreso un auténtico terremoto —como pocos se han visto en España— de ventas y comentarios en las calles y en redes sociales. Su leyenda comenzó allá por 1996 en San Sebastián y, como a tantos otros, los caminos de la industria le llevaron a Madrid.

Antes de dar el salto a la capital quiso dejar todo bien atado en su tierra natal: en 1999 compró un piso en su ciudad de 97 metros cuadrados distribuidos en tres habitaciones, dos baños y terraza cuyo valor asciende a 400.000 euros; el mismo calendario, adquirió un terreno de 2.666 metros cuadrados con local social, pista de tenis, piscina y hasta vestuarios. Y cuando se separó de La Oreja —en lo musical, que no en lo empresarial—, compró una casa en la capital de España.

Una buhardilla luminosa y colores vivos

Escogió el céntrico barrio de Salamanca para fijar su residencia. Era 2009. Se trata de un piso de 289 metros cuadrados repartidos en cinco habitaciones y cinco baños en el que, como indica Informalia, no consta ella como la propietaria, sino su empresa, Poquito a poco S.L., activo que dio de alta en la primera etapa de La Oreja y a través del cual facturaba sus conciertos como artista en solitario. Este piso en la popular Milla de Oro costó un millón de euros hace 16 años; hoy, se puede vender por tres veces su valor.

Si bien es cierto que no muestra demasiado su hogar en redes, sí que ha presumido en más de una ocasión de algunas estancias concretas, destacando una buhardilla de paredes blancas y suelo de madera oscura que, al dejar entrar un chorro de luz natural, se ilumina por completo, aportando a la casa unos toques de alegría y viveza. Esta apuesta por los colores claros, visible también en los muebles, es una constante en la casa de Amaia, que combina con puertas correderas blancas en los armarios para reforzar la sensación de amplitud.

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Uno de los puntos que mejor encierran el alma de Amaia es su sofá, grande y tapizado en lino, que crea un ambiente relajado y acogedor en el que la artista hace de su intimidad un oasis de relajación. Sobre todo ahora, que el tsunami es inevitable.

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