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El día que rechazaron a Rosalía en un club de Barcelona en 2014: años después, volvió para hacerse un selfi con el dueño

El empresario y gastrónomo Kim Díaz contrató a la cantante para una actuación en Mutis, pero su estilo no terminó de encajarle.

El día que rechazaron a Rosalía en un club de Barcelona en 2014: años después, volvió para hacerse un selfi con el dueño
Débora Paz
Natural de O Porriño, Pontevedra. Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Comenzó su aventura en As en 2017 en el departamento de redes sociales. Tanto te habla del salseo del momento como de fútbol sala.
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Rosalía no para de recibir halagos y distinciones por ‘LUX’, su último disco de estudio que ya es todo un éxito a nivel mundial. Sin embargo, los inicios de la artista catalana no fueron nada fáciles. Sin ir más lejos, en 2014 fue rechazada en un conocido club de Barcelona, el Mutis, ya que su estilo “no encajaba con la programación”. Así se lo hizo saber Kim Díaz, el empresario y gastrónomo responsable del local.

“Mira, ha estado muy bien, realmente bien, pero me temo que tu estilo no encaja con la programación del club”, sentenciaba después de la primera y última actuación de Rosalía en el club Mutis, justo sobre el Bar Mut. Lo que no se esperaba Díaz es que años después la cantante catalana se iba a convertir en una estrella de renombre, con multitud de premios y más de 27 millones de seguidores en Instagram.

La particular anécdota de Rosalía

Con Rosalía ya consolidada, Díaz se acercó a ella, recibiendo una respuesta para el recuerdo: “Ya nos conocemos. Hace cinco años canté en tu club, pero me dijiste que no podrías llamarme más porque no encajaba con vuestro estilo”. “Björk iba vestida de geisha y miraba al frente, impertérrita, como si no estuviese allí. Y yo, helado, imagínate”, recuerda el empresario en declaraciones recogidas por La Vanguardia.

No obstante, la artista restó importancia al asunto soltando una buena carcajada y pidiéndole un selfi a Díaz. Sí, Rosalía a él. Una acción que el empresario no olvidará nunca. “Soy como un imán para para momentos extraños con gente importante”, dice.

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Y es que Díaz también tiene una anécdota con Woody Allen en el Bar Mut. “Vino a cenar con su esposa y una amiga común, que lo trajo a casa, y se manchó el pantalón con el jugo de una cabeza de gamba, nada menos que en la entrepierna. EL tipo se levantó y me hizo gestos señalándome la zona. Ahí empezó un juego de mímica descacharrante. Le dije que lo arreglábamos enseguida y ahí me tuvo, agachado ante el paquete de Woody Allen dándole al Cebralín”, concluye con humor.

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