Sabalenka-Kyrgios: la Batalla de los Sexos que no fue tal
Bielorrusa y australiano escenifican en Dubái un duelo más centrado en el show que en una comparativa entre géneros superada.


Todo eran risas y sonrisas en el calentamiento previo a la Batalla de los Sexos 2.0, que acogió este domingo el Coca-Cola Arena de Dubái (Emiratos Árabes). Ni rastro de la tensión que presidió el embrión de este envite, aquel enfrentamiento que protagonizaran en 1973 Billie Jean King y Bobby Riggs. Entonces se trataba de comprobar, con una dosis importante de paternalismo (Riggs jugó con 55 años, lejos de su esplendor, y King lo hizo en su prime, con 29 y en la temporada en la que había ganado su 10º Grand Slam), si la mujer podía con el hombre dentro de una pista de tenis. Y pudo. Esta vez no. En un choque disputado sobre una superficie asimétrica, un 9% menos de terreno jugable en el lado de la bielorrusa Aryna Sabalenka, el ganador fue el australiano Nick Kyrgios (doble 6-3).
Pero la dialéctica fue de otra cosa. Lo de batalla entre sexos quedó para el nombre del invento y poco más. Porque hoy por hoy nadie (al menos nadie con dos dedos de frente) discute ya la participación femenina en el deporte profesional. Aquello que dijo en su día Riggs de que las mujeres deberían “restringir su actividad a la cama y la cocina” ha quedado desterrado de cualquier debate serio, restringido al cuñado de turno en el quinto pacharán de la sobremesa de Nochebuena. Hoy por hoy ningún promotor con un mínimo de apego por su negocio permitiría que una tenista de élite entrara en pista caracterizada como Cleopatra y porteada por cuatro ‘armarios empotrados’ como si fuera mercancía frágil. Y si quisiera darle ese tono al asunto, seguramente no habría elegido como escenario Dubái, un territorio que en su legislación incluye, entre otras cosas, la obediencia debida de la mujer a su marido.
Sabalenka leaves Krygios SPEECHLESS 😱
— Tennis Channel (@TennisChannel) December 28, 2025
Can't hit a better forehand on the run 👏 pic.twitter.com/Q852fzI4ek
Si una tenista es capaz de superar a un tenista, o si una golfista es capaz de superar a un golfista, o si un equipo con las 11 mejores futbolistas del mundo sería capaz de imponerse a sus homólogos es una curiosidad tan respetable como poco edificante. No aporta nada, y menos en ausencia de igualdad de condiciones. De hecho es la diferencia lo que confiere valor por separado a ambos productos. Uno quizá no acuda a un torneo de golf femenino buscando velocidades de bola siderales, pero puede aprender mucho más de la mecánica de un swing que observándoles a ellos. Cada cosa con su atractivo.
Ronaldo, Kaká y ‘La Macarena’
Desprovisto de esa intención comparativa, al menos por lo que se vio en pista, fue el show por el show, organizado por la agencia que representa a ambos, Evolve, porque algo hay que hacer para llenar el vacío deportivo que dejan las Navidades. Con celebridades como Ronaldo, Kaká o Peter Crouch en las gradas, se jugó al tran tran. Abundaron los gestos para la galería y las muestras de complicidad entre ambos, más allá de que en la previa hubieran tratado de ponerle un poco de picante al guiso. “Le voy a patear el culo”, decía Sabalenka, número uno del ranking. “Ganaré con facilidad”, lanzaba Kyrgios, que ha jugado cinco partidos ATP desde junio de 2023, con muchos problemas físicos entre medias.
Ni lo uno ni lo otro. Con solo un saque por cabeza (la falta era punto para el adversario), cosa que abundó en el sinsentido porque esa sí que es una suerte en la que se aprecian diferencias significativas entre géneros, y no en un apartado físico en el que los avances tecnológicos y la ultraprofesionalización de estos tiempos han estrechado los márgenes que establece la biología, venció Kyrgios en dos sets ventilados entre chanzas, revolcones por la pista, muchas dejadas, saques de cuchara y algo de trash talking amistoso. Sabalenka hasta se arrancó a bailar La Macarena en uno de los tiempos muertos. “Siento que la próxima vez que juegue contra él ya conozco la táctica. Conozco sus fortalezas y debilidades. Seguro que será un mejor partido”, apuntó después, y dejó abierta la puerta a una futura “venganza”: “Me encantaría volver a jugar”. “Fue una batalla muy luchada. No diría que soy el ganador, diría que ganó el espectáculo”, dijo Kyrgios. Nunca sabremos lo que habría pasado de jugar ambos a su 100%, así que la única lección que puede extraerse es que para la próxima quizá haya que buscar otro nombre.
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