Alcaraz alcanza en Australia la semifinal de Slam que le faltaba
Sin hacer un partido extraordinario, el español supera claramente al australiano De Miñaur y llega a la penúltima ronda sin perder un set. Le espera Zverev.


Al trantrán, apretando cuando y como quiso, Carlos Alcaraz alcanzó este martes en el Open de Australia la única semifinal de Grand Slam que le faltaba (es el cuarto jugador en activo que hace pleno tras Djokovic, Cilic y Sinner). Para conseguirlo, superó claramente a Alex de Miñaur (7-5, 6-2 y 6-1 en 2h15) a pista abierta, porque el calorazo (cerca de 43 grados en algún momento de la tarde) dio un poco de tregua y no se utilizó el techo retráctil de la Rod Laver Arena. Se impuso con una facilidad casi insultante para su rival, sin hacer, ni mucho menos, un grandísimo partido ni alcanzar su máximo nivel. Y sin haber perdido un set en cinco encuentros, está a dos pasos del título con el que completaría el póker en la categoría. El viernes (no antes de las 04:30, Eurosport), Carlos se enfrentará a Alexander Zverev por un puesto en la final. El alemán dominó desde su poderoso servicio (24 aces) al estadounidense Learner Tien (6-3, 6-7 (5), 6-1 y 7-6 (3) en 3h11). “Tengo que subir mi nivel. He visto a Sascha durante todo el torneo y ha jugado un gran tenis, sólido y agresivo, sacando bien. Tengo que estar listo. Me ganó entrenando antes del torneo”, advirtió Carlos.
EL MEJOR ALCARAZ DE SIEMPRE. No estamos exagerando.
— Eurosport.es (@Eurosport_ES) January 27, 2026
🙌🏼 Carlos anula por completo a De Miñaur (7-5, 6-2 y 6-1) y está en semifinales del #AusOpen por primera vez en su carrera.
📺 El viernes, semifinal del #AO26 ante Zverev, en Eurosport y @StreamMaxES pic.twitter.com/GaOidWlz5w
Entre todos los majors, Alcaraz ya acumula 10 semifinales y es el segundo tenista más joven que llega a esa cifra, con 22 años y 272 días, tras Rafa Nadal, que lo hizo en el Open de Australia de 2009 con 22 y 243. También el octavo español que juega una en Melbourne, tras el balear (7), Ferrer (2) y Ferrero, Gimeno, Gisbert, Moyá y Verdasco (1).
“De Miñaur es muy difícil. Empecé bien, pegándole bien a la bola, con muchos ganadores. Pero él te hace estar en un aprieto; hay que pegarle muy fuerte en todo momento. Paré un poco; mentalmente estuve ahí. Jugar contra Alex es muy difícil, hay que estar concentrado en cada bola, los puntos hay que ganarlos tres o cuatro veces”, dijo el de El Palmar con elegancia. El hecho es que el jugador de origen español nacido en Sídney, de 26 años y número 6 del mundo, le puso voluntad, pero no pudo evitar topar de nuevo con el muro de los cuartos de final. Es el tercer jugador en la Era Open que no logra superar las siete primeras a las que llega, tras Tommy Robredo y Andrey Rublev. No lo tenía fácil ante un oponente que le ha ganado siempre (6-0) y que no pierde contra australianos (14-0).
Para tener alguna opción de victoria, De Miñaur necesitaba hacer un gran partido y que Alcaraz no estuviera bien. El aussie se acercó a su objetivo, pero el porcentaje de efectividad con primeros servicios (50%) le lastró en el primer set. Su golpeo plano y la velocidad endiablada con la que se mueve por la pista (no hay nadie más rápido en el circuito) hicieron mella en el juego del murciano, que tampoco sacó bien (53%). Pero suplió los errores (16 no forzados en el parcial, 10 de ellos de revés) con aceptación y un plus de agresividad que no se le había visto en anteriores partidos, yéndose a la red con frecuencia. Del 3-0 inicial para Carlos se pasó al 3-3. Después se adelantó de nuevo el ganador de seis Slams con otro break al que respondió de inmediato Alex. Y cuando todo apuntaba a un desempate, lo impidió Alcaraz mediante una rotura para apuntarse la manga.
De menos a más
El segundo set empezó igual de bien que el primero para Carlos, con un quiebre que le enfiló hacia la victoria. De Miñaur le buscó con descaro el revés, pero de tanto repetir, al final, quien falló fue él. Y la frustración, poco a poco, le invadió. Un mucho de él no bastaba contra un poco de Alcaraz. Ni los ánimos de un público entregado con su clásico “aussie, aussie, aussie” levantaban la moral del ídolo local, que veía cómo, para colmo, el juego de su oponente iba a más, salvo por el servicio, que seguía atascado.
La tercera manga casi sobró, porque el encuentro estaba completamente decidido desde hacía ya rato. Charly, a lo suyo, no cedió ni un milímetro y aseguró sus golpes con precisión quirúrgica: latigazo va, latigazo viene, camino de una perfección que podría alcanzar a poco que se lo proponga. Hablando en español, De Miñaur le decía a su entrenador, Adolfo Gutiérrez, que a lo mejor tenía que “intentar algo diferente”. “Esto no está funcionando”, repetía. Pero ya no había espacio ni tiempo para la reacción. “Estoy muy feliz por la forma en la que estoy jugando cada partido. Estoy subiendo mi nivel; hablaba con mi equipo y me decían que fuera paciente. Estoy cómodo, jugando un gran tenis, muy feliz por estar en semifinales”, resumió un Alcaraz que, de momento, está imparable.
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