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Fernando Verdasco: entrenador, yoga y otra raqueta para renacer

El número dos de España llegó a caer al 59º del ránking ATP y en mayo firmó a Ricardo Sánchez, extécnico de Jankovic o Wozniacki, que ha enderezado su rumbo.

Verdasco, durante un entrenamiento en la Caja Mágica.
PEPE ANDRES
Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Dos imágenes retratan al Fernando Verdasco poderoso. Una, las lágrimas de Mar del Plata cuando dio el punto decisivo a España frente a José Acasuso en 2008. Otra, la semifinal del US Open 2009 en la que Nadal tuvo que emplear 5h:14 para tumbarle. Ese año se colocó 7º del mundo. Gil Reyes modelaba su físico y Agassi le alababa... Pero en 2011 y 2012 no cumplió sus metas. Comenzó 2013 y sólo ganó un partido en cinco torneos tras Australia. Su ránking bajó hasta el 59º. Sin rumbo.

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Entonces, decidió acudir a Ricardo Sánchez, un entrenador que llevaba diez años en el circuito femenino y dirigió a números uno como Jankovic o Wozniacki. “Me pidieron que le ayudara en el Madrid Open. Venía con muy poca confianza y estaba fuera de punto. Yo soy muy positivo y poco a poco hemos ido cambiando cosas”, recuerda Richi.

Arma. Lo primero fue reconciliarse con su arma, la raqueta, con la que estaba peleado. Verdasco había llegado a probar más de una decena de ellas, incluso salió en Madrid con un prototipo negro. “Antes de Wimbledon tomamos riesgos (se decidieron por una Babolat como la de Nadal). Le daba más velocidad. Esta raqueta despide más y coge más efectos y en partidos a cinco sets guardar energía se agradece”, explica Sánchez. Allí, en el All England Club, el zurdo madrileño llevó a Murray a disputar cinco mangas. Después vino la final en Bastad, los cuartos en Hamburgo y, sobre todo, la mejora en su tenis (ahora es 33º en el ránking).

“Siempre ha sido más débil mentalmente y en cuanto mejore estará en el top-ten otra vez”, dice el técnico de su pupilo de 29 años. “Tras el US Open (cayó en primera ronda contra Dodig), hemos comenzado a hacer yoga todos los días. Te relajas física y mentalmente y aprendes un código de conducta. Creo más en esta técnica que en la psicología deportiva”, dice Sánchez.
Verdasco, más afinado y templado, está listo de nuevo para dar batalla. Hasta en la Davis, que no pisaba desde diciembre del 2011.

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