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Susurros del campo CON EL AVAL DE LA REVISTA TROFEO CAZA

Autor: Rocío de Andrés

Blog del Diario AS sobre el negocio que hay detrás del gran espectáculo de masas en el que se ha convertido el deporte.

Nuestro perro de caza y el frío

“Por San Sebastián, le tiembla la cola al perro”. Cuanta sabiduría encontramos en nuestro refranero. Así es, el frío ya ha hecho acto de presencia y la nieve junto con las heladas, visten de gélidos blancos nuestro campo.

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Nuestro perro de caza y el frío

Enero y su temida cuesta, se preparan para despedirse y con ello, también rematamos los últimos días de la temporada general de caza. Eso sí, abrigados.

Nieve, lluvia, viento, que ahora le ponen nombre y apellidos, cuando de toda la vida, en enero ha hecho frio, en julio nos cocemos y “por San Blas, la cigüeña verás”.

Ahora toca ver al “grajo volar bajo” y sobre todo abrigarse, más si cabe, a la hora de salir al campo a disfrutar de una jornada de caza. Y si vamos con nuestros fieles compañeros de caza, debemos ser precavidos con los efectos que las bajas temperaturas, puedan tener en los perros.

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Los efectos del frío en nuestros canes pueden ser muy diversos según la raza, los hábitos de vida, las costumbres… Un perro de caza puede convivir perfectamente con nosotros, de hecho, para la gran mayoría de los cazadores, su perro de caza es, además, su perro es el compañero y guardián de los más pequeños de la casa.

Nuestro perro de caza es mucho más que un mero acompañante en nuestras jornadas cinegéticas, es un miembro más de nuestras familias, son parte de nuestras vidas. Y como tal, preservamos siempre por su bien estar y nos deleitamos en cada uno de sus cuidados.

Pero ojo, cuidado con el frío. Si el perro está fuera en un día muy frío, deberemos procurar que realice el suficiente ejercicio físico para que su salud no se vea afectada. Tenemos que ser conscientes de que el animal puede llegar a la hipotermia, lo cual resulta muy peligroso incluso llegando a la muerte del perro.

Para saber si nuestro can está entrando en hipotermia, la forma más fiable es medirle la temperatura (que nunca deberá bajar de 32ºC). Evidentemente, en el campo esto resulta harto complicado, por lo que podremos observar otros síntomas como el enfriamiento generalizado, la disminución del ritmo respiratorio, un pulso débil, arritmias cardíacas… Ante cualquiera de estos síntomas, tenemos que trasladar de inmediato al animal a un lugar cálido y seco, arropándolo con mantas y dándole todo el calor posible en el tronco (no en las extremidades).

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Otro problema no menos importante y a la vez muy preocupante, es el de la congelación, que afecta a las orejas y al rabo principalmente. En el caso de que se produzca, la trataremos como si de una herida profunda se tratara tras descongelar la zona sin retirar el tejido afectado (si podemos evitar tocarlo, es lo ideal), ya que sirve para que proteja la zona interior. En este caso, el veterinario le tratará con antibióticos.

Y al igual que ocurre con las personas, el problema más común del frío son los catarros y la tos. En los perros, el catarro suele venir acompañado de estornudos, picor, secreciones nasales… En cuanto a la tos, recurriremos a su veterinario para que determine su origen y así poder frenarla.

Por otro lado, conviene señalar la necesidad de tener especial cuidado con la nieve ya que, a pesar de que la gran mayoría de los perros disfrutan jugando con ella, lo cierto es que puede provocar serias lesiones en sus almohadillas. Así que, cuidado…

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En lo que a alimentación de nuestros perros se refiere, bien para los perros que viven fuera, como para los que lo hacen dentro, es fundamental regular el aporte de nutrientes durante los meses de frío, incrementando la cantidad de comida o incluso enriquecerla con alguna grasa, lo que iremos haciendo de forma paulatina y nunca de una sola vez.

Si nuestro perro debe vivir en el exterior, es necesario que le tengamos con mejores condiciones cuando las temperaturas bajan. En un recinto cerrado y vallado, protegido del viento y lluvia y siempre con una caseta en el interior. Si el perro esté suelto en el exterior, deberemos proporcionarle de la misma manera una vivienda, siempre teniendo en cuenta el tamaño del animal y elevada del suelo.

Para los perros que conviven en el interior de nuestro hogar, es mucho más sencillo, tan solo buscarles un espacio adecuado en casa, donde colocaremos su manta o colchoneta. Este lugar no debe ser muy cercano a los radiadores o a las fuentes de calor, puesto que lo más importante para el animal es evitar los cambios bruscos de temperatura.

Nuestro perro de caza, es uno más de la familia… ¡Salud y buena caza!

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