La dormilona

Por tres, por cuatro o saliendo por la puerta, el pádel ha llegado para quedarse como deporte profesional. Por ello, y porque lo mejor está por venir, este blog nace para analizar, valorar e informar sobre la actualidad del mundo de la pala. Pasen a la pista.

Autor: Alberto Bote

LA DORMILONA

¿Cuánto costarán las pelotas de pádel en 2022?

La escasez de materiales, el coste de transporte y los retrasos hacen presagiar una subida; hay quien apunta a precios de hasta 10 euros.

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Pelotas de pádel dentro de una pista de pádel.
Pascalbox

Es un tema que está en la calle. La escasez de ciertos productos comienza a ser una realidad y un tema de conversación recurrente -sin caer en alarmismos- y, en el mundo del pádel, son muchas las voces que señalan a un escenario poco esperanzador para el próximo año.

Y es que el pádel vive inmerso en una tendencia alcista nada habitual tras los confinamientos de 2020. Tras unos meses de suma incertidumbre por conocer cómo sería la mal denominada “nueva normalidad”, el pádel acogió a miles de aficionados que vieron en este deporte una práctica segura. Y, muchos, se han quedado.

Porque el deporte de la pala gestiona más pistas que nunca, tiene una demanda de clases mayor y, además, consume producto muy por encima de lo que lo hacía hasta el parón de 2020. Un factor, este último, que, unido a la crisis mundial del comercio, pone sobre aviso al sector.

Y, para muchos, el gran afectado será la pelota de pádel. Quizá también las palas de pádel y el resto de material duro, pero especialmente los consumibles. Pero, ¿Por qué? ¿Cuánto costará a llegar? Vamos a intentar analizar qué sucede y cómo puede ser el futuro.

La crisis del producto, el condicionante

Sin duda alguna este es el factor determinante. La falta de materia prima está condicionando muchas industrias y el pádel no iba a ser una de las que saliera indemne. Ni que decir tiene, además, la crisis energética que vivimos.

Por el origen de fabricación de los productos y las pelotas -China, Pakistán, Tailandia o Filipinas- esta industria se sitúa en un escenario muy similar al de tantos otros mercados. La materia prima escasea o, en el mejor de las casos, tarda en llegar y, esto, alarga los plazos de fabricación, entrega y reposición.

Una imagen del reportaje de Benedict Redgrove en la fábrica de Wilson.

Un instante del reportaje de Benedict Redgrove en la fábrica de Wilson.

Dicho de otra forma, se demanda más que lo que se produce. O se produce más lento de lo que se había programado. Las fábricas de pelotas -que no son muchas en estos países asiáticos- detuvieron su producción por la pandemia, alteraron el mercado y aunque han incrementado considerablemente su producción para abastecer la demanda, no son capaces de sostener el incremento en el consumo. Y aparece la “rotura o falta de stock” que tan habituales son en los últimos meses.

Los transportes, por las nubes

Otro factor que determina el precio de un producto importado es el transporte. Y, esto, ha cambiado mucho en los últimos meses. Es más, cambia y oscila de forma casi constante haciendo los procesos más largos.

La crisis del transporte tuvo su momento álgido en marzo de 2021 con el atasco del Canal de Suez. Una situación de sobra conocida que se alargó en el tiempo y que tendría un impacto directo en las mercancías y sus costes pues esta ruta marítima es la más utilizada en el comercio entre Asia y Europa con más de 100 buques diarios.

Buques en los que, como no podía ser otra forma, se transportan grandes cantidades de producto de pádel. Especialmente, consumibles. Las palas de pádel, por una cuestión de almacenamiento, son operadas con normalidad en transporte aéreo mientras que las pelotas o los consumibles, cuyo volumen es considerablemente superior, lo hacen por barco para abaratar costes.

Costes que, ahora mismo, están disparados. La poca disposición de barcos y contenedores, los retrasos de estos en origen, ruta y destino y los altos precios que se maneja para la reserva, hacen que los precios, en algunos casos, lleguen a cuadruplicar el coste habitual.

Un barco proveniente de China con contenedores.

Un barco proveniente de China con contenedores entrando a puerto.

“En 2020 pagábamos por un contenedor unos 3.000 euros de media. En 2021 estamos ya asumiendo casi unos 12.000", asegura Javier Morcillo, director comercial de la marca española Drop Shot que cuenta con 10 años de experiencia en el sector.

El precio, subirá

No se sabe con exactitud qué ocurrirá con el precio, pero la realidad es que este ya ha incrementado. No de forma oficial, cierto, pero ya hay clientes que pagan más. Tanto es así, que las pelotas de pádel son ya un tema recurrente en clubes, pistas y conversaciones pospartido ante la imposibilidad de encontrar los denominados ‘cajones’.

Un tubo de pelotas de pádel oscila entre los 4,50 y 6,50 euros. Un cajón (24 unidades) entre los 85 y 150 euros. Marcas como Head, Bullpadel, Wilson, Drop Shot, Babolat o Adidas son algunas de las que dominan el mercado y cuyos productos son más demandados por el consumidor final y que albergan diferentes gamas o tipologías para ofrecer una horquilla de precio más elevada

"No sabemos cuál será el coste final de las pelotas en 2022, pero subirán seguro. Y no es descartable que lleguen a duplicar su precio", afirma Morcillo que asegura, sería algo “lógico” y que no hay que caer en “alarmismos”.

La solución, optimizar

El consumible va a incrementar su precio y es probable que lo haga no dentro de mucho. El alto consumo por parte del jugador de pádel -amateur, profesional o semi- es alto, muy alto y está por encima de otros deportes.

Un presurizador de pelotas, una de las opciones para alargar el uso de vida de las pelotas.

Un presurizador de pelotas, una de las opciones para alargar el uso de vida de las pelotas.

Voces autorizadas de este sector -que prefieren no abordar este tema en público- aseguran que los hábitos de consumo del cliente van a cambiar ante el nuevo escenario que está por venir y deberán estirar el uso de vida de las pelotas ante la imposibilidad de encontrar nuevas o el precio elevado que tendrán.

Porque el jugador de pádel es coqueto y derrochador a partes iguales. Habitual es ver que el uso de vida de un bote de pelotas es de un solo partido cuando su fabricación está preparada para uno mayor de hasta 3-5 encuentros. Pero el padelero puro, el de verdad, solo juega con lo mejor y en las mejores condiciones. Y eso pasa por estrenar pelotas en cada partido.

Y eso va a cambiar. El precio subirá, muy probablemente, y llevará la pelota de pádel a una horquilla superior que, aseguran, estará entre los 7 y 10 euros. Pero no hay que caer en el alarmismo -es el mercado, amigo-. Si la oferta abastece la demanda, el precio no se disparará. Y el consumo sostenible debe ayudar y mucho, también a ello.