El Barcelona ganó algo más que un partido en Andorra

El Barcelona ganó esta tarde noche de miércoles en Andorra algo más que un partido. Para ellos, para los azulgranas era un ahora o nunca: perder en La Bombonera significaba caer en los cuartos del playoff por segundo año consecutivo, la primera vez con ventaja de campo desde 2005. Era un clavo más a un proyecto que anda a tropicones y resbalones desde que Xavi Pascual fue pasado por la quilla. Otra andanada a un barco que ha salvado una bala (grande, enorme y letal), pero con muchos peros. Demasiados para un conjunto que, pase lo que pase, tiene plaza asegurada en una Euroliga donde, con el nuevo formato, todavía no han dado la talla.

Porque el Barça cojea demasiado en juego, ideas y en una plantilla con un rendimiento muy por debajo de lo esperado. Con la confianza sobre las piezas disponibles bajo mínimos: de los doce jugadores a disposición, Pesic puso sobre el tablero a nueve, cinco de ellos por encima de los 25 minutos y uno, Ribas, más de 20. Ni Jackson (fichado a mitad de curso) ni Navarro entraron en pista. A la espera de una mejoría de Sanders, es dinamita mojada para luchar por el título de Liga frente a rivales como el Real Madrid o el Baskonia, de profundo banquillo y con mayores oportunidades de uso cuando la lluvia cae torrencial.

Y puede que incluso insuficiente para doblegar a un bravo MoraBanc. Los andorranos, perjudicados en su titubeante inicio de competición por la Eurocup, han demostrado ser el peor rival posible. Por encima de Unicaja, Herbalife e Iberostar. Dirigidos con habilidad por Peñarroya, han logrado poner contra las cuerdas al Barcelona a través de la velocidad, la dirección Jaime Fernández-Albicy, el triple (25 en los dos partidos, un 40% de eficacia) y el convencimiento casi demente de que pueden. El duelo del Palau será una batalla. Y una preciosa.