Hortelano y otros velocistas blancos: Lemaitre, Mennea, Borzov...
Bruno Hortelano forma parte de un pequeño archipiélago blanco (el alemán Julian Reus, el francés Christophe Lemaitre...) rodeado por un mar de velocistas de raza negra. Todo indica que la genética trabaja a favor de los atletas de color, que curiosamente, tienen músculos en los que prodominan las fibras blancas, esas que definen a los sprinters y a los atletas y deportistas en general capacitados para esfuerzos explosivos.
La velocidad fue en tiempos un territorio blanco, pero poco a poco pasó a ser dominada por afroamericanos y caribeños, con alguna inyección africana. Además del aporte de europeos de origen caribeño, como el británico Linford Christie (nacido en Jamaica) o el portugués Francis Obikwelu (Nigeria).
El objetivo de este post es hacer un pequeño recorrido por algunos atletas blancos que han hecho historia, pero el tema daría para una enciclopedia, no para un libro, así que no va a ser exhaustivo, forzosamente.
Me viene a la memoria, por ejemplo, el nombre del alemán federal Armin Hary, al que llamaban El Hombre Eléctrico, por su extraordinaria capacidad de reacción, y que actualmente está casi olvidado. Pero fue campeón olímpico en Roma 1960, con 10.2, primer campeón olímpico blanco desde el británico Harold Abrahams (París 1924), uno de los protagonistas de la película Carros de Fuego. Además, ese mismo año, Hary se convirtió en el primer hombre en correr los 100 metros en 10.0 (cronometraje manual), que era el grandísimo objetivo de aquella época. En una primera carrera marcó ese tiempo, pero los jueces anularon la prueba argumentando que había hecho una salida nula. Se repitió 35 minutos después y volvió a correr en esos 10.0. Los tres cronometradores manuales registraron 10.0, 10.0 y 10.1 y el automático (no oficial) 10.25. En la carrera anulada uno de los jueces había registrado 9.9 y el aparato eléctrico 10.16.
Un velocista blanco que hizo historia en su tiempo fue el entonces soviético y ahora ucraniano Valeriy Borzov. Le llamaban El Velocista Científico, porque todos sus momentos eran metódicamente motorizados por ingeniaros de la URSS: desde la distancia entre los tacos de salida a la longitud de su zancada. Fue campeón olímpico en 100 y 200 metros y en Múnich 1972, aunque hay que aclarar que en la final de los 100 metros dos atletas estadounidenses acreditados en 9.9 manuales no compitieron, al llegar tarde a la final. Su mejor marca en 100 fue de 10.07 y en 200 de 20.00, en ambos casos récords europeos. Se casó con la gimnasta Ludmila Turischeva, ganadora de cuatro oros olímpicos.
Estuvo a punto de romper la barrera de los diez segundos con cronometraje automático el polaco Mariam Woronin, que el 9 de junio de 1984, con un viento legal al límite (+2,0) hizo 10.00, récord europeo. En principio la marca se publicó como 9.99, pero se rectificó inmediatamente. De hecho, se le había cronometrado en nueve segundos y 992 milésimas. Legalmente, no podía ser 9.99, evidentemente. Woronin fue séptimo en 100 y 200 en Moscú 1980, pero se llevó la plata en 4x100. Fue tercero en Atenas 1982. Era hombre muy explosivo y sus mayores éxitos los consiguió en pista cubierta: campeón de 60 en Viena 1979, Sindelfingen 1980, Grenoble 1981 y Milán 1982.
Permitidme una anécdota personal: yo tengo aún en mi casa, a modo de reliquia, una cámara fotográfica Zenit, de fabricación rusa, que Woronin compró a un atleta de ese país cuyo nombre desconozco, y que al polaco, a su vez, se la adquirió mi compañero de entrenamientos Ángel Ibáñez (llegó a ser campeón de España de 100), a quien finalmente se la compré Yo. Es una máquina dura y pesada, pero buenísima. Ahora ya es una pieza de museo, porque obviamente funciona con película, algo prácticamente desaparecido.
Para ver al primer blanco en bajar de los diez segundos, pero con cronometraje automático, hubo que esperar al 9 de julio de 2010, en Valença (Francia). Durante los Campeonatos de su país, Christophe Lemaitre corrió en 9.98 en Albi, también en territorio francés. Al año siguiente hizo 9.92. Desde entonces no ha progresado, perjudicado por algunas lesiones.
Su mejor prestación olímpica es la sexta posición en Londres 2012, pero en 200 metros. En los Mundiales fue bronce en la misma distancia en Daegu 2011 y cuarto en 100, y vivió su apoteosis en los Europeos de Barcelona 2010, en los que se llevó el oro en 100, 200 y 4x100 metros. Es el único blanco que ha bajado de 10.00 en 100 y de 20.00 en 200. Aquí llegó a 19.80 en 2011.
El primero en bajar de ambas barreras en las dos distancias más cortas pudo ser el italiano Pietro Mennea, pero le faltaron dos centésimas de segundo en los 100 metros: los que van del 10.01 que hizo en la Universiada de México 1979 a los 9.99. En esa misma competición batió el récord mundial de la distancia doble con 19.72, que sigue siendo plusmarca continental. Por cierto, Pietro, fallecido no hace mucho, corrió por el interior de su calle en esa carrera mítica. Yo mismo fui testigo de ello, porque estaba allí esperando para competir con España en el 4x400 metros. Y no hubo descalificación. Mennea llegó a ser campeón olímpico de la media vuelta a la pista en Moscú, en una recta final prodigiosa en la que remontó al británico Alan Wells. Ya había sido bronce en Múnich 1972 y posteriormente, en los Mundiales de 1983, ocupó la misma posición.
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En cuanto a Alan Wells, ese fornido británico al que superó Mennea en los 200 metros casi en los últimos centímetros: fue campeón en el 100, último atleta blanco en subir a lo más alto del podio en esta distancia. Desde entonces, siempre han vencido atletas de color. Eso es lo que le ha hecho pasar a la historia, más que sus proezas cronométricas, porque se quedó en 10.11.
Pero la raza blanca ha producido muchas más estrellas. Ya os digo que habría material para escribir una enciclopedia.

