Carreras populares y reconocimientos médicos

Ángel Cruz
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Por desgracia las carreras populares, el running en terminología anglosajona, han sido noticia en los últimos tiempos por la muerte súbita de algunos corredores. Se han encendido las alarmas. No es nada nuevo: en las carreras de larga distancia ha habido fallecimientos desde casi siempre o desde siempre. Por ejemplo, uno de los dos muertos olímpicos en plena actividad deportiva fue el maratoniano Francisco Lázaro, que falleció en los Juegos de Estocolmo 1912.

Carreras populares y reconocimientos médicos

Sufrió un golpe de calor por las altas temperaturas durante la carrera y murió al día siguiente en el hospital, sin haber recuperado el sentido. Se cayó cuando iban unos 29 kilómetros. Era la primera vez que Portugal participaba en unos Juegos, y lo hizo con seis deportistas, de atletismo (Lázaro fue el abanderado), lucha y esgrima. Se recolectaron 14.010 coronas suecas para el fallecido, que se enviaron a la familia. En 1924 se puso su nombre a una calle de Lisboa.

El otro muerto fue un ciclista: el danés Knut Jensen, que falleció en la prueba de 100 kilómetros contra reloj de Roma 1960. La autopsia demostró que había tomado anfetaminas.

Y el creador de la leyenda maratoniana, Felípides, o Feidípides, también falleció cuando llevó la noticia de la victoria ateniense ante los persas en la Batalla de Marathon.

Ha habido muertos en Nueva York, en Madrid… en muchos sitios. ¿Quiere esto decir que correr es peligroso? Absolutamente, no. En otros deportes también hay muerte súbita, y las imágenes de futbolistas muertos fulminantemente durante un partido nos han estremecido a todos. Correr beneficia la salud, da vida, añade calidad a nuestra existencia, es una actividad absolutamente recomendable…

Pero hay que tener precauciones, como con todo en la vida. Por ejemplo, soy absolutamente partidario de exigir reconocimientos médicos a todos aquellos que pretendan competir en las carreras populares. No es imposible (en Francia y en Italia son obligatorias), pero hace falta esfuerzo y voluntad entre todas las partes, incluídos los responsables de Sanidad en cada una de las Comunidades Autónomas.

Mari Luz, mi mujer, que también es periodista, y me descarga de trabajo, ha hecho las llamadas pertinentes y tras una especie de calvario (teléfonos que no contestan, gente que no sabe, que te pide que envíes correos electrónicos con todos tus datos…) consigue enterarse: la Sanidad pública recomienda acudir al médico de familia, éste decide si es necesario o no hacer un reconocimiento médico y, en consecuencia, te envía o no al especialista, que es el que decide en última instancia. Y decide, obviamente, qué tipo de reconocimiento.

Yo tengo claro que un simple electrocardiograma no es definitivo. Hay que hacer una prueba de esfuerzo, corriendo en cinta y con control médico total. Pero me temo que la Sanidad pública no esté dispuesta a tanto, o no tenga capacidad para atender a miles de solicitudes. Lo entiendo. Queda el recurso de acudir a la sanidad privada, pero desconozco qué coste tendría. Si es un test de esfuerzo supongo que no es barato.

No quiero profundizar más en temas económicos, porque esto es cuestión de cada uno. Pero la vida vale mucho, mucho, mucho…

Y, en todo caso, hay que tener cuidado. Me dijo hace un montón de tiempo Ricardo Ortega, que entonces tenía el récord español de maratón y era médico: “Al popular que corre una maratón yo le diría que si piensa que va lento, vaya todavía más lento”. Frase para recordar. Os remito también al post de mi amigo José Luis López, con quien he compartido viajes, alegrías, penas y hasta transmisiones de la Diamond League en Canal +. Podéis leerle en el blog que tiene en as.com aquí: http://blogs.as.com/deporte-vida/

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A los populares yo les diría que correr pruebas urbanas debe ser un placer, no un martirio, que se trata, sobre todo, de llegar a la meta en buena condición. Disfrutad, disfrutad… No corráis riesgos. ¡Qué más da terminar el 2.500 que el 3.000! ¡Pásalo bien y cuando termines disfruta de la marca que hayas hecho, sea cual sea, y de tu familia.

De eso se trata, ¿no?