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Mi Esnáider, ‘retenido’ por la Policía

MR. PENTLAND

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento.

Autor: Alfredo Matilla

Mi Esnáider, ‘retenido’ por la Policía

Los famosos, jugadores o no, pasan por tres fases en su trayectoria: cuando se esfuerzan con ilusión por llegar a ser conocidos; cuando lo son, lo aborrecen y lo hacen saber sin disimulo; y cuando dejan de serlo y se agobian por la falta de memoria del personal.

Juan Eduardo, el personaje de esta historia, sabe algo de esto.

Hace mes y medio, el 3 de marzo en concreto, decidí airearme y salir de la redacción para acudir a Vallecas a ver el Rayo-Barça. Por eso de estar donde pasan las cosas. Lo hice con tiempo, para evitar las aglomeraciones al esperarse un lleno y jugarse entre semana. Aun así, me costó llegar a la zona de prensa. Primero, porque coincidí con la llegada del autobús blaugrana. Tuve que esperar tomando cañas. Vaya. Y después, porque la Policía acordonó los accesos con un cordón humano de esos que dan miedo. Menos mal que las acreditaciones aflojan las garras. Enseñé mi pase a un madero y amablemente me dejó pasar y enfilar mi vomitorio. Otros no tuvieron tanta suerte.

A mi lado, Juan Eduardo Esnáider (Mar de Plata, 1973), al que no tenía el gusto de conocer más que por sus hazañas futbolísticas, luchaba metiendo el codo entre la gente para que el mismo policía pusiera el semáforo en verde: “Trabajo para la tele y vengo a comentar el partido”. No hubo forma. El argentino no llevaba la acreditación pertinente y el agente, o era demasiado joven y no recordaba su volea mágica en París, o pasaba del fútbol como yo de las telenovelas. No le dejaba pasar. Le miraba incluso como a un sospechoso. Me sentí mal. No porque Esnáider no pudiera avanzar. Sólo era cuestión de tiempo. Me dejó mal sabor de boca que ese policía no hubiera disfrutado como yo de los goles que me regaló el 9 en la infancia. Que no recordase ni uno de sus 74 tantos en 197 partidos en Primera. O que no aprovechase su tirón con la de puntos que nos dio en la Liga Fantástica. Sin que él me viera, fui directo con la autoridad, quizás algo ruborizado por la situación: “Es Esnáider, exjugador del Zaragoza, Madrid, Atleti y Juve entre otros. Pon Youtube y disfruta”. Yo sudé. El poli, rió. Pero coló. Esnáider pasó y lo agradeció.


No lo he vuelto a ver. Pero sí he pensado en él: cómo cambia la vida, me dije, cuando Escribá cayó y Esnáider fue llamado para debutar ante el Madrid de su amigo Zidane (coincidieron en la Juve). Antes de ese día, la última vez que había coincidido con el actual entrenador del Getafe curiosamente también iba de traje, también dirigía al equipo azulón, como segundo de Míchel, y también tuvo a la Policía entre medias de su objetivo. Fue en Santander, en el último partido de la temporada 2008-09. Cinco jornadas antes, el tándem de exmadridistas se hizo cargo del equipo con el objetivo de lograr la permanencia en una situación agónica. Lo lograron con un empate ante el Racing. Esnáider, como después tuvo que hacer Míchel, tuvo que salir de El Sardinero para abrazarse con los aficionados del Geta que habían viajado y que coreaban sus nombres entre lágrimas. Se saltó el cordón policial (ya apuntaba maneras) para dar las gracias a la hinchada y para airear que eso sólo era el inicio de un futuro prometedor en los banquillos. Aquella sociedad sólo la rompió una maldita enfermedad. Tras salvar al Geta y hacer el curso siguiente los mejores números de la historia del club, Esnáider tuvo que echarse a un lado para volcarse con uno de sus hijos. Estaba en la élite. Y lo dejó todo. El fútbol le debía una. Y ahora se lo cobra.

Después de aquello, Esnáider pasó por el Zaragoza, en el filial y en la dirección de la cantera. Para seguir creciendo y para despejar la mente. Allí, comenzó a hacer sus primeras colaboraciones como comentarista en Aragón TV. Pudo incluso ingresar en el Madrid en las categorías inferiores pero, de verdad, no volvió a primera línea hasta que el Córdoba llamó a su puerta. Allí las cosas no salieron bien. Volvió a la tele como comentarista de MoviStar+, hasta que Ángel Torres llamó la semana pasada a su puerta tras fundir el timbre de la de Caparrós. Ahora tiene una buena papeleta enfrente. Se la juega el Getafe y se la juega él. Volver a entrenar o volver a sufrir.

Quienes le conocen bien saben que dará la talla, con su nervio y buen corazón de siempre. “Tiene madera de entrenador desde que jugaba. En el campo ya nos tenía a todos firmes. Si le dejan trabajar y confían en él, el Getafe saldrá adelante”, recuerdan varios de sus compañeros consultados, como Geli, de aquel Zaragoza que alzó en el 95 la Recopa. Real Sociedad, Valencia, Depor, Sporting y Betis le esperan ahora por delante para resucitar al último clasificado. Esta vez, custodiado y no retenido por la Policía al entrar al estadio, Juan Eduardo, mi Esnáider, intentará repetir el milagro. A esos cinco equipos ya les hizo goles como jugador. Sus aficiones seguro que le recuerdan y jamás lo olvidaron.

Esnaider


1 Comentarios

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Pepe

Buen post, interesante y curioso. Simpática y triste anécdota esa que cuentas al mismo tiempo.

04/17/2016 07:36:41 PM