Messi, Bolt y el gran espectáculo

Ángel Cruz
Actualizado a

Confieso que no había visto un penalti ‘indirecto’ jamás en mi vida. Lo vi el otro día por televisión y me quedé maravillado de la maniobra de Messi y Luis Suárez. Tampoco sabía que Johan Cruyff había interpretado otra obra maestra hace muchos años, cuando aún era jugador del Ajax. Una maravilla de los azulgrana y otra del Flaco. Un espectáculo. No entiendo algunos enfados. El deporte es espectáculo y la modalidad deportiva que no lo ofrezca, descenderá a los infiernos y será castigada con la indiferencia.

Messi, Bolt y el gran espectáculo

Y como este blog es de atletismo y de Olimpismo, enlazo el nombre de Messi (oro olímpico en Pekín 2008 con Argentina) con el de Usain Bolt. Resulta que la primera vez que el mito jamaicano (amante del fútbol, por cierto) obsequió al público, a las televisiones y a los fotógrafos con sus habituales gestos, algunos le condenaron por falta de deportividad. Incluso entró en la contienda, en el escaso bando de los que le denigraban, nada menos que el entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, el cirujano belga Jacques Rogge.

Bolt se quedó atónito y tuvo que aclarar que nada más lejos de la realidad menospreciar a sus rivales, por los que siente extraordinario respeto. Lo curioso es que la mayoría de los presuntos agraviados, los atletas, reaccionaron con naturalidad. “Bolt es un grandísimo atleta, da espectáculo y es positivo para el atletismo”, vinieron a decir.

Hoy ya no se concibe el espectáculo atlético sin las gracias de Usain, que divierten al público, deleitan a las televisiones y a los fotógrafos (sólo les falta hacerle un monumento) y a mí me arrancan una eterna sonrisa.

En atletismo debe ser espectáculo y el espectáculo no sólo es correr más rápido, saltar más lejos o más alto y lanzar más allá. Hay muchas otras cosas: sorprender, atraer la atención, ganarse portadas en los periódicos, atraer a aficionados más allá del círculo exclusivo del atletismo, romper moldes…

Me acuerdo que hace mucho tiempo cuando un saltador se preparaba para atacar la tabla de batida o para superar un listón, se hacía un silencio sepulcral en el estadio, como si se asistiese a un acto litúrgico, a una misa para iniciados. Pero apareció por las pistas Willie Banks, un estadounidense negro, espléndido triplista, que llevó el récord del mundo a los aledaños de los 18 metros: 17,97 en 1985.

Pues bien, Banks rompió con los moldes establecidos: solicitaba a los espectadores aplausos cadenciosos cuando iba a saltar, los obtenía y volaba sobre el pasillo, rebotaba tres veces y aterrizaba sobre la arena. Lejos, muy lejos…. Esas palmadas con ritmo creciente no eran habituales entonces. Ahora las solicita casi todo el mundo. Espectáculo. Menos rigidez, más soltura.

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Todo, evidentemente, desde la legalidad y el respeto. Usain Bolt lo tiene a todos sus rivales y Banks era absolutamente querido. Y Yelena Isinbayeva, pertiguista y mujer idolatrada, tiene un sentido innato del espectáculo. Que nos lo pregunten a los que la vimos en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, exhibiendo belleza, o a quienes nos reímos viéndola dar series de saltos mortales por la pista después de ganar los Mundiales de Moscú 2013, recordando sus tiempos de gimnasta y desbordante de alegría.

A lo que voy. Que el deporte es espectáculo, dentro del respeto, y que yo he disfrutado con el penalti ‘indirecto’ de Messi. No sabía ni que existía, pero me alegro de haberlo descubierto.