Un día con Sotomayor en Madrid

Ángel Cruz
Actualizado a

Este lunes entrega de los Premios AS del Deporte 2015 en el hotel Palace. Mi trabajo en esta edición ha consistido en gestionar la visita de Javier Sotomayor (me ayudó decisivamente Iván Pedroso) para que entregase el galardón a Ruth Beitia. Iba a ser una sorpresa para ella, y creo que lo fue, aunque su entrenador, el entrañable Ramón Torralbo, estaba en el secreto, que mantuvo. Otra labor que se me encomendó fue la de escribir sobre Ruth (un placer, como siempre) y en recoger a Sotomayor en el aeropuerto y no separarme de él en todo el día (otro placer) hasta dejarlo en su hotel después de la fiesta, presentándolo por aquí y por allá y haciendo que se sintiera cómodo.

Un día con Sotomayor en Madrid

Vamos con esto último. Javier, al que conozco desde hace un montón de años, llegó procedente de La Habana con una hora de retraso sobre lo previsto, en el mismo avión en el que regresaba de la isla mi compañero Juanma Bellón tras cubrir la información sobre la Titan Tropic, una competición de montain bike. Acompañados por un cámara de ASTv fuimos al hotel en el que se alojó el Soto, y poco después eligió para comer “un sitio sencillo, por aquí cerca” de forma que comimos en los alrededores. Y charlamos.

Javier es ahora el coordinador entre los atletas y la directiva de la Federación Cubana y dice que, a pesar de algunas medallas, el nivel del atletismo cubano ha descendido, “porque antes salía mucha más gente que ahora”. “Quién lo pillara Javier”, le dije. Y habló muy bien de Ruth Beitia: “La conozco desde chiquita y ya vi que era muy buena cuando tenía once años. Se lo dije a su entrenador, Ramón Torralbo. Creo que puede aspirar a todo en los Juegos Olímpicos de Río. Sería muy bonito para ella que alcanzase la medalla. Ya estuvo muy cerca en Londres”.

¿Y él, que saltaría ahora? "Algo así como 1,80 o 1,90 sí podría hacer, pero más no, porque me lastimaría. En Salamanca me hicieron un homenaje el año pasado y pusimos el listón en 1,45. Y dije ‘tantos años después y salto un metro menos”. Javier se mantiene en forma, aunque sostiene que ha engordado (no se le nota) y hace carrera continua y gimnasio tres o cuatro veces a la semana.

¿Y su récord mundial de 2,45 metros, hechos en 1993 en Salamanca? “Creí que el año pasado lo iban a batir Barshim o Bondarenko, pero no fue así, y en esta temporada no han estado como se esperaba”, dice. Su atleta preferido entre los actuales es el qatarí (“le conozco desde hace años; es muy bueno”) y entre los de su época destaca sobre todo a Carlo Thränhardt (llegó a 2,42 en pista cubierta, récord mundial en aquel momento) al que valora más que al también alemán Dietmar Mögenburg (2,29 en sala) y al sueco Patrick Sjöberg (2,42, también récord mundial al aire libre). A Thränhardt y a Sjoberg les despojó las plusmarcas el cubano. Aquellos duelos eran épicos.

Javier comenzó como todos los chicos cubanos: haciendo pruebas combinadas. Y revela un secreto: “La altura no me gustaba; me apetecía más hacer velocidad y triple salto, pero…”. El hombre que le llevó a la cima fue Godoy, un entrenador sabio, que murió cuando Javier aún estaba en activo. “Con él vivo creo que hubiera alcanzado 2,47, quizá, pero no pudo ser…” Y confiesa picaronamente que espera que su récord dure mucho tiempo y que no le hará gracia cuando se bata. Y se ríe cuando le cuento que en una entrevista Bob Beamon me dijo que no quería que su récord se batiera “nunca, nunca, nunca…”.

Tras la comida, muy agradable, de nuevo al hotel. Espero a que se duche y se cambie y nos vamos al Palace. Y allí saludos a unos y otros. Recuerdo la cara respetuosa de mi compañero Chema Mela cuando le saludó y le dijo solemne que era un honor para él. Y así todos.

Entrevista para ASTv de mi compañera Isabel Roldán, que quedó magnífica. Encuentro con Ruth Beitia, que puso ojos como platos cuando nos vio juntos. “No sabía que venía Javier, de ninguna menera”. Abrazo muy cordial entre el cubano y Abel Antón, también campeón del mundo, que se conocen desde hace años.Entrega de premios, con dos saltómetros con los listones colocados a 2,02 metros (récord español femenino) y 2,45 (la plusmarca de el Soto). Le gente no daba crédito al ver esas alturas impresionantes. Por cierto, los saltómetros nos los cedió la Asociación Atlética Moratalaz, encabezada en Rafa Pajarón.

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Y a las tantas de la noche, vuelta al hotel. Sotomayor me confesó que había estado muy cómodo y entretenido. Se sintió muy valorado, como no podía ser menos. A mí me sorprendió el grado de información que tiene sobre todo: actualidad política en España, resultados de la Liga de Fútbol, que allí se ve en TeleRebende, en abierto, el descubrimiento del barco sumergido San José. En la comida del Palace Javier estaba a mi izquierda y a mi derecha Santiago Ávila, primer secretario de la Embajada de Colombia en España, un hombre joven, amable, amante del deporte, que presumió de Caterine Ibargüen, como es normal, a lo que Javier apostillo: “Es muy buena… y tiene entrenador cubano”.

¿Y sabéis con quién pidió Sotomayor hacerse una foto? Pues con mi paisano Vicente Del Bosque, el hombre que condujo a la Selección de fútbol de España a un título europeo y a uno mundial. Vicente, al que le gusta el atletismo, conoce perfectamente las hazañas de Javier, pero nunca se habían saludado. Me alegré de hacer de intermediario. Un honor.