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Paciencia con Ancelotti y la paciencia de Luis Enrique

MR. PENTLAND

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento.

Autor: Alfredo Matilla

Paciencia con Ancelotti y la paciencia de Luis Enrique

Si algo diferencia al fútbol del resto de placeres es que siempre regala emociones nuevas y, por tanto, sorprendentes. Hechos que uno vive por primera vez aunque haya estado cinco mil veces en el mismo estadio y ante los mismos protagonistas. Es increíble, porque este deporte apareció a finales del siglo XIX. Parece que todo está inventado y cada jornada nos abraza una nueva realidad que nos agita. Quizás por eso a nuestras parejas les entren celos cuando se acerca la hora del partido. El futuro de Ancelotti y Luis Enrique pueden confirmar la teoría. Uno, sin ganar nada esta temporada de los grandes títulos (logró Supercopa de Europa y Mundialito), puede continuar en el banquillo del Real Madrid. El otro, pudiendo lograr todo, podría desaparecer en tres semanas del Barça. No sé muy bien por qué. De hecho, son los únicos entrenadores que han luchado por la Liga esta temporada y, sin embargo, son los únicos de la parte alta de la clasificación cuyo destino no está claro.

Simeone (3º) renovó justamente, coincidiendo con el inicio del descenso de los cielos tras lo de Lisboa y tras apearse de la lucha por los títulos. Sus milagros pasados pesan más que las derrotas presentes. Nuno (4º) seguirá tras resucitar a un grande. Emery (5º) pinta que también. Y si no lo hace será por él. Sevilla le adora. Marcelino (6º) es otro que continuará con galones. Como Valverde (7º), Gracia (8º) y Sergio (9º). A Jémez (10º) lo quieren convencer en Vallecas. Y a Berizzo (11º) en Vigo, Moyes (12º) en San Sebastián y a Escribà (13º) en Elche. Sólo con los de abajo, como es normal porque muchos no cumplirán los objetivos, hay tanta incertidumbre como con Carlo y Lucho.

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Si me preguntan qué creo que pasará en el Madrid y en el Barcelona les diría que tanto Ancelotti como Luis Enrique seguirán. Lo digo sin más base que lo que veo y con poca información. Qué conste. Sólo es una sensación. Y eso que a lo largo del curso sus presidentes llegaron a pensar justo lo contrario y puede que, ahora, incluso ellos mismos hayan tenido o sigan teniendo dudas al respecto. Creo que así se impondría la lógica. Ancelotti viene de dar gloria al club hace sólo un año y únicamente le ha faltado organizar mejor los esfuerzos para llegar en condiciones al final de curso para pelear. Si el barcelonismo ha celebrado como otro título que no haya Clásico en Berlín, será por algo. Aún hay mucho Madrid ahí. Lo de Luis Enrique, por otro lado, es pura lógica. Ha levantado a un muerto y, como diría Siniestro Total, le ha hecho bailar sobre su tumba. Ahora, ninguna de las dos cosas será fácil de hacer realidad. La historia pesa.

El Barça sólo ha logrado una vez el triplete Liga, Copa y Champions (en 2009), y la última vez que un entrenador tocó techo se fue él y no le echaron. Tampoco sería de extrañar que Luis Enrique, con todo lo que le dijimos (sin contradecirnos: tuvo tanto que ver en los malos ratos como en la histórica actualidad), prefiera no agotar su contrato (un año más) y pasar a la historia tras darnos en los morros. No es lo que desea(mos) una mayoría, pero si consigue ganar las dos finales que le quedan, igual no tiene ganas de que le sigan saliendo canas por la tensión. Así forjó Cruyff su grandeza tras los banquillos: yéndose tras crear escuela para dedicarse única y exclusivamente a aleccionar. Si ahora le han llovido los palos a Luis Enrique, imaginen cuando no haya tanto que celebrar. Pep aún flota en el ambiente, hay elecciones con lluvia de propuestas y, diga lo que diga el asturiano, la resaca post-Anoeta dejó heridas difíciles de cicatrizar.

La continuidad de Ancelotti tampoco cuadraría con el patrón de un club centenario ni el modus operandi de su presidente, que no transigió en las épocas de sequís ni con Mou. El Real Madrid sólo aguantó a media docena de entrenadores en su historia sin haber ganado algo grande en una temporada. Una medida antipopular que no repite desde los 80 con Boskov y en la época de Di Stéfano. Antes, sólo Lippo Hertzka, Francisco Bru, Ramón Encinas y Keeping gozaron de esa confianza. Pero se trataba de una época en la que ni siquiera el Madrid estaba acostumbrado a ganar. Fallar entraba en las cábalas. La continuidad de Miguel Muñoz pese a un tropezón, ya en una era más moderna, fue normal porque pese a no levantar títulos en la temporada 1970-71 lo había ganado todo antes y después (9 Ligas, dos Copas de Europa, dos Copas y una Intercontinental). Su despido hubiera sido más suicida que injusto.

Pero ahora con Florentino nunca se sabe. Un hombre al que lo mismo le vale Luxemburgo que López Caro, o Camacho que Pellegrini, es capaz de renovar a Ancelotti con honores (tiene contrato hasta 2016) o volver a mover la coctelera a base de billetes para ilusionar. Quizás el pasado de su club le haga reflexionar. Hertzka, en 1932, ganó la Liga al año siguiente de un curso aciago. Y Bru alzó la Copa en 1936 tras un año sin alegrías. Pero qué quieren que les diga. No confío en esa vía. Si algo le puede hacer recapacitar, abrir los ojos y recordar qué es la paciencia y para qué sirve son el baloncesto y Don Pablo Laso.

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