Dopaje: atención a los entrenadores

Ángel Cruz
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Jon Drummond recibe en el suelo la amonestación en París 2003. 

El último caso de dopaje en el atletismo atañe al estadounidense Jon Drummond, un ex velocista de buen nivel (9.92 de marca personal en los 100 metros, campeón olímpico y mundial de…) que luego ha sido entrenador. 

Y nada menos que de su compatriota Tyson Gay, el número dos del ránking mundial (9.69), sólo por detrás de todo un mito deportivo como es el jamaicano Usain Bolt, plusmarquista del hectómetro con 9.58. También fue el responsable del relevo 4x100 metros en los Juegos de Londres 2012.

Es curioso: a Drummond nunca le pillaron como atleta; le han cazado como técnico. Le acusan de posesión, administración y tráfico de productos dopantes. Muy grave. Era el entrenador de Gay cuando éste dio positivo. El castigo que se le redujo a un año, porque, supuestamente, colaboró con las autoridades antidopaje norteamericanas.

Parece claro que en esa colaboración habló de su técnico, de Jon Drummond. Éste anunció hace tiempo que se iba a querellar contra Tyson, que, presuntamente, le involucraba en su dopaje. Si mantiene la querella, las posibilidades de que prospere son, ahora, prácticamente nulas.

El caso de entrenadores inmersos en casos de dopaje no es extraño, aunque, desde luego, no han aflorado todos los existentes, ni mucho menos. Pero aquí van algunos.

El canadiense Charlie Francis, técnico de Ben Johnson (el primer gran escándalo de dopaje del atletismo) y, posteriormente, de Marion Jones y de Tim Montgomery, ambos descalificados por consumo de sustancias prohibidas.

El ruso Viktor Chegin, que tiene un turbio historial de dieciséis positivos entre los marchadores de superélite a los que preparaba, y que está siendo investigado por la IAAF y suspendido cautelarmente.

El chino Ma Junren, preparador de las mediofondistas y fondistas chinas que asombraron en el Mundial de Stuttgart 1993 y que semanas después pulverizaron los récords mundiales, varios de ellos aún vigentes: Qu Yunxia (1.500), Wuang Junxia (3.000 y 10.000). Quiso comercializar una especie de pócima milagrosa, hecha a base de sangre de tortuga, por cuya patente llegó a pedir un millón de euros. Trataba a sus discípulas bajo un régimen cuartelario: pelo corto, prohibido salir con chicos, obligación de entregarle gran parte del dinero que ganaban internacionalmente. Sufrió un accidente de tráfico, no aclarado del todo, y acabó ganándose la vida paseando perros, como desveló el periódico francés L’Equipe.

Y en España, claro, presuntamente Manuel Pascua Piqueras, uno de los personajes clave en la Operación Galgo.

Dopaje, dopaje y más dopaje. Y al más alto nivel. El atletismo no se merece esto, de verdad.

Jonathan Drummond nació en Filadelfia el 9 de septiembre de 1968, poco más de un mes antes de que el también estadounidense Jim Hines bajase por primera vez de los diez segundos en los 100 metros con cronometraje automático. Una barrera que él rompió en diez ocasiones, entre 1994 y 2002. Su mejor prestación fue de 9.92, en 1997.

Sus mayores éxitos los consiguió como relevista de 4x100 metros: oro en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 y en los Mundiales de Stuttgart 1993 y Sevilla 1999, y plata en los Juegos de Atlanta 1996. En 200 metros su mejor marca fue de 20.03 (1997) y en 60 metros en sala corrió en un tiempo de 6.46 en el año 2000.

Pero Jon Drummond es conocido, sobre todo, por el espectáculo lamentable que protagonizó en los Mundiales de París 2003. En los cuartos de final de los 100 metros se le marcó una salida nula, pero, al grito reiterado de “¡Yo no me he movido!”, se negó a abandonar la pista. Drummond, al que se conocía como El Rey de los Payasos, por sus estrafalarios gestos, acabó tumbándose en el suelo e interrumpió las competiciones durante una hora, por lo que fue excluido del relevo 4x100 metros.  

En los últimos tiempos las noticias sobre esta lacra han sido continuas: el atletismo ruso en su conjunto bajo sospecha; positivos de las kenianas Viola Chelangat Kimetto y Joyce Jemutai Kiplimo, país estrechamente vigilado por la Federación Internacional, que, a su vez, está acusada de ocultar 225 casos de dopaje, entre ellos el de una docena de españoles.

Tres dimisiones en la IAAF completan el escándalo: el tesorero, el ruso Valentin Balajnichev, que es presidente de la Federación Rusa, y que se va por el escándalo en su país, y el director antidopaje, el francés Gabriel Dollé.  Además, y aunque no tenga que ver con el dopaje, también ha dimitido un asesor de Marketing, el senegalés Papa Masatta Diack, hijo del presidente de la IAAF, Lamine Diack, que supuestamente habría favorecido a la candidatura de Qatar para los Mundiales de 2019, que se llevó frente a Eugene y Barcelona, en medio de un cierto escándalo.

Casi una catástrofe.

La sensación que tengo es amarga, aunque sigo opinando que una gran parte del atletismo está limpio como una patena.

España, por supuesto, no es ajena al escándalo: positivos por aquí y por allá (Paquillo, Pentinel, José Luis Blanco, Josephine Onyia...), una Operación Puerto mal cerrada (había atletas, seguro, en un tema en el que el ciclismo, eso sí, llevaba la voz cantante) y una Operación Galgo también mal cerrada, pero que ha arrojado mucha luz sobre las sombras. Después de esa Operación ya no se ven las cosas del mismo modo. Ya nadie mira a Marta Domínguez, por ejemplo, de la misma manera.

Todo esto debe hacernos reflexionar. Hay que incrementar la duración de las sanciones, hay que ser serio a la hora de exigir que se devuelva el dinero ganado fraudulentamente, hay que incidir más, mucho más, en la responsabilidad de ciertos entrenadores y médicos, que, en muchas ocasiones, son los que verdaderamente generan el problema. Y las penas de cárcel deben ser efectivas.

Si no combatimos al dopaje con toda la fuerza posible, el dopaje acabará con nosotros.

Aquí tenéis la noticia (en inglés) del castigo de Jon Drummond en la página web oficial de la Usada, la Agencia Antidopaje de los Estados Unidos:

http://www.usada.org/aaa-panel-imposes-eight-year-ban-us-track-field-coach-drummond-multiple-anti-doping-rule-violations/

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