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¿Cuánto cuesta un quinteto campeón?

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Un blog para tratar el pasado, presente y futuro del baloncesto tanto nacional como internacional: ACB, ULEB, Euroliga, Eurocup y la NBA.

Autor: Juanma Rubio

¿Cuánto cuesta un quinteto campeón?

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Un montón de dinero, claro. Se insiste tanto en que derrochar no garantiza éxitos, lo que durante muchos años se ha podido llamar el paradigma Knicks, que a veces se olvida que el éxito (hablo del deporte profesional estadounidense) cuesta millones. Unas veces muchos, otras muchísimos. Para ganar anillos hay que gastar bien pero ante todo hay que gastar. Este análisis se refiere a la confección de los quintetos titulares que acaban alcanzando el éxito, no a las (evidentemente esenciales) plantillas completas ni a esos jugadores, sextos y séptimos en la rotación, que resultan más importantes que sus homónimos del quinteto. Sí, con Manu Ginóbili como arquetipo en los últimos años.

Cheques, impuestos, oportunidades

El debate sobre jugadores infrapagados y sobrepagados va y viene durante las temporadas pero nunca desaparece, estructural porque siempre habrá rendimientos que hagan justicia a los ceros del cheque y otros que se queden a años luz. La necesidad de estabilidad hace que se firmen hoy las cifras que se cobrarán dentro de cinco años, un problema porque algunos jugadores se tumban a la bartola cuando llegan los cheques de primera categoría pero sobre todo porque algunos se lesionan y otros pasan por altibajos en su juego o estado físico. Y todos envejecen. Por eso siempre habrá entre los diez mejor pagados unos cuantos que eran de los diez mejores unos años antes, no en ese momento. Aunque a cambio también hay en casi todos los equipos impecables trabajadores a precio de ganga y proyectos de estrella en ajustados contratos de rookie. Así que lo normal es que ni estén todos los que son ni sean todos los que estén. Esta es, de hecho, la lista de los diez salarios más altos que se pagarán por jugar en la NBA en la temporada 2014/15:

Kobe Bryant: 23,5 millones
Amare Stoudemire: 23,4
Joe Johnson: 23,1
Carmelo Anthony: 22,4
Dwight Howard: 21,4
Chris Bosh: 20,6
LeBron James: 20,6
Chris Paul: 20
Deron Williams: 19,7
Rudy Gay: 19,3
Kevin Durant: 18,9
Derrick Rose: 18,8
Blake Griffin. 17,6
Zach Randolph: 16,5

Hay cosas que concuerdan y cosas que no casi en la misma proporción. A partir de ahí, las circunstancias para valorar la justicia de cada contrato no dependen sólo del rendimiento estadístico y su trasposición al éxito colectivo, finalmente los elementos de juicio últimos y fundamentales. El proceso de ingeniería de mercados se complica en una trama de necesidades, oportunidades y las inevitables leyes de oferta y demanda. Retener a una buen jugador cuesta dinero, más en esos mercados pequeños donde el dinero vale más. Los centímetros garantizan mercado y buenos cheques a casi cualquier siete pies en condiciones de jugar. Kwame Brown ha ganado casi 65 millones de dólares en su carrera y Hasheem Thabeet roza ya los 17. Fueron números 1 y 2 de draft a hombros del viejo los fundamentos se enseñan, los centímetros no, padre de disparates cuando se toma como dogma de fe. Finalmente, rellenar necesidades concretas sale muy caro en este juego de especialistas, más cuanto más altas sean las miras: ¿O acaso hay que regatear con ese jugador que puede ser la pieza que complete el puzzle de un equipo campeón? El defensor exterior, el protector del aro, el reboteador, el tirador…

Además, los cambios de contexto convierten lo bueno en malo y viceversa. Chris Bosh, con sus enormes virtudes y sus notorios defectos, tenía una oferta gigantesca para ser la tercera vía que propulsara definitivamente la era Harden/Howard en los Rockets. Se llevó finalmente casi 120 millones por seguir cinco años en Miami Heat. Movimiento sobrepagado pero seguramente correcto en su contexto: no es mucho más de lo que, en el actual mercado, hubiera costado un jugador de su nivel. Y, el contexto, enviaba un mensaje de control de pánico tras la salida de LeBron en un equipo con, de repente y además, mucha masa salarial disponible. Otro nombre que salta especialmente a la vista es el de Rudy Gay. Pero su vínculo de cinco años por más de 82 millones se firmó en 2010, cuando algunos pensaban todavía que podía convertirse en el Dominique Wilkins de su generación. El tamaño de su contrato confunde: cobra como una estrella y no lo es, pero no es desde luego un mal jugador. Acaba de salir de una temporada de 20 puntos por partido con el mejor porcentaje de tiro de su carrera.

Así que casi todo es discutible, salvo casos extremos como los más de 48 millones que le han firmado a Kobe Bryant los Lakers. Demasiado incluso contando con la mezcla de gratitud y peaje que suele requerir la continuidad de una leyenda, un gesto en realidad más manirroto que gentil. Todo es discutible: incluso las teóricas concesiones económicas que hacen los jugadores cuando eligen jugar en un equipo y no en otro, porque no se tributa igual en todos los estados. Texas tiene las mejores condiciones fiscales de Estados Unidos y California las peores (13,3% de impuestos), así que Dwight Howard no renunció a tanto cuando firmó en Houston menos de lo que iba a cobrar bruto en Los Ángeles. El estado de California recaudó en 2012 casi 217 millones de dólares en tributación de sus deportistas profesionales.

Otro caso reciente y escrutado al milímetro: Carmelo Anthony ha renovado con los Knicks a cambio de 123 millones de dólares. El máximo que podía ofrecerle la franquicia era de 129 millones, de las que él habría cobrado sólo 66,7. El resto, 46 para impuestos federales y 16,3 para los del estado y la ciudad. Lo otra gran oferta que manejó, la de los Bulls, rozaba los 96 millones por cuatro años. Libres de impuestos, se habría llevado algo menos de 54.

Incluso existen impuestos exprés que se cargan a los jugadores por cambiar de estado para jugar sus partidos como parte del equipo visitante. Se les llama Jock Tax y hacen que los jugadores prefieran girar, por ejemplo, por una Southwest con tres equipos texanos y sólo un rival contra el que se paga ese peaje: los Pelicans. Todo esto forma parte de las lecciones con las que machacan con insistencia a los rookies cuando llegan a la NBA en reuniones en las que incluso se les hace repetir, como un mantra, la frase “I don’t want to go broke” (no quiero acabar en la ruina). Ya se sabe: muchos la tienen en cuenta y muchos no. El último Novato del Año, Michael Carter-Williams, puso en plazo fijo intocable los casi 4,5 millones que le garantizaban sus dos primeros años en los Sixers y está viviendo sólo de lo que produce por patrocinios y explotación de su imagen. Pronto llegará el momento de firmar su primer gran contrato, el salto definitivo para los jugadores que llegan a la liga y consiguen quedarse y hacerse un nombre. La generación de 2010, excelente en lo deportivo, ya se ha asegurado 577 millones (el 41% generado por productos de la Universidad de Kentucky, por cierto) en sus siguientes y actuales contratos: John Wall, Derrick Favors, DeMarcus Cousins, Gordon Hayward, Paul George, Larry Sanders o el último, Eric Bledsoe y los 70 millones por cinco años que le acaban de firmar los Suns.

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Quintetos: estrellas, roles, equilibrio

Las cifras de los contratos listados al comienzo resultan estremecedoras (y plenamente justificadas sólo en los casos de los LeBron, Durant, Paul y…¿quiénes más?) en la perspectiva de los 63 millones de dólares en los que está proyectado el próximo salary cap (tope salarial), un techo de gasto en salarios que incluye un suelo de 56,7 millones y que supone un aumento del 7,5% con respecto a la temporada pasada, en ruta hacia el crecimiento exponencial previsto para 2016 y que ha hecho que, por ejemplo, LeBron sólo haya firmado por dos años con los Cavaliers. El Rey será este año por primera vez, y este dato explica mejor que cualquier otro hasta qué punto es variable y extraña la ingeniería de contratos, el jugador con el sueldo más alto de su equipo. Nunca lo ha sido, en solitario, hasta ahora. Dos franquicias, once años, cuatro MVP y dos anillos después.

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Si se suman los salarios de la próxima temporada de los jugadores que previsiblemente serán titulares en cada equipo (con el margen de inestabilidad que implica la presunción todavía en septiembre), el resultado es que las franquicias invierten sus quintetos una media de 44,3 millones, casi el 70% de esos 63 millones de margen salarial. Quince equipos, la mitad la liga, están por encima de los 45 millones. Entre ellos, diez de los dieciséis que jugaron los playoffs 2014. Lo normal, con excepciones en los dos sentidos, es encontrar a los grandes aspirantes al frente del ranking y a los equipos en reconstrucción al fondo. Estos son los quintetos más caros para la 2014/15:

Brooklyn Nets: 73,8 millones
OKC Thunder: 59,2
LA Clippers: 59
Cleveland Cavaliers: 57,5
NO Pelicans: 57,4
Miami Heat: 54,6
Y estos son los más baratos:
Philadelphia 76ers: 13,9 millones
Orlando Magic: 14
Milwaukee Bucks: 28,5

Excepciones: Los Nets viven en esa realidad alternativa en la que el archimillonario Mikhail Prokhorov considera que el impuesto de lujo es una de esas extrañas costumbres americanas. Incluso sin Paul Pierce, siguen reuniendo los contratos de Deron Williams (19,7 millones), Joe Johnson (23,1), Kevin Garnett (12) y Brook Lopez (15,7). Los Pelicans tienen una cifra muy inflada después de asumir los contratos de Jrue Holiday, Eric Gordon, Tyreke Evans y Omer Asik. Y más si se considera que Anthony Davis todavía no ha firmado el contrato máximo que firmará con absoluta seguridad.

Excepciones: los Lakers, con un quinteto de más de 51 millones, tendrán negro meterse en playoffs. Y excepciones: los Spurs no pasan de los 39 millones (sólo hay once quintetos más económicos) y ganaron el pasado anillo con 38,3.

Excepciones y formas: los Spurs no sólo no gastan mucho sino que equilibran sus salarios entre los 12,5 millones de Parker y los 3 de un Kawhi Leonard a las puertas, claro, de una extensión súpermillonaria. En el otro extremo están los Rockets, que invierten 36 millones en Dwight Howard y James Harden y apenas 2,5 en Patrick Beverley y Terrence Jones para un total de 47,1 millones incluidos los 8,6 del pródigo Ariza. Beverley y sus 915.000 dólares son de hecho el sueldo más bajo de un titular en toda la NBA, a la altura de un Henry Sims que en teoría comenzará como pívot de los Sixers y por delante de los 981.000 que ha firmado un Wesley Johnson con opciones de ser el alero titular de los Lakers en disputa con el renqueante Xavier Henry.

Pero el algodón no engaña. Más allá de los Spurs, esta es la inversión en titulares para la próxima temporada de los equipos del Oeste que juegaron playoffs la pasada: Thunder 59,2 millones, Clippers 59, Rockets 47,1, Blazers 42,3, Warriors 53,7, Grizzlies 53,7 y Mavericks 50,1. Los eliminatorias del Este son más baratas en un sentido literal: 35,9 los Hornets, 39,7 los Hawks y 34,8 los próximos Raptors.

El salario medio de un jugador NBA es ligeramente superior a los cinco millones de dólares, una cifra que se dispara en los jugadores titulares que, más allá de ciertas creencias contrarias, se reparten el pastel entre puestos de forma notablemente homogénea. Un base titular cobra 8,7 millones de media, un escolta 7,2, un alero 9,1, un ala-pívot 9 y un pívot 9,5. En general, los jugadores altos sí que siguen siendo más caros y, mientras que hay pocos ala-pívots titulares a precio de saldo, los aleros alcanzan cifras medias similares gracias a un muy notable desequilibrio entre los mejores (que cobran mucho: LeBron, Durant, Carmelo…) y el resto. Históricamente ha sido así y los números lo refrendan: entre los 50 primeros del ranking de eficiencia de la pasada temporada hay 15 ala-pívots y 12 pívots por 11 bases, 9 aleros y sólo 3 escoltas, de hecho el puesto más económico y que tiene a sus representantes en los puestos 12 (James Harden), 34 (Demar DeRozan) y 43 (Monta Ellis). Entre los veinte primeros hay ocho ala-pívots y seis pívots. En el top-ten, cuatro y uno.

El milagro en movimiento de los Spurs, otra vez

Esos livianos 39 millones que cuesta el quinteto del actual campeón hacen que se pueda permitir una segunda unidad con jugadores como Ginóbili y Diaw, que además rinden por encima de sus sueldos en un ejercicio de rentabilidad máxima. Esa ejemplar perfección de proyecto, en lo deportivo y en lo ideológico, se traslada a la arquitectura de plantilla de una forma asombrosa: los tres quintetos más baratos que han sido campeones en los últimos diez años son… los tres de San Antonio Spurs. 2005, 2007 y 2014. El primero, 29 millones sobre tope salarial de casi 44 (cerca del 66%); El segundo 41 sobre 53 (más del 77%). Y el ganado este pasado junio, algo menos de 39 sobre 58,6 (un 66%). Con salarios además bien modulados en función del rendimiento: Duncan baja de los 17,4 millones de hace siete años a los 10,3 de la pasada temporada; Parker sube de 1,5 a 12,5.

El gasto en los jugadores que están en pista en el salto inicial para los últimos diez campeones se ordena así:

Lakers 2010: 62,7
Boston Celtics 2008: 61,6
Heat 2013: 60,1
Heat 2012: 55,3
Lakers 2009: 52,9
Mavericks 2011: 47,5
Miami Heat 2006: 42,3
San Antonio Spurs 2007: 41,2
San Antonio Spurs 2014: 38,3
San Antonio Spurs 2005: 29

No es casualidad que predominen los equipos articulados en torno a la concentración de estrellas: el big-three de Miami Heat (LeBron, Wade y Bosh acumulaba 47,6 millones en 2012 y 52,1 en 2013. Los últimas versiones campeonas de Lakers y Celtics también se formularon en torno a tres contratos monstruosos: Kobe Bryant, Gasol y Bynum se llevaban en 2010 casi 52 millones mientras que dos años antes Ray Allen, Kevin Garnett y Paul Pierce devolvieron la gloria a los verdes de Boston a cambio de 56 millones combinados.

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Una filosofía que obliga a sacar petróleo del resto de recursos: Lamar Odom o Derek Fisher en los Lakers, o la sorprendente evolución de Rajon Rondo en unos Celtics en los que Doc Rivers convirtió en una roca a un Kendrick Perkins cuyo contrato es ahora una roca para los Thunder. Y en los que sacó chispas de reservas como Eddie House, Tony Allen o James Posey. Como ha hecho Spoelstra en los últimos Heat con veteranos como Mike Miller, Udonis Haslem o Ray Allen, cuyo caso es también paradigmático: estrella que cobraba 16 millones de dólares en aquellos Celtics que fueron campeones hace seis años y complemento de lujo que se llevó poco más de tres por, entre otras cosas, meter el triple que salvó la vida de los Heat en el sexto partido de las penúltimas finales, en 2013.

No es casualidad tampoco que se recuerde como equipos más corales y profundos a algunos de los menos caros, sobre todo Spurs y Mavericks y más allá de la incidencia estelar evidente de los Duncan, Parker o Nowitzki.

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Entrenadores, rookies, decisiones

Tampoco es casual que hasta el año pasado fuera Gregg Popovich el único entrenador NBA en activo que colaba su su salario (unos 6 millones anuales) entre los más altos de los head coach del deporte profesional estadounidense, una lista en la que mandan los gurús de la NFL: Sean Payton y Bill Belichick -ambos en el terreno de los 8 millones- además de Andy Reid, Pete Carroll o Jeff Fisher. En los últimos meses, Stan Van Gudy le ha sacado a los Pistons 7 millones anuales por, eso sí, entrenar y dirigir los despachos. Y Doc Rivers ha renovado en los Clippers a ritmo de diez millones anuales hasta 2019 gracias al provechoso escenario que se le abrió en clipperland la necesidad de ganar mezclada con la obligación de dar pasos en dirección correcta u unívoca para recuperar una imagen taladrada por el escándalo Sterling.

La rutina de ingeniería financiera que permite competir con garantías requiere de tino y delicadeza, y también de suerte, en firma de contratos máximos y ofrecimientos a los jugadores que salen de contratos rookies, una escala que ciñe de forma obligatoria el estreno en la liga de los elegidos en primera ronda: el último número 1, Andrew Wiggins, se asegura por esa condición algo más de 11 millones por sus dos primeros años de baloncesto. El dos, Jabari Parker, 10. Y así hasta los 2,3 del número 30 que cierra la primera ronda: Kyle Anderson, que jugará precisamente en esos Spurs tan habituados a optimizar contratos como el suyo.

La confección de ese quinteto que acaba siendo la estructura del edificio, sea Patrimonio de la Humanidad o una ruina con aluminosis, gobierna el proceso diario de toma de decisiones de las franquicias, especialmente de la que son meritorias y animadoras pero quieren ser más. Cuando hay que dar ese paso, casi siempre el más difícil, es cuando los Warriors se vuelven locos pensando qué hacer con los 15 millones de David Lee y los Blazers no dudan en igualar el ofertón de los Timberwolves y retener a Nico Batum, entonces agente libre restringido, por más de 46 millones en cuatro años. Porque sabían que en el peor de los casos no encontrarían cemento que orbitara mejor en le planeta Lillard/Aldridge y en el mejor estaban garantizando la continuidad de uno de los grandes aleros de la próxima NBA. Ya lo es, de hecho. ¿Sobrepagado? Ajustado al mercado y a las necesidades y disponibilidad de la franquicia.

Son estas decisiones sobre apuestas a partir de carencias en los quintetos, un hervidero cada verano, las que disparan o lastran el recorrido de las franquicias y las que encumbran o hunden las carreras de los general managers. Un problema que exige especial delicadeza cuando se trata con jugadores que salen de su primer contrato y para el que los actuales Thunder suponen un perfecto pero inestable experimento porque son un equipo forjado, desde la salida de Seatlle hasta las puertas del anillo, a partir de elecciones de draft. Kevin Durant y Jeff Green fueron números 2 y 5 en 2007 y Russell Westbrook llegó desde el 4 en 2008. Un año después, ya en Oklahoma, aterrizó James Harden desde el número 3 y se recultó a Serge Ibaka, elegido un año antes con el número 24.Las posteriores ampliaciones multimillonarias eran una apuesta inamovible en los casos de Durant, que firmó por más de 89 millones y cinco años en julio de 2010, y Russell Westbrook, 78,5 millones y otros cinco años en 2012. A partir de ahí, la franquicia negocia borrascas de cuya resolución dependen sus opciones de seguir siendo uno de los mejores equipos de la NBA durante la próxima década. Seguramente fue un error priorizar la salida de contrato rookie de Ibaka, que firmó 49 millones por cuatro años que empezaron a ser efectivos la pasada temporada, por delante de la de la de James Harden, que se quedó sin sitio, empujado definitivamente por su confuso desempeño en las Finales de 2012 y que firmó en Houston Rockets un contrato máximo poco después. Un problema que se repetirá ahora con Reggie Jackson, que apura un primer contrato que le dará menos de 2,5 millones esta temporada, ya en medio de tambores de renovación de los que saldrá un contrato mucho más alto en Oklahoma… o en otro sitio. Una situación no muy distinta a la de Steven Adams, que no pasará de los 2,1 millones ahora y que es la llave para deshacerse de una vez por todas de los más de 9 que recibirá un Kendrick Perkins que está a años luz de ser un pívot titular a la altura de esos números y que nunca ha respondido a las expectativas de una operación que obligó a la salida de Jeff Green. Jackson fue número 24 en 2011 y Adams, 12 en 2013.

Un panorama en perpetuo movimiento que avanza hacia una interesante bifurcación: por un lado el exponencial incremento del salary cap que llegará en dos años y que seguramente premiará de nuevo a los más pudientes (jugadores y equipos); Por otro el actual y mucho más crudo marco del impuesto de lujo, de hecho prohibitivo ya para muchas franquicias aunque, otra vez, apenas una molestia para ese Midas Prokhorov que tiene a los Nets en casi 89 millones de inversión total en plantilla para una temporada en la que sólo se proyectan más allá del impuesto de lujo los Clippers y los dos equipos de la Gran Manzana, los Nets y esos Knicks que cargan con los casi 35,5 millones que suman entre Bargnani y un Stoudemire que cierra este año un contrato mastodóntico que le ha pasado por encima entre lesiones y la repentina ausencia de las asistencias de Steve Nash. Otro ejemplo de los peligros de la indigesta mezcla de oportunidad, necesidades, ingeniería de despachos... y suerte. Un sudoku en el que sólo hay una respuesta segura: hacer un equipo campeón en la NBA implica poner millones encima de la mesa. Unas veces muchos, otras muchísimos.


1 Comentarios

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Sr Lobo

Genial, como siempre. Un pelín enrevesado, eso sí. Y o tra vez, muestra del acierto increíble de la filosofía 'spur'

10/02/2014 10:16:27 PM