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Coach K: el padre de la redención

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Un blog para tratar el pasado, presente y futuro del baloncesto tanto nacional como internacional: ACB, ULEB, Euroliga, Eurocup y la NBA.

Autor: Juanma Rubio

Coach K: el padre de la redención

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Poco antes de los Juegos Olímpicos de Londres, el Team USA visitó el Cementerio Nacional de Arlington, donde descansan soldados de todas las guerras que ha librado el país de las barras y estrellas desde la de Independencia a las de Irak y Afganistán. Allí, entre una cuadrícula de interminables hileras de lápidas que descansan bajo las 72 toneladas de la Tumba al Soldado Desconocido, los mejores jugadores de baloncesto del mundo se quedaron absortos durante unos minutos que parecieron horas. “Ese día… sólo puedo asegurar que nunca lo olvidaré”, explicó después un Kevin Durant al que todavía atronaba el ruido de tanto silencio. Aquella visita, como la parada en una base militar de Corea antes del Mundial de Japón, formaba parte del programa que sigue a pies juntillas Coach K: Mike Krzyzewski, padre de la nueva era dorada de la Selección estadounidense de baloncesto.

La inspiración castrense le viene a Krzyzewski (que se pronuncia zha-zhev-ski) de su paso por la Academia Militar de West Point, donde se graduó en 1969, donde jugó y entrenó y donde conoció a Bobby Knight. Y, adaptada al ideario deportivo, forma parte del sistemático y constante proceso de reeducación en el que entró la Selección de Estados Unidos, en realidad todo el conglomerado que se parapeta bajo la estructura del USA Basketball, después de tocar fondo en el Mundial de Indianápolis en 2002 (sexta, 6 victorias y 3 derrotas) y en los Juegos de Atenas 2004, donde se llevó el bronce después de perder tres partidos, uno más de los que había perdido en toda la historia olímpica hasta entonces. En 2005 Jerry Colangelo se puso al frente de unas oficinas que eran todo caos y comenzó un proceso destinado a enterrar la noción de que a Estados Unidos le bastaba con reunir a los doce mejores jugadores disponibles en cada momento y lanzarlos a jugar tras concentraciones de menos de dos semanas y organización como mínimo laxa. El directivo Jim Tooley dijo entonces que la “la selección iba a acabar consiguiendo que todo el mundo odiara el baloncesto estadounidense”. Las razones: “Juntábamos a un puñado de jugadores, entrenaban unos días, les explicábamos de pasada un par de normas FIBA y les decíamos que se fueran a ganar un oro. No respetábamos lo que estaban haciendo todos los demás equipos así que no podíamos inculcárselo a los jugadores”.


De la improvisación había que pasar a pensar en términos de programa integral. En la decisiva hora de elegir arquitecto para la rehabilitación a la que luego se llamó Redeem Team (el equipo de la redención), Colangelo reunió en secreto a leyendas como Michael Jordan, Larry Bird, Jerry West o Chuck Daly. De entre todas sus vivencias en sus periplos con la selección y de entre todos los nombres que surgieron en esas interminables conversaciones terminó quedando uno por encima de todos: Krzyzewski.

Coach K es un tipo pragmático y extremadamente competitivo, en el que LeBron James dijo ver “todas las razones por las que estamos orgullosos de ser estadounidenses”. El sueño americano de un niño de origen polaco y cuna muy humilde que ha acabado siendo uno de los grandes entrenadores de la historia, ya miembro del Hall of Fame y al frente de la Universidad de Duke desde 1980, con récord de triunfos universitarios y un reguero de suculentas ofertas NBA rechazadas a lo largo de los años: de los Celtics a los Lakers a los más de 12 millones anuales que le pusieron sobre la mesa los Nets. Nunca ha habido forma de llevar a la gran liga a un tipo que es la K de Duke: cuatro títulos (el primero en 1991, el último en 2010) y billete para el torneo final en 29 de los últimos 30 años, 19 seguidos desde 1996 hasta el último, en 2014. Mucho más allá, las raíces de la familia Krzyzewski están ya hundidas en el tejido de la comunidad de Durham hasta lo inseparable. Más: la pista que pisan los jugadores que saltan al Cameron Indoor Stadium fue bautizada como Coach K e incluso existe, cada año y puntualmente desde hace casi tres décadas, un lugar llamado Krzyzewskiville (K-Ville): las explanadas de césped donde acampan los estudiantes que todavía no se han graduado para poder acceder a los partidos de Duke cuando llega el gran torneo universitario.


Bobby Knight, mentor que ya le contrató como asistente en la Selección para los Juegos de 1984 que acabó ganando el oro ante España, dice no haber visto nunca a nadie con la capacidad de Krzyzewski para “conocerse a sí mismo y a sus jugadores”. La Selección de Estados Unidos le permite ejercitar un tipo de liderazgo radicalmente distinto al de su día a día: de trabajar con jóvenes que sueñan con llegar a la NBA a hacerlo con los mejores jugadores de esa NBA. Un abismo que se sabe de memoria: también era asistente de Chuck Daly en el Dream Team de Barcelona 92 después de haber dirigido a la Selección en el Mundial de 1990. Entonces EE UU, con un grupo de jugadores no profesionales que no superaba los 20 años de edad media, fue tercera sólo a la espalda de dos versiones termonucleares de dos gigantes extintos: Yugoslavia y la Unión Soviética.



Hasta que en 2005 aceptó un reto que por entonces era mayúsculo, un sudoku al que arrimaba pero en el que también ponía en cuestión su hasta entonces intocable reputación, la que nunca ha llegado a testar la NBA. Krzyzewski nunca aceptó entrenar a profesionales pero sí afrontó el reto de enseñar a los mejores de entre los mejores profesionales que sólo volverían a ser invencibles si entendían que habían dejado de serlo. Desde entonces ha ganado 75 partidos de 76, un 98,7% de triunfos que no han visto más derrota oficial que la de semifinales del Mundial de Japón ante Grecia (95-101), el 1 de septiembre de 2006. Hace más de ocho años. Ha ganado dos oros olímpicos y dos Mundiales, además de un Torneo de las Américas. Cinco campeonatos saldados con 44 victorias en 44 partidos… por una media de 31,4 puntos de diferencia.

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La redención era eso pero no era sólo eso. Krzyzewski sabía que el baloncesto internacional había dado el salto al hiperespacio desde que el Dream Team arrasó Barcelona con muchos de los mejores jugadores de siempre. Y sabía que era importante volver a ganar casi siempre pero que era todavía más importante la forma en la que se ganaba. Por eso las concentraciones se han convertido en verdaderos campus en los que Coach K ensambla piezas, ajusta egos, establece vínculos, refuerza compromisos y explica las reglas de otro baloncesto y los peligros de rivales aparentemente inferiores. Su éxito son cuatro oros en seis años pero es también la excelente imagen que sus jugadores han dejado, en cada competición un poco más que en la anterior, como competidores y como deportistas. A años luz de aquellas versiones empalagosas y demasiado queridas de sí mismas de los Team USA de no hace tanto. Habla James Harden: “El entrenador nos ha hecho sentir lo que de verdad significa representar a Estados Unidos y llevar esa camiseta más allá de los clichés. Ahora mucha gente nos pregunta si no sería mejor tener más tiempo para descansar en verano y no arriesgarnos a tener lesiones graves como la de Paul George. Él ha sabido inculcarnos las respuestas a esas preguntas: jugamos por la pasión por el baloncesto. Pero no sólo por la que sentimos nosotros, también por la de toda la gente a la que representamos”.

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En ese sentido, esta versión 2014 de Estados Unidos que ha sorprendido siendo la más inabordable cuando parecía más accesible que las de Pekín o Londres, queda como la obra maestra de Krzyzewski en el baloncesto internacional. Por ahora. Quizá porque jugadores muy jóvenes y en tránsito hacia el estrellato masivo compraron su mensaje con especial fidelidad, quizá porque su fórmula ha cuajado ya. El programa. Además, en el aspecto puro de entrenador, Krzyzewski también ha dado una lección de adaptación. Sin sus grandes estrellas y sin los '4' abiertos que suele usar como estilentes fulminantes (Kevin Durant, Carmelo Anthony…), Estados Unidos presentó un bloque mucho más blindado por dentro y con una estructura adaptada al estilo FIBA: al estilo europeo. Líderes, jugadores con buen manejo de balón, tiradores, obreros y una buena combinación de pesos pesados y atletas elásticos en las zonas. Un equipo joven que ha repartido minutos, puntos y protagonismo con armonía y compañerismo y que se fue del Mundial dejando un rastro de empatía, comportamiento exquisito y sonrisas que enmarcan otro oro colgado al cuello. La redención, finalmente, era eso. Todo eso.


4 Comentarios

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Arthur Skate

Muy buen articulo!

Deberian hacer una pelicula... o ya la han hecho...

09/16/2014 08:21:19 PM

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Supertriqui

O sea, que aunque tengas buenos jugadores, es recomendable tener un buen entrenador. ¿Qué sorpresa, no? ¿Alguién avisó a la FEB?

09/16/2014 09:23:12 PM

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moysanchezb

Gran artículo como siempre. El procentaje de victorias me ha dejado más pasmado que la pronunciación de su nombre.

09/16/2014 11:48:15 PM

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alex rosas. asesor articulos eróticos

Un entrenador excepcional, a la altura de un país tan potente en Basket.

09/17/2014 07:33:43 PM