Del manteo de Carlo al de Paco en 24 horas

Alfredo Matilla
Redactor Jefe
Nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, 1982), es redactor jefe. Licenciado en Periodismo, entró en AS en 2005, donde pasó por la sección del Madrid, fue Delegado en Cantabria (2008-2012) y jefe de sección de AS.com (2012-2022). Tras su paso por Relevo, regresó a casa en 2026. Es Máster en Psicología Deportiva y autor del libro 'Por si acaso'.
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Mi fin de semana tuvo varios nombres propios en el mundo de los banquillos. Todos agolpados en 24 horas frenéticas que demuestran que aquí lo que casi siempre marca el paso son los resultados. Digan lo que digan. Por mucho que se hable de proyectos. Por mucho que los presidentes disimulen. Miren si no dónde está ya el Tata. La diferencia es que unos no lo reconocen y otros parecen haberlo aprendido. Desde las 20:45 horas del sábado a las 20:45 del domingo vi desde cómo se logra una Champions salvadora hasta cómo se abandona la Segunda B milagrosamente, pasando entre medias por cómo se lidia a la crítica más feroz mientras se confecciona una lista para el Mundial. Resumiendo: Desde la redacción de Madrid observé que Ancelotti y Simeone se comportaron en Lisboa como de costumbre, pero donde esperaba cordura y apoyo ante sus decisiones me encontré fluctuaciones en la hinchada. Luego, desde mi asiento de piloto rumbo a Cantabria escuché en la mañana del domingo al Del Bosque habitual recitar su convocatoria y, aunque intuía debate, no me esperaba tantas rajadas. Aquí no se salva nadie. Por mucho que haya hecho. Menos mal que ya por la tarde se confirmó que ese día el mundo giraba, por sorpresa, en una nueva e inesperada dirección. Y no sólo en las urnas. En Eibar, Albacete y Santander, tres plazas que sufrieron lo suyo, más allá de haber encontrado el ansiado ascenso, han dado con tres héroes a los que nadie pone en duda: Gaizka Garitano, Luis César Sampedro y Paco Fernández. Al primero ya le dediqué una merecida oda en este mismo blog (‘Gaizka venga a los Garitano’), con el segundo vibré a cada segundo por la radio tras mi pasado en el club manchego y con el tercero coincidí en vivo en una tarde-noche inolvidable.

Así fue. No me invento nada. Una pena no haber grabado estos cuatro ratos. Para ver cómo funcionamos (1, 2 y 3) y, en contraposición, para entender cuántas veces debemos tropezar hasta reaccionar, valorar las cosas y defenderlas a ultranza (4).

Del manteo de Carlo al de Paco en 24 horas

1.- Con el Euroderbi del sábado aluciné. Mirando alrededor, Ancelotti pasó por todos estos estados en lo que dura un partido y su prolongación. Del paredón al estrellato. Empezó cuestionado al conocerse su alineación. La opción Khedira rechinaba. Así que con el gol de Godín ni les cuento. A última hora, con el paso desesperante de los minutos para el madridismo, era una teoría aceptada que su cabeza iba a rodar en cuestión de horas. Una 'mísera' Copa y esta decepción eran claves. El empate de Ramos, por tanto, no cambió sólo el rumbo de la final, sino también del futuro. El suyo y el del club. El Madrid ganó, Florentino se abrazó a Aznar y Ancelotti, claro, fue manteado. Ahora seguirá y de lo demás nadie se habrá acordado. Sin duda, un gol es decisivo.

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2.- Del Cholo también oí de todo. Pero éste tenía de colchón una Liga y haber obrado un milagro contra dos monstruos. Tan bien comenzó su equipo en el estadio Da Luz que llegué a escuchar que la alineación de Diego Costa fue una estrategia a pesar de que estaba lesionado. La razón es rocambolesca pero compartida: así echaría abajo todo el plan defensivo previsto por el Madrid al cambiarle de inmediato y dar entrada a otro ‘9’ con distinto perfil. El empate en el descuento y el desplome de la prórroga cambió el discurso, que pasó a recriminar al argentino haber desperdiciado un cambio de salida que hubiera sido clave para seguir en la pelea al final. De nuevo, un gol fue decisivo.

3.- Sin tiempo casi para descansar con la cobertura de la Décima y Cibeles, desperté para lanzarme a la carretera en apoyo de uno de los fundadores de la Liga. La lista de Del Bosque amenizó el camino. Y en una mañana en la que uno esperaba paz y concordia, encontré bronca y palos al Marqués, campeón de todo lo que añorábamos. El lío vino porque su lista no fue definitiva a la espera de que los lesionados tengan parte, ya que tiene hasta el 2 de junio para rendir cuentas con la FIFA. Qué crueldad. Cuando todos sabemos que si hubiera dado ya los 23 nombres le reprocharíamos la falta de paciencia de la que siempre presumió, desconocimiento de las reglas y un atrevimiento desmedido que jamás se le vio. Escuché que debía haber llevado a Gabi, Isco y no sé cuantos más, faltas de respeto a Torres, incomprensión con Deulofeu y alarmas por Navas. Como si los que van fueran cojos y como si el seleccionador no se hubiera ganado de sobra la confianza en estos cinco años y pico. Unos decían Diego Costa no. Y otros, Diego Costa sí. Sin duda, un gol (suyo o de quien le supla) será decisivo.


Del manteo de Carlo al de Paco en 24 horas

Y 4.- Con un día tan ajetreado y con tanto baile de opiniones, me senté en El Sardinero y empecé a preguntar, por si las moscas, por Paco Fernández. Un entrenador asturiano (Oviedo, 1967) que llegó a un Racing desahuciado el pasado verano y que ha logrado lo que ningún otro técnico consiguió desde que Nando Yosu dejara de ejercer: unir al racinguismo y no tener detractores. Y eso que desde entonces, 2003, han pasado por el banquillo Lucas Alcaraz, Manolo Preciado, Portugal en dos ocasiones, Marcelino en otras dos, Muñiz, Mandiá, Cúper, Juanjo González, Álvaro Cervera, Unzúe, Fabri, Gay y Alejandro Menéndez. Y eso que allí se ha llegado a pitar a Muñiz por dejar al equipo 12º en Primera en el año más difícil (post-Marcelino) hace poco más de un lustro.

Antes las adversidades nos crecemos. Y qué cosas, cuando más división social había en el club cántabro por culpa de Pernía, Alí, Harry y demás saqueadores, y cuando más lejos ha estado una élite que se degustó en su máxima expresión en 2008 con la participación en la UEFA. Paco pudo con todo. Igual que antes se silbaba hasta a Henrique o Lacen (mundialistas), ahora la gente se pone en pie con Mariano y Koné (funambulistas)…

Por cosas del periodismo, unas veces se buscan las noticias y otras veces te llegan. El fichaje de Paco por el Racing me llegó por la segunda vía en julio de 2013. Cuando llamé a Santander para cotejar y pedir referencias, alguno sonrió y los más numerosos dijeron despectivamente “quién es éste”. Hasta varios miembros del Consejo. Unos meses después todos, absolutamente todos, han coreado su nombre por hacer de un equipo modesto un líder admirable. Han manteado su figura por mantener la ilusión y el hambre intactas a pesar de los impagos (cuatro meses). Han reconocido su valentía tras aquel plantón legendario de la Copa. Han destacado su labor por no rendirse nunca. Y han alabado su compromiso porque ha sido de los pocos que no ha regateado los problemas y que ya ha dicho que se queda pese a que nueve de sus chicos acaban contrato, que se ha convertido al racinguismo y que ahora no se conforma y quiere ser campeón de 2ªB.

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Paco, un técnico que ha contado con sólo cuatro jugadores de las últimas plantillas que han recuerda España (Mario, Francis, Oriol y Koné) ha logrado que el Racing vuelva a Segunda con sólo tres derrotas. Él ha permitido que 21.000 seguidores vieran un partido de 2ªB ante el Llagostera. Él ha motivado que ‘La Gradona de los Malditos’ lleve en volandas a sus héroes y no recite más a sus villanos. Él, con su implicación, ha hecho que el club se llene de voluntarios que igual limpian las gradas, que hacen de porteros, que venden papeletas para recaudar. Él ha conseguido que los periodistas narrasen la victoria con lágrimas en los ojos. Él fue determinante para que exjugadores, nuevos socios y aficionados ilustres de un club centenario se abrazaran más fuerte que nunca. Y él ha conseguido que el domingo todos empujaran hasta el bendito minuto 87, que nadie dudara y que se sintieran tan ganadores como los propios jugadores. Porque esta vez de nuevo un gol fue clave. Pero no para influir en el futuro del técnico. Ni siquiera por certificar un ascenso más. Fue por la salvación del viejo y admirado Racing.