Fiesta del atletismo: Bolt, Valencia, Atapuerca, Canillejas...
Ojalá todos los fines de semana fueran así: premios en Montecarlo a los mejores atletas mundiales del año, el mejor cross del mundo en Atapuerca, una grandísima maratón de Valencia y la fiesta popular de Canillejas. Todo ello, una maravilla.
Vamos con Montecarlo. Se cumplieron los pronósticos. Esta vez he acertado, lo que no siempre sucede, ni mucho menos. Me parecían claras las victorias de Usain Bolt y de su compatriota Shelly-Ann Fraser-Pryce. Tres medallas en los Mundiales de Moscú pesan como el oro.
Tienen en común que son jamaicanos, pero no se parecen en muchas cosas. Bolt tiene una salida lenta (relativamente, no exageremos) y Shelly-Ann vertiginosa. Él es gigantesco para ser un velocista (1,96 metros) y ella minúscula (1,60). Usain se ve obligado, a veces, a remontar en las carreras, aunque no siempre. A ella tienen que alcanzarla, y casi nunca lo consiguen. Tienen en común que dominan también la distancia superior: los 200 metros.
Shelly-Ann recuerda en principio a Nellie Cooman, la holandesa que fue plusmarquista mundial de los 60 metros en pista cubierta, pero Nellie casi no llegaba a los 100 metros, y Fraser-Pryce llega a los 200: es la mejor del mundo en la distancia.
Otra cosa en común entre Bolt y Shelly-Ann es su alegría. Arrancan sonrisas al espectador. Hacen bromas y sonríen incluso en situaciones de máxima tensión. Son una maravilla.
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Vamos a otra cosa: maratón de Valencia. Mezcla perfecta de cantidad y de calidad de corredores. Una de las pruebas más multitudinarias de España y, desde ayer, la más rápida en territorio español. Esa es la clave: mezclar masas de corredores con atletas de élite capaces de correr muy rápido. Eso es lo que engrandece a una carrera. El circuito valenciano propicia buenas marcas, como el de Barcelona. Madrid tiene otros problemas: altitud, cuestas…
Y Canillejas. Es una prueba urbana que ha venido a menos por la crisis económica, pero que sigue manteniendo su arraigo en momentos difíciles. Miles de corredores en un barrio popular de Madrid hablan bien a las claras de la fuerza del atletismo urbano o popular, como queráis llamarle. Y hay que dar las gracias a la contumacia de Pepe Cano, empeñado en seguir adelante.
