Ataques de entrenador

Alfredo Matilla
Actualizado a

Ataque de entrenador, en su versión originaria, es la acción de acometer o emprender una ofensiva. Ataque de entrenador es, por lógica, una iniciativa cuyo objetivo prioritario es vencer al adversario. Ataque de entrenador, en su máxima expresión, es el gesto repentino ocasionado por un trastorno o por un sentimiento extremo. Y si lo permiten, un ataque de entrenador es, sobre todo el pasado sábado, ese movimiento inesperado que agita la previa de un partido. El que mantiene al populacho justificando la(s) sorpresa(s) en el once para matar así los nervios. El que da pábulo a los oportunistas para hacernos ver que esa novedad ya se la esperaban ellos. Y el que nos permite aventurar las motivaciones de la innovadora decisión. Pero distingan. No se dejen confundir. Todo eso son las acepciones antes de un encuentro. Después, ya con el resultado conocido, un ataque de entrenador pasa a ser la forma despectiva de decirle a un técnico que la ha cagado. Que sus ocurrencias fueron un lastre definitivo. La metedura de pata por excelencia. Así es: el resultado es lo que diferencia si una decisión es jugada maestra o ataque de entrenador. Ancelotti sabe lo que digo. Y lo sufre.

Compruébenlo. Hagan memoria y recuerden la hora que precedió al último Clásico. Visualicen a aquellos que reconocieron que estaban deseando ver a Ramos de mediocentro desde hacía tiempo. A fin de cuentas es Tarzán. No olviden a todos los que les ilusionó ver a Carvajal doctorarse. Y piensen en los que sacaron pecho porque se saciaban por fin sus ansias de comparar, a ojos de todo el mundo, el precio de Bale con el valor de Neymar. ¿Ya? Realicen ahora el mismo ejercicio mental con las horas posteriores al Barça-Madrid. Recopilen los testimonios que hablaban de alineación politizada, de que Ramos estaba fuera de sitio o que Benzema, tan criticado, hubiera estado mejor que el galés. ¿Hecho? Seguramente muchos de los sujetos coincidan. Siempre fue así. Las estrategias más inesperadas pasaron a la historia por su brillantez gracias al marcador que las protegió. E incluso el plan aislado pasó a ser una estrategia duradera. Un ejemplo: Guardiola y su idea de poner a Messi de nueve. Sin embargo, se recuerdan como gambadas históricas aquellos golpes de timón que el resultado no respaldó (Mou con Pepe) o esos ‘regalos’ tácticos en los que el ideólogo, ganase o perdiera, tenía penas que cumplir. La doctrina Clemente.

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Ataques de entrenador

La historia del fútbol, con 150 años recién cumplidos, está llena de ejemplos. Y precisamente Clemente puede decirse que ha sido el rey de los ataques. Como resumen de una larga colección vale recordar que alineó varias veces, incluso en mundiales y eurocopas, a un equipo con dos centrales en el mediocentro (Hierro y Alkorta un día, Hierro y Nadal otro), que llegó a aponer a la vez a nueve jugadores defensivos (Zubizarreta; Ferrer, Alkorta, Camarasa, Abelardo, Nadal, Goicoechea, Hierro, Bakero, Sergi y Luis Enrique), que mandó a Ferrer a perseguir a campo abierto a Brian Laudrup o que hizo debutar en el 96 a Molina (portero) pegado a una banda en un bolo en Noruega.

Ataques de entrenador

Esos cambios que jamás olvidaremos fueron de la noche al día. Sin avisar. De ahí su trascendencia. Otros se fueron cocinando poco a poco. Los digerimos. Por ello nos adaptamos a ver a Loren, en la modestia de la Real, pasar de ser delantero a contundente central. Como también nos pasó, por ejemplo, con Lothar Matthäus en la grandeza de Alemania. Lo curioso es que los movimientos más legendarios fueron cometidos por entrenadores del Barça y del Madrid. Y casi siempre al enfrentarse entre ellos. El verdadero miedo escénico. Lo del último Clásico no fue más que otro capítulo.

En el Barça, Cruyff ya sentó en su día a Lineker y tiró de Romerito ante el Madrid un día después de llegar a la Ciudad Condal. Un sacrilegio tan grande como el mayor y que sirvió al madridismo para burlarse del rival durante años. Aquel partido acabó con empate y con Romerito abucheado por fallar tres ocasiones ante Buyo. Después, jugó seis partidos más (un gol) y tuvo que emigrar. Cruyff era especialista es inventar ante el eterno rival. Una vez puso a Guardiola de central. Le hizo cubrir por todo el campo a Butragueño. Otras a Nando en una banda. Y utilizaba laterales a pierna cambiada. Casi siempre fracasó. Van Gaal, tan preocupado por conservar la escuela holandesa en Can Barça, copió hasta esos tics. Llegó a poner a Raiziger de mediocentro en un partido de Champions en Kiev. Quizás por eso el aficionado culé ya no se sorprende si Guardiola manda un día a Alves de extremo en el Bernabéu, si Masche o Song hacen otro de central o si Tito mete a Adriano junto a Mascherano.


En el Madrid, muchos antes que ‘Carletto’ ya retocaban otros la pizarra cuando nadie lo esperaba. Toshack, nada más llegar al club, puso a Schuster de líbero y a Chendo de mediocentro. Y nadie lo mató. A la primera, ante el Sporting y por la lesión de Schuster, el Bernabéu se mosqueó con su aportación personal y el juego colectivo. 2-0 al Sporting el 3 de septiembre de 1989. A la siguiente ocasión, con Martín Vázquez de baja y empate en Castellón, ya no hizo gracia ninguna. Así que el proyecto de mediocentro se vino rotundamente abajo. Luego, Benito Floro también tuvo varios ataques de estos raros. Y por culpa de su etapa en el Albacete. Allí se atrevió a reconvertir a Geli, que llegó como delantero, hasta hacerlo fijo en el lateral derecho. Y no le fue nada mal. Geli fue después internacional y campeón con el Atlético en esa posición. El plan le salió tan bien que luego, ya en Chamartín, hizo la misma metamorfosis con Luis Enrique en el 93. Vitor, aquel lateral de broma, le tenía desquiciado. El asturiano, delantero de los buenos formado en Mareo, cumplió con nota y repitió.

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Más tarde, el madridismo ha visto cambios algo raros (Hierro mediapunta y llegador con Antic, Raúl en la izquierda con Valdano), modificaciones de sistema (tres centrales de Del Bosque) o ideas más o menos llevaderas (Beckham mediocentro; Guti delantero centro); pero no fue hasta la llegada de Mourinho, que ya había metido con el Inter a Etoo de lateral ante el Barça por necesidad, cuando regresaron los fantasmas. Altintop de lateral o Pepe mediocentro… Ancelotti no debe asustarse, de momento, con estos ataques que le dan. Tiene fácil solución. Existe medicina. Sólo necesita ganar cuando le broten. O tener presente, y repetir en voz alta, que hasta el 23 de marzo no habrá otro Clásico.