Marce, Menéndez y Preciado clausuraron la Segunda

Alfredo Matilla
Actualizado a

Acabó también la Liga en Segunda y si en algún lugar del mundo se vivió con especial intensidad el último y trepidante fin de semana, ese rincón fue la Asturias sportinguista. Gijón y sus alrededores. Algo difícilmente entendible cuando el Sporting, su marca más identificable, no fue protagonista. Ya sé que en otros lugares había mucha emoción contenida. Para lo bueno y para lo malo. Pero no creo que hubiera tanta junta como allí. Y eso que el nivel de excitación en cualquier estadio era impresionante. Había mucho en juego. Qué jornada. En Madrid entera se escucharon los gritos que llegaban desde Alcorcón (segundo playoff). También los suspiros de Las Palmas por meterse en la fase de ascenso ayudado por los tropiezos a última hora de la ‘Ponfe’. Murcia estalló de júbilo con una falta milagrosa del primo. Fue duro comprobar los lamentos de Huesca y Santander. Y desde la Alcarria aún retumban los quejidos. Pero la alegría, la tristeza, la morriña y la fe se sintieron como nunca en este paraíso del norte.

Uno de sus técnicos más aventajados de Mareo, Marcelino García Toral, logró su tercer ascenso a Primera. Esta vez con el Villarreal. Por el contrario, otro de loMs alumnos con más futuro de esta gran escuela, Alejandro Menéndez, se pegó una buena costalada bajando su cotización con la del Racing (a 2ªB). Y, para colmo, uno de los hijos adoptivos en el Principado, mi (nuestro) añorado Manolo Preciado, cumplió su primer aniversario como mito tras haber sido una leyenda.

Marce, Menéndez y Preciado clausuraron la Segunda

Marcelino

De ahí que mi análisis final de la Segunda sea para ellos. Quizás porque sus historias están entrelazadas. Los tres han vivido durante una etapa de sus carreras entre Asturias y Cantabria y los tres, curiosamente, han sido igual o más reconocidos profesionalmente lejos de sus casas. También porque las horas que vivieron de forma sincronizada en este desenlace de la temporada resumen a la perfección los sentimientos encontrados que hacen de este deporte una pasión única. Mientras una parte del mundo festeja, otra no deja de sufrir. Pero, sobre todo, quiero hablar de ellos porque el pasado fin de semana hicieron pronunciar el verbo llorar en sus diferentes formas. Marcelino lloró, Menéndez hizo llorar y por Preciado lloramos. Los afectados saben de lo que hablo.

Marce, Menéndez y Preciado clausuraron la Segunda

Marcelino se derrumbó tras ganar al Almería en El Madrigal y ascender al Villarreal como hizo antes con el Recre y el Zaragoza. Y tenía sus motivos. Era su reválida. Y la superó con creces: 14 victorias en 22 partidos. Su anterior peripecia en Sevilla en 2011, donde fue destituido en su primera experiencia de tronío, le abrió una herida que no había cicatrizado. Tras 21 jornadas, Del Nido se lo cargó por los malos resultados. Dejó al Sevilla fuera de Europa y 11º, pero tras su marcha el equipo acabó sólo un puesto más arriba. Marcelino tiene esa espinita clavada. El sábado seguro que se acordó mientras se abrazaba a sus inseparables mosqueteros, Rubén Uría e Ismael. Y no es la única. Tuvo otras dos que le dolieron casi más. Una, anecdótica: sus padres no pudieron empujarle en directo por unos problemas personales y se tuvieron que quedar en Careñes. A un hijo único y mimado como él, estas cosas le pesan. Por eso les mandó un entrañable abrazo mientras gemía en una entrevista por la radio. La otra astilla es más difícil de extirpar: a la misma hora que el Villarreal regresaba a lo más alto con la imagen de su amigo Preciado en el videomarcador, el Racing al que él hizo grande consumaba su descenso a 2ªB. Un club al que el técnico metió en la UEFA en 2008 y al que salvó dos años y medio después en plena crisis. El club del que, sin embargo, no puede presumir como le gustaría porque algunos aún hoy le tachan de traidor por buscar fuera la prosperidad y no haberse quedado (quemado) allí.

Marce, Menéndez y Preciado clausuraron la Segunda

MenendezY si lo de Marcelino sólo lo cura el tiempo, lo de Alejandro Menéndez únicamente lo remedia el olvido. El pobre, no levanta cabeza. Comenzó como un tiro. Se ganó un merecido prestigio en las categorías inferiores del Sporting y del Real Madrid. En Mareo ganó la Copa de Campeones con el juvenil División de Honor y repitió en Valdebebas en la última temporada de la primera etapa de Florentino Pérez en el club blanco. Una época en la que hizo de Mata, Granero, Callejón y Bueno un ataque temible. La llegada de la era Calderón acabó con su progresión de la manera más humillante. Los responsables de la cantera le pidieron que no alineara a una promesa algo díscola en un torneo internacional, el ecuatoriano Guerrero, y no pudo cumplir obligado por las lesiones. Al llegar a Madrid, el club ya tenía la excusa perfecta para limpiar otro reducto del pasado: le dijeron que no renovaría. Se fue al filial del Celta y ahí dio su primer salto al fútbol profesional. Cogió al primer equipo vigués sin brillo. Aun así, Florentino lo repescó en su reaparición. Le dio el Castilla y fracasó. Fue sustituido por Toril. Desde enero de 2011, tras dos años sonando para equipos modestos, no ejerció. Hasta que su amigo y paisano Emilio De Dios tiró de él para El Sardinero. El reto era mayúsculo. Se jugaba su futuro con el del Racing. Doble o nada. Salvación y resurrección. O descenso y olvido. No evitó lo inevitable. Y eso que ganó más partidos (5) en menos tiempo (14 partidos) que sus antecesores. Apunta al paro.

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Así de duro es el fútbol. Si Marcelino era manteado, a Menéndez le consolaban.

Y mientras, Preciado observaba a ambos bien atento desde su palco. El fin de semana lo mantuvo ajetreado, como a él le gustaba vivir. La ejemplar plataforma ‘EternoPreciado’ inauguró una estatua en su honor a orillas de El Molinón. Y sólo unas horas después tenía carrusel. Fue el sábado a las 19:00. Jugaba el Racing. Su vida. Jugaba el Sporting. Su alma. Y jugaba el Villarreal. Su sueño. Mientras un servidor seguía los partidos de Segunda como él, pensaba en mil imágenes que tengo guardadas de Manolín. Cenando como cada lunes con el colegio de entrenadores de Santander. Echando la partida a veces. Bromeando casi siempre. Pero me quedo con la más repetida. La que debe hacernos meditar al resto. La que debe hacer no deprimirse al bueno de Menéndez y la que debe a ayudar a los racinguistas a seguir hacia adelante. Le vi otra vez rodeado de muchos de los suyos y curiosamente, aunque parezca contradictorio, no dejaba de sonreír. Sabía, y así nos lo repitió, que pase lo que pase en el fútbol y en la vida, “mañana de nuevo sale el sol”.

Preciado