Lo que le faltaba a Florentino

Alfredo Matilla
Actualizado a

Parecía imposible que Florentino Pérez pudiera recibir en este final de curso peores noticias que las ya asimiladas. El nivel de mazazos era demasiado elevado. Tras una nueva inversión mareante ha visto cómo su equipo de fútbol entregaba la Liga de manera incomprensible, se inmolaba después en Dortmund en Champions y caía en una final con la misma crueldad que días antes lo hicieron los chicos del basket. Pero cualquier proyecto es potencialmente digno de empeorar cuando sus cimientos se hacen con paja. Para el presidente ha debido ser duro ver a Mourinho reconocer que ha fracasado tras entregarle las llaves del Bernabéu. Pero más debió serlo tener que salir a defender lo indefendible tras la Junta y dar a entender, con una educación conciliadora ejemplar, que ve marchar a un hombre al que le hubiera encantado seguir unido. Un cuadro en el que el dirigente que antes dejó escapar a técnicos que le dieron la Champions ahora presume de “ser cabeza de serie” y de “llegar a semifinales”.

Esta salida, por encima de todo, supone un bajón en la credibilidad del mandamás. Y ahora que su plan se tambalea y debe dar otro cambio de rumbo hacia no se sabe muy bien dónde, le llueven y le lloverán las críticas. Justificadas o no. Caído ya un muñeco al que tenían ganas, sólo queda él para centrar las iras de una afición descontenta. Un ajetreo que sólo se suaviza con fichajes. Su especialidad. El primero deberá ser el del nuevo entrenador. Porque aunque Florentino estaba tan contento con el ideario triunfal del portugués, hará lo que harían sus azotes y no nombrará a Karanka sucesor, como hizo el Barça con Tito cuando partió Guardiola. Ancelotti es su nueva apuesta. En las próximas horas, le recordarán al presidente que habrá que hacer limpia, que la cantera sigue sin contar, que hay que reconstruir el vestuario, que Jesé -la perla del filial- anda mosqueada y puede irse, que Mata, Valero y alguno más triunfan fuera cuando pudieron hacerlo de blanco, que Neymar -el único megacrack fuera de la Liga- va camino del Camp Nou... Le reprocharán hasta que ha endurecido las condiciones para presentar las candidaturas a las próximas elecciones del Madrid con el objetivo de asegurar su nuevo mandato. Se avecina un mes bastante duro.

Lo que le faltaba a Florentino

Floren

Pero el último palo a su ideario, y en el que igual pocos han reparado, es que mientras en estos días se le señala por su mal ojo con los entrenadores, aquellos otros de la familia madridista a los que tantas veces se hizo de menos, no sólo ganan. También levantan títulos. Lo que le faltaba. Alguno de ellos lo ha logrado en campeonatos menores, sí; pero varios de estos técnicos ya son reincidentes con el éxito. Cada uno en su nivel. Por ello, el palo es doble para quien dice quién entra y quién sale: el Madrid no gana nada y los madridistas por el mundo se atiborran. La moraleja, dolorosa. Y la justificación, imposible. Sin volver a recordar el exitoso capítulo de Del Bosque cada dos veranos con la Selección, nos centraremos en la rabiosa actualidad: exmadridistas de cuna como Rafa Benítez, Míchel, Miguel Ángel Portugal (y probablemente Quique Sánchez Flores que se juega una final este mes) se han proclamado brillantes campeones hace días. Lejos de esa casa donde se formaron y en la que ahora no hay más que división.

Lo que le faltaba a Florentino

Portugal2Estos técnicos son el orgullo patrio en el exilio junto a Roberto Martínez (dentro de veinte años todos recordarán la FA Cup que logró con el Wigan y nadie que descendió), Óscar García (campeón de liga con el Maccabi) y Ramón Tribulietx (ganó la tercera Champions de Oceanía con el Auckland y volverá a disputar el Mundial de clubes). Sé que el dato puede ser para algunos una simple anécdota. O incluso los más sensibles hablarán de oportunismo. Sin embargo, no es más que otra nueva confirmación que nos ha de hacer presumir. Porque al final, el fútbol es un reflejo de la sociedad: mucha gente buena y preparada está teniendo que emigrar para demostrar su talento. A nivel general, el ¡centenar! de entrenadores españoles que hay repartido por el mundo evidencia que valen. Las federaciones se pegan por nombrar seleccionadores españoles. Ya hay siete repartidos por el planeta (Camacho en China, López Caro en Arabia Saudí, Azkargorta en Bolivia, Becker en Guinea Ecuatorial, Enrique Llena en Nicaragua, Koldo Álvarez en Andorra y Calderón en Bahrein). Y los clubes quieren sembrar el estilo ‘cañí’ en sus equipos. De ahí que una veintena de entrenadores dirija fuera (desde Ucrania hasta Nueva Zelanda) y que tengamos desde preparadores físicos, ayudantes, preparadores de porteros y directores deportivos en el extranjero. España en general -y el madridismo en particular- está cansada de formar para exportar. De ahí que muchos se pregunten para qué sirve la cantera si cuando ésta echa dientes se la desprecia a las primeras de cambio. O incluso muchos otros se plantean si esta sección se mantiene en los clubes por el qué dirán. Como simple ‘postureo’. Como más de una empresa tiene una planta de reciclaje o un amplio plan de responsabilidad social.

Lo que le faltaba a Florentino

Puede que en el caso que nos ocupa, el de los entrenadores, sea una utopía que alguno de estos recientes campeones sea un día el responsable del primer equipo del Madrid. Creo que, por ahora, ni siquiera han hecho méritos suficientes para ello. Sobre todo Portugal y Míchel. Sin embargo, ambos fueron exjugadores y técnicos del club, estuvieron dentro de sus entrañas para pelear por su cantera y se esforzaron por captar nuevos valores. Igual debieron ser más tenidos en cuenta. Podrían estar y sumar. Portugal ganó el domingo la liga de Bolivia con el Bolívar tras vencer al Nacional Potosí (2-1) y levantó el primer título en su carrera deportiva. Un gran éxito tras llevar al Racing a semifinales de Copa y dejarle 10º en Liga, y tras hacer del Castilla un equipo con hechuras en el que su mejor legado fue convertir a Filipe Luis en un lateral de enjundia. A pesar de que no le creyeron. Míchel, por su parte, llegó a Olympiacos a tiempo de levantar una liga que ya estaba encarrilada por su antecesor, Jardim. Y hace días ganó la Copa tras imponerse 1-3 al Asteras recién operado por partida doble de la vesícula. Aun así, parece que sólo entra en los pronósticos populares como posible alternativa al banquillo. Florentino, pasa.

Otra historia más macabra es lo de Quique Sánchez Flores y Benítez. ¿Por qué el primero no entró jamás en las quinielas de posibles candidatos al banquillo del Madrid y el segundo parece que desapareció para siempre?

Benitez

Quique está en Emiratos Árabes, donde ya ganó la Copa y donde, tras quedar segundo en liga con el Al Ahli y clasificarlo para la Champions de Asia, puede alzarse el 28 de mayo con la President Cup. Si no lo impide el Al Shabab. El que fuera lateral de Capello, dirigió en la cantera del Madrid y en 2002 hizo campeón al juvenil A de De la Red y Borja Valero, a los que quiso llevarse siempre con él. Por allí estaba Florentino. Pero Quique creció fuera. En el Getafe, el Valencia, en Benfica (una Liga) y en el Atlético (Europa League y Supercopa de Europa).

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Lo de Benítez es aún peor. Tras jugar en la cantera, entrenó al Castilla de 1993 a 1995 y él fue el responsable de dar cabida por primera vez en un once profesional (en Segunda) a un crío llamado Raúl González. Luego fue segundo de Del Bosque el 8 de marzo de 1994 cuando el club echó a Benito Floro en Lérida. Después de aquello se marchó en busca de una oportunidad mayor. Valencia (dos Ligas y UEFA), Liverpool (Champions, Supercopa de Europa, FA Cup, Community Shield), Inter (Supercopa Italia, Mundialito) y Chelsea (Europa League). En 2004 dicen que Florentino le tentó. Pero circulan dos teorías. Una: Benítez ya había dado su palabra al Liverpool. Dos: Florentino no hizo demasiada fuerza porque no era su opción ni la que más le agradaba.

Lo peor del futuro de estos campeones madridistas es que en su mayoría, quizás todos, tienen la misma relación con Florentino que un jefe con un huelguista. De respeto pero de poco afecto. Así que de regresar -para dirigir u opinar-, ni hablar. Su labor, parece ser, seguirá siendo la de honrar a Luis Suárez y Azkargorta, que fueron los primeros en demostrar que el mundo no se acaba en España.