La fábula del más bruto del patio del colegio
Les voy a confesar que de niño era un tirillas (mira que nunca me ha gustado esa palabra eh…), bueno más aún que ahora quiero decir, era ese clásico niño al que los más brutos del patio llamaban palillo, huesitos y cosas así que entonces tanto me dolían. Será por esa infancia o quizá por otras cosas aguantadas ya adulto que ahora las cosas que vuelan por ahí las pillo al aire y las reduzco a la nada. Lo cierto es que casualmente muchos de esos ahora son los que ahora al volver a mi Valdemorillo me piden que les cuente cómo es Alonso o, por supuesto, si va a ganar. Como si yo supiera alguna de las dos cosas...

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Les cuento todo esto porque siendo niño, en el patio del Juan Falcó, que así se llamaba mi colegio público, el único que sigue existiendo por cierto en mi pueblo, un día jugando al fútbol llevé un balón un poco desinflado para poder jugar mejor y lanzar sin miedo, ya que otras veces llevaban uno muy hinchado con el que apenas podía lanzar. Ese día marqué dos goles y me fui a casa felicitado por los de mi equipo, pero no duró mucho la alegría. "Mañana jugamos con el mío", dijo el más bruto de la clase, uno que tenía un par de años más y había repetido, claro.
Pues así fue y los que ayer me habían felicitado se reían hoy de mí porque con el nuevo balón apenas podía tirar a puerta y los disparos se quedaban sin llegar a la portería. Así fue como el más bruto del patio del colegio se salió con la suya y su equipo ganó el partido.
