La insignificancia de ganar y el masoquismo de volver

Alfredo Matilla
Actualizado a

Algo está pasando en nuestra Liga. Si perder es casi mortal. Ganar es cada vez más arriesgado. Ocho de los doce primeros equipos de Primera tienen en estos momentos a sus entrenadores con un pie y medio fuera del club. El más conocido, Mourinho, pese a haber levantado títulos. Otros, como Aguirre, aun habiendo alcanzado la gloria. Y, para colmo, hasta al que va a acabar primero, Tito Vilanova, se le cuestiona sin disimulo. El azote inconformista da que pensar. Sobre todo porque no es una moda pasajera. Analizada la historia, uno ve que aquí sólo se salva, como norma general, la cumplidora clase media. La que no tiene mimbres para emocionar ni demasiados peligros para desesperar. Por eso igual no es casual que Osasuna sea el equipo que menos ha movido su banquillo en el nuevo siglo -siempre en la máxima categoría, por cierto- con cuatro nombramientos. Empezó Lotina el 2000 y le siguieron Aguirre, Ziganda, Camacho y ahora Mendilíbar, al que se le ha dado toda la confianza pese a sus 33 puntos. El Granada, que es el que más cambió, ya va por 22. El Betis le sigue con 16. El Atlético frenó la sangría de Gil y acumula 15. El Madrid 10 y el Barça, 7.

A los que fracasan y se arrastran por las mazmorras de la tabla clasificatoria se les condena con un despido más o menos razonable. Hay consenso ante el fracaso. Como ocurre en la mayoría de campeonatos europeos. Y a los que son capaces de colgarse medallas, al final no convencen o terminan por aburrir e incordiar. No hay continuidad pese al éxito. Proyectos sólidos y a largo plazo como los que capitanean Ferguson o Wenger en Inglaterra parecen improbables en la península. El panorama es complicado por aquí. Y sirva de ejemplo el Real Madrid, el termómetro más utilizado. Vencer no garantiza nada. Vean los últimos casos desde Del Bosque a Mou, pasando por Schuster. Aunque darlo todo sin triunfar, como hizo Pellegrini, tampoco sirve de mucho. La continuidad únicamente está más asegurada para presidentes electos o de honor. Mourinhosopla

La insignificancia de ganar y el masoquismo de volver

La sinrazón y el desprecio a los técnicos ganadores es evidente analizando los datos. En total, de los 13 técnicos que han sido capaces de ganar el campeonato nacional en su primer año en España, ninguno está en la actualidad por nuestros campos. Por algo será. Unos, es evidente, por el paso de los años. Venables, Miljanic, Ipiña y Carniglia, Villalonga, Enrique Fernández, Luis Casas, Cubells, Ricardo Zamora, Garbutt y Bellamy ya no están o no ejercen. Pero los otros, que aún siguen activos, han buscado comprensión fuera. Guardiola, Van Gaal y Capello se marcharon agotados o incomprendidos a dar lustre a otros torneos. Y hay un dato aún peor: de los 29 entrenadores que ganaron la Liga en su primera temporada en un club español, tampoco hay ninguno que comparta ya su sapiencia con nosotros. De los que continúan en edad de dirigir, que son bastantes más, Beenhakker (3 Ligas), Benítez (2), Schuster (1), Antic (1), Valdano (1) y Toshack (1) no están en la supuesta mejor liga del mundo. Ni se les espera. Ya no entran ni en las quinielas sucesorias de cada verano. Así somos.

La insignificancia de ganar y el masoquismo de volver

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Habrá razones de todo tipo para que un entrenador que triunfa se vaya. No toda la culpa es de los caprichos de los presidentes o de la falta de sintonía con la grada. Unos quieren progresar, otros cambiar de aires y, en menor medida, alguno ya ocupó su cargo con una fecha de caducidad. En el resto de Europa también pasa. Heynckes se irá del Bayern por la puerta grande. Benítez, como hizo Di Matteo, puede salir del Chelsea con un título bajo el brazo. Ancelotti, que ganará la Ligue 1 con el PSG, está más fuera que dentro porque aspira a entrenar en el Bernabéu. Pero en España la fuga de cerebros es más acentuada. Digna de estudio. Sobre todo al incluir aquellos rincones donde los entrenadores han logrado proezas equivalentes a títulos. A Bielsa no le aguantan más tras ser idolatrado. JIM podría salir a tortas del Levante. A Pellegrini serán incapaces de retenerlo. Valverde mira al norte tras resucitar a un muerto. Jémez apunta a Málaga. A Jiménez, salvador ayer y hoy, se lo querían cargar hace dos semanas. Es improbable que Alcaraz continúe aunque obre el milagro. Djukic podría emigrar. Con Emery, veremos… E incluso en Segunda, el futuro de Escrivá parece distanciarse del que le espera al Elche a pesar de que el ascenso parece algo hecho.

AragonésDelBosque

¿Qué ocurre entonces? Pues algo raro que debe hacernos reflexionar. Puede que se nos haya refinado el paladar. En las 81 ediciones en las que se ha celebrado la Liga desde que arrancó en 1929 (paró en la Guerra Civil), ha habido 45 entrenadores campeones. Y qué cosas, a Mourinho, que es el único de todos ellos que continúa dirigiendo a uno de nuestros equipos, nos lo queremos cargar a toda costa. No entro en si ha hecho méritos o no. Hay demasiada opinión ya. Lo que sí subrayo es que es una locura a ojos de los que nos observan desde fuera. Una sensación que comenzó ya a alimentarse el día que la Federación decidió cargarse a Luis Aragonés tras volver a ganar la Eurocopa 44 años después con el juego más coral y emocionante que se recuerda.

El propio Sabio de Hortaleza ya ha intentado explicar alguna vez qué pasó. Pero lo que realmente interesa en su caso, como ya le sucedió a otros campeones en España a los que echaron como Capello o Van Gaal –o como le puede suceder a Mourinho en unos meses camino de Londres-, es saber por qué volvió a un equipo del que tuvo que salir pese a haber ganado la Liga. Aragonés entrenó al Atlético hasta en siete etapas distintas, así que podría dar una conferencia al respecto. Puede que para algunos sea masoquismo. Sin embargo, creo que todos los regresos, pasados, presentes y futuros, tienen un patrón común: vuelven para convencernos de que ganar, sin serlo todo, es lo mejor.