Un velocista de cristal
Nueva lesión de Asafa Powell, explusmarquista mundial de 100 metros y cuarto en la lista de todos los tiempos, con 9.72. Se había puesto como objetivo correr por debajo de los diez segundos el próximo sábado, en Brisbane, pero se queda sin competir. Unas molestias le han dejado, una vez más, fuera de combate.
Las lesiones de Powell son recurrentes. Podríamos decir que sus músculos y tendones, de inmensa calidad deportiva, son también frágiles como el cristal. Una desgracia para él y para nosotros, que a menudo nos quedamos sin verle competir a causa de sus convalecencias.
Prácticamente se lesiona todas las temporadas, lo que ha mermado considerablemente sus posibilidades de éxito. Es un atleta de una clase excelente, que no tiene que envidiar en ese aspecto a Usain Bolt, pero es mucho más frágil que El Relámpago, aunque su compatriota también ha sufrido los rigores de una especialidad muscularmente tan exigente como la velocidad. Que le pregunten también al estadounidense Tyson Gay…
La última lesión importante de Powell le atacó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en los que se clasificó último cuando luchaba por el podio a falta de unos 30 metros. Y el año anterior se perdió los Mundiales de Daegu, por el mismo motivo. Ahora ha recaído. Está en Melbourne, pero sólo para atender una serie de actos promocionales.
Vuelta a empezar en un año que es muy importante para el antiguo estudiante de Medicina Deportiva en la Universidad Tecnológica de Kingston. Está ya en la treintena, un momento en que la vida deportiva de un sprinter comienza a entonar la cuenta atrás… aunque Carl Lewis batió el récord mundial (9.86) con 30 años y 55 días.
Su brillante carrera en los 100 metros, cronométricamente hablando, no se ha correspondido exitosamente en la competición pura y dura. Asafa ha sido capaz de bajar 88 veces de los diez segundos, más que nadie, con diferencia, en la historia. Ha bajado diez años consecutivos de esa barrera y ha corrido ocho veces en menos de 9.80 (sólo dos menos que Bolt).
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Sin embargo, individualmente, nunca ha ganado una medalla olímpica y en los Mundiales su tesoro se reduce a dos bronces. Escasa recompensa para un atleta de tan inmensa categoría.
Y es que, además de su fragilidad física, existe también una cierta fragilidad psicológica, que le hace menos peligroso en los grandes campeonatos que en las reuniones internacionales. Y eso también se paga.
