Tito, cómo hemos cambiado
Estimado Vilanova:
Desde hace cuatro meses utilizo este rincón para hablar sobre el fascinante mundo de los entrenadores. Y en esta ocasión, con usted ya otra vez en la pelea, me resultaba imposible no referirme a su persona y suplantar algún chascarrillo que resultaría secundario por esta carta sincera. Los lectores, espero y deseo, que lo entiendan. No le engaño. No hay noticia más relevante y esperada que su vuelta al tajo. Palpo la emoción entre culés, madridistas y la gente de bien en general. Hoy no es un día más. Sé que no nos conocemos pero, aun así, por mi trabajo, tengo que hablar de usted a diario, así que ya es casi como de la familia. Su lucha, como la de tantos otros que nos rodean, es nuestra fuerza. Esta noche, 72 días después, regresa al banquillo en París tras dos meses de dura batalla en New York en los que, a pesar de lo que había en juego, se dio una preciosa curiosidad: usted jamás dejó de pensar en su profesión y su profesión jamás dejó de pensar en usted. Por ello, la instantánea que nos regalará sonriente antes del partido junto a Abidal, esa foto mil veces soñada, será para enmarcar. Es la prueba irrefutable de que siempre se puede ganar. Puede que a estas horas esté liado, meditando si Cesc o si Villa. Aun así, por si encuentra un hueco en la siesta antes de partir al Parque de los Príncipes, se me ha ocurrido ponerle al día de todo lo que ha sucedido por aquí durante este tiempo. Es mi única y humilde manera de hacerle más fácil el regreso. No vaya a quedarse boquiabierto. No sea que le hayan contado las verdades a medias. No sea que algunas webs visitadas desde el exilio le hayan desinformado. El panorama ha cambiado mucho. Bienvenido y suerte. Estábamos deseando este reencuentro.

Empecemos por su equipo. Que será lo que más le inquiete. Cuando usted se marchó a ‘boxes’ el Barça acababa de firmar su primera derrota de la temporada en Liga. Fue en Anoeta, el pasado 19 de enero. Sin embargo, desde entonces, lo peor no ha sido que tropezó más veces, sino que las buenas sensaciones se mudaron a la capital. El Madrid comenzó a dar síntomas de fortaleza a la que vez que su equipo se apagaba sin su faro. Su club se agitó y tuvo que tirar de repertorio para ir contrarrestando tanto bajón. Renovó Xavi. Y luego, además de Pinto, también lo hizo Puyol. Ya lo habrá celebrado, ¿no? Además, el Balón de Oro de Messi que usted ya tocó fue centro de mil reportajes. Y ni aun así -con propaganda- se logró levantar la moral. A esas alturas ya corría el rumor de que su tratamiento no iba del todo bien. Ya sabe, a algunos les gusta hacer que manejan información privilegiada hasta en estos casos. Aquí, lo pasamos fatal. A la vez, Roura comenzó a ser cuestionado. Incluso Rosell le pidió que cambiara el chándal por un traje para renovar su imagen. ¡Qué cosas! Usted le llamaba en los partidos para corregir cosas. Perdía el tiempo. El caos no era una cuestión táctica o física. Más bien era moral. La autogestión no funcionaba.

Todo eran problemas desconocidos. De hecho, pasaron cosas inéditas. El Barça jugó un Clásico a las cuatro con Cristiano de suplente. Se estrenó contra el Getafe en horario matinal. Rosell dijo públicamente que había un jugador del Madrid que le gustaba. Las rotaciones, tan de moda en Can Barça, se olvidaron. Volvieron los Boixos. El ambiente era raro. Así que en mitad de tanto lío, su equipo se estrelló en la Copa y cayó estrepitosamente en Milán. No se recuerda una crisis igual en años. Menos mal que la Liga estaba en el bolsillo. Regresó el lema del fin de ciclo y los jugadores comenzaron a cuestionar un sistema sin ‘9’. Yo lo que de verdad temía, es que esto le afectara. Su afición iba cabizbaja y en Barcelona, contaban de manera cruel las portadas, que usted se sentía culpable. El barcelonismo volvió de repente al pasado y, a la espera de la vuelta ante el Milán, llegó a rezar por que el Manchester confirmara ante el Madrid su buena imagen de la ida (1-1) y eliminara al eterno rival. Era el revitalizante más a mano. Y el más pobre. Pero no. Modric salvó a los suyos tras una expulsión a Nani que encendió los debates. Ya sólo quedaba remontar al Milán. El Barça hizo una versión del ‘Juntos Podemos’. Justo de lo que hace bien poco se jactaba. Créaselo. Esa noche crucial estaba en juego un proyecto y, lo peor, un maravilloso estilo. Pero se ganó y se afianzaron las creencias. ¡Vaya partidazo! Le imagino dando saltos. Creo que esa noche más de un jugador se acordó de Vilanova. “Ganaremos 3-0 por Tito”, adelantó Piqué. La sequía de Messi, su mala relación con Villa y el portazo de Valdés quedaron en un segundo plano. Todo volvía a su cauce.
Alrededor también pasaron cosas. No crea. En España, el Málaga y el Levante hacían historia, Diego Costa fue con Brasil, el Depor resurgía y la Real daba la sorpresa. Por Europa, el Bayern pre-Guardiola arrasaba. Y no es por inquietarle, sólo le alerto, pero su máximo rival en la Liga y su peor amenaza en la Champions, el Madrid, también es otro. Casillas se fastidió una mano y por eso ahora lucha para entrar en las convocatorias. Diego López ejerce de santo. Pepe, qué cosas, es en estos días un simple meritorio. Varane, con aires de Hierro, le ha adelantado con elegancia. Cristiano ya no está triste. El club blanco demandó a TV3 por llamar hienas a sus jugadores. Kaká obró su enésima resurrección. El Bernabéu acogerá la final de Copa. Y Xabi Alonso y compañía dieron la vuelta a las apuestas en la Champions tras su victoria en Old Trafford y su cruce posterior con el Galatasaray. Sólo Benzema sacó los pies del tiesto. ¿Y Mou?, pensará. Pues alucine: De aquel dedo en el ojo ha pasado a preguntar por su salud a varios de sus allegados. Entre ellos a Roura. Ha repartido palos y zanahorias. Anda más pausado, parece humano y evita muchas ruedas de prensa. Sigue sin aclarar su futuro, a la vez que Laudrup se postula entre la afición como el mejor sucesor. Eso sí, se quejó de que Del Bosque le arrebató el trofeo a mejor entrenador por unos votos contaminados como el de Pandev. Aun así, sigue muy respaldado. Un sector del madridismo liderado por un hostelero con dotes de torero, el bueno de Toñín, preparó una manifestación para declararle su amor eterno. Con la libertad y el pacifismo que marcan a una democracia. Con el atrevimiento de pedir un gesto a muchos que estarán parados, y a pesar de que esos guiños cariñosos algunos se los ahorran en sus casas.
Así está el patio. De algunas cosas ya sabrá. Otras quizás las ignoraba. Pero le dejo. No le entretengo más. Se acerca el momento de que vuelva a oler el césped. Es la hora del PSG. El partido de su vuelta. Espero que perdone mi atrevimiento. Simplemente era por echarle una mano y que no se agobiara nada más llegar. Ya ve que tácticamente ni he tocado el tema. Esta noche ya se percatará de algunos detalles. En sus 72 días de ausencia han pasado algunas cosas más. Roura le seguirá contando. Lo bueno es que Pinto ha dado la talla, Villa ha vuelto con fuerza, Tello está maduro, Abi llega a tiempo e Iniesta y Messi siguen en sus máximos. Lo malo, eso parece, es que hay problemas atrás con la polémica operación de Puyol y con Mascherano apercibido. Que, además, Xavi anda tocado. Que Bartra y Song sufren como relevos ocasionales. Que Thiago sigue jugando a seis toques y mirándose demasiado a los pies. Que el jugadorazo (dixit) de Alexis continúa dándolo todo y ni aun así logra explotar. Y lo de Cesc Fàbregas. Eso es bastante más serio. Va en tercera, es cuestionado y se le ve triste y sonámbulo. Tito, tiene mucho trabajo. Ahora y con la obligada regeneración de la plantilla en verano. Disfrútelo y siga dando ejemplo. Sin que nada ni nadie le estrese, presione o perjudique su salud. Lo verdaderamente importante es que esté y pueda hacerlo.
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Un cordial saludo
Mr. Pentland
