Con quién ir en la Super Bowl: BALTIMORE RAVENS
Por 555

¿Este pesado
por aquí otra vez? Sí, la vida es dura. Una de las pocas cosas que echaba de
menos de mi blog, por no decir la
única, era el artículo que escribía para tomar partido en la Super Bowl. Me
divertía hacerlo, más que nada porque estaba plagado de gilipolleces (que sirva
de advertencia al lector sobre lo que viene).
Voy a daros razones para apoyar y repudiar a cada uno de los equipos. Porque la indiferencia es aburrida, uno se lo pasa mejor si toma partido. Obviamente, estas razones son para el público neutral. Los aficionados de Ravens y 49ers tendrán sus motivos más o menos racionales para ser de estos equipos, pero en eso no entramos.
Obviaré los motivos del tipo “es que eliminaron a mi equipo” o “son rivales de división del mío” e intentaré dar razones más “universales”, que pueda compartir cualquier aficionado neutral. Dicho esto, seguirán siendo cuestiones totalmente subjetivas, con las que muchos estarán, y por motivos igual de válidos, en total desacuerdo.
Ah, y pese a que eliminaron (y humillaron) a mi equipo, anticipo que voy con los 49ers. Advierto también que les tengo cierta tirria a los Ravens.

Así que empezaremos hoy por lo que me resulta más complicado, dando razones para animarlos.
Razones para apoyar a los Baltimore Ravens

The Wire. Sí, este es el motivo más importante
que veo para apoyar a los Ravens. The
Wire es mucho The Wire. Y sé que
hoy “no me mola The Wire” es el nuevo “mi serie favorita es The Wire”. Por algún motivo, es cool decir que te aburre esa serie y
burlarte de quienes la consideran una pasada. Los últimos en hacerlo, los
guionistas de Padre de familia.


Mi suegro siempre me dice que no entiende cómo puede gustarme esa serie, que ha intentado ver el primer capítulo seis veces y es incapaz de terminarlo sin quedarse dormido. Vale, puede que el inicio sea un poco árido. Pero esa serie es una auténtica maravilla. Hay que ver unos cuantos capítulos para comenzar a apreciarla. Y está a años luz de las demás. La recomiendo fervientemente. Eso sí, hay que verla en versión original, doblada al español no merece la pena.

¿Qué tiene que ver The Wire con todo esto? Que su acción se desarrolla en Baltimore. Y después de ver esa serie, que no diré que es la mejor de la historia (porque no he visto todas las series de la historia), pero sí mi favorita, es inevitable cogerle bastante cariño a la ciudad de Baltimore. Y eso que la imagen de la ciudad no es precisamente idílica. Pese a que en toda la serie no vemos ninguna referencia a los Ravens (sí a los Orioles de béisbol), supongo que si Baltimore ganase el anillo, McNulty y Bunk Moreland se pillarían una de sus típicas borracheras para celebrarlo.


Ray Lewis, además de uno de los mejores linebackers de la historia, es un ejemplo de redención tras el turbio suceso en el que se vio envuelto en 2000 (véase más abajo). Antes de ese incidente, Lewis despertaba fuera del campo temores parecidos a los que generaba dentro. Desde entonces, Lewis ha tenido un comportamiento ejemplar fuera de los terrenos de juego (bailecitos aparte).

Eres de Flacco. Autoproclamado “quarterback de élite” (o más, que llegó a decir que se consideraba
el mejor de la liga), es otro de esos jugadores que no deja indiferente. Muchos
lo considerábamos demasiado regulero para poder guiar a un equipo al anillo en
estos días que corren, donde el pase domina el juego y sin un quarterback realmente dominante parece
imposible llegar ser campeón. Otros lo defienden y lo consideran uno de los
mejores pasadores de la liga. Vamos, en la “categoría
Matt Ryan”. Yo soy de los que no se fía de él (ni de Ryan). Pero he de
reconocer que durante esta postemporada me está demostrando que estaba
equivocado. Sí, hay que reconocerlo, ni Ray Rice, ni defensa, ni leches, la
clave para que Baltimore haya llegado a Nueva Orleáns es su ataque aéreo. Y
quizá ante secundarias más competentes que las de Denver y New England la
historia habría sido diferente (que Flacco se ande con ojo, que los DBs de los
49ers no perdonarán esas mandarinas que lanza a menudo a sus receptores). Pero
Flacco ha dado la razón a los Flaccistas (pronúnciese
Flaquistas). Quizá una victoria de
Baltimore ayuda a que se acabe con el absurdo y cargante debate sobre si
pertenece a la élite o no (qué más dará), aunque visto el caso Eli Manning, ni
siquiera los anillos valen pare eso. Dicho esto, hay que recordar los Ravens
ganaron su único anillo en 2000 con Trent Dilfer de quarterback.

Hablando de series míticas, Flacco es de familia italoamericana de New Jersey. Sabéis a qué otra serie me refiero, ¿no?
Nobody believes in us. Los Ravens son los underdogs
de esta Super Bowl. La Cenicienta. El equipo en el que nadie creía cuando
iban a comenzar los playoffs. Tampoco
es extraño, su final de temporada regular fue desolador (1-4), y parecían
entrar en modo Andy Reid – buscar chivos
expiatorios cambiando entrenadores asistentes. Solo hay que mirar lo que decían las casas de apuestas en sus
enfrentamientos de playoffs. Únicamente
les consideraron favoritos en el partido de wild
card, que disputaron en su estadio. Dicho sea de paso, jugaron contra un
rival con mejor balance de victorias-derrotas. En los siguientes partidos,
nadie daba un duro por ellos. El spread en
los partidos que jugaron contra Denver y New England fue de más de 9 puntos.
Para quien no esté muy familiarizado con estos términos, eso significaba que
quienes apostaban por Broncos y Patriots cobrarían sus apuestas solamente si
esos equipos ganaban por más de nueve puntos. Si hubiese vencido Denver o New
England por, por ejemplo, 7 puntos, a efectos de apuestas se consideraría
victoria de Baltimore. En eso consiste el spread,
es una especie de hándicap que trata
de hacer ajustada cualquier apuesta, corregir desequilibrios. Un spread de más de 7 puntos indica que el
partido tiene un color muy claro. Pues eso.

Para esta Super Bowl, los Ravens son de nuevo el equipo pequeño. El spread no es tan exagerado como en rondas anteriores. Poco más de 3 puntos. San Francisco parte con poco más que un field goal de ventaja. Pero sigue siendo favorito, como en sus anteriores partidos de postemporada.
El hermano
“menos bueno”. Lo leía este
martes en el TMQ de Gregg Easterbrook. John, el entrenador de Baltimore, ha
sido el “menos bueno” de los dos hermanos. Jim fue al instituto en California;
John en Michigan (no es lo mismo, ¿verdad?). Mientras John jugó al fútbol
americano como defensive back en una
universidad “normalita”, la de Miami (pero la de Miami-Ohio, no la de Florida)
y nunca llegó a la NFL, su hermano Jim fue una estrella jugando de quarterback en Michigan (universidad muy
potente a efectos footballísticos) y
llegó a la NFL drafteado en primera ronda. Jim llegó a jugar 14 años en la NFL;
varios años como titular, y en uno de ellos elegido para la Pro Bowl. La
carrera de entrenador de Jim fue fulgurante: sus éxitos en las universidades de
San Diego y Stanford lo convirtieron en el entrenador más codiciado del país,
lo que le llevó a San Francisco, donde su éxito es inmediato. En su primera
temporada, lleva a una franquicia sumida en años de depresión (los más
recientes, los protagonizados por Mike Singletary) a las puertas de la Super
Bowl. En su segundo año, ya llega al Gran Partido. A John le ha costado más.
Cuando su hermano comenzaba su carrera de jugador profesional, él empezaba su
carrera de entrenador asistente. Hasta 1998 no consigue trabajo como asistente
en la NFL, y diez años después los Ravens confían en él como head coach. Aunque el rendimiento de su
equipo es muy bueno, nunca consigue llegar al Gran Partido, hasta ahora.
Coño, ya es hora de que John consiga superar los logros de su hermano, ¿no?

Tienen un buen
par. Los Ravens no
llegan a Nueva Orleáns tras recorrer un camino de rosas precisamente. Para
llegar aquí, han tenido que vencer, fuera de su estadio, a los dos mejores
equipos de la AFC esta temporada. A los equipos en los que juegan unos tales
Peyton Manning y Tom Brady, tipos sobre los que no se discute si están en la élite o no, sino si son el mejor jugador de la historia o no.
“Pataca minuta”, como diría Caneda. Baltimore es un equipo que no se rinde
jamás. Quedando un minuto para el final del partido en Denver, su probabilidad
de victoria era de un 2%.
Prácticamente imposible. Hasta que lo (casi) imposible sucedió.


Si la secundaria de Denver no comete esa cagada épica, los Ravens habrían sido eliminados. De eso no cabe duda. Pero ellos lo intentan hasta el final. Porque tienen un par como nadie en la NFL.
Su mascota
mola más. No es
complicado, por otro lado. La mascota de los 49ers, “Sourdough Sam”, es de las
más cutres y tristes de la liga. Y encima dice que su actor favorito es Robin
Williams. Poe, la mascota de Baltimore, no es
ninguna maravilla, pero por lo menos es cultureta. Se llama así por Edgar Allan
Poe. Mejor dicho, los Ravens se llaman así por The Raven, poema de Edgar Allan Poe, que vivió durante un tiempo (y
murió) en Baltimore. Minipunto para los Ravens.
Tributo a Art
Modell. Finalmente,
y aunque yo no lo veo como motivo para apoyarlos, aunque entiendo que a alguna
gente le puede parecer emotivo, el anillo de Baltimore sería el mejor homenaje
a su recientemente fallecido propietario, Art Modell. Modell fue el hombre que
trajo la franquicia a Baltimore (véase más adelante). Por ese motivo, los
Ravens llevan en sus uniformes parches con la palabra “Art”. El precedente para
los Ravens no es bueno: aunque no es exactamente lo mismo, la temporada pasada
los Patriots llevaban parches en homenaje a Myra Kraft, fallecida esposa del
propietario del equipo. Llegaron a la Super Bowl y perdieron.
Razones para repudiar a los Ravens
Su estilo. Este motivo es muy subjetivo, por lo
que seguro que mucha gente no estará de acuerdo. En el Plus repetían con
relativa frecuencia una promo en la
que John Harbaugh se dirigía a su equipo, tras una victoria, de este modo: Was it pretty? Was it fun? NO, BUT IT WAS
US! No había sido bonito ni divertido, pero los Ravens habían sido ellos
mismos. Y por eso habían ganado.
Digamos que el estilo del equipo de Baltimore resulta en muchas ocasiones “difícil a la vista”. Quizá el declive defensivo que han experimentado esta temporada ha cambiado un poco la tendencia, pero ni siquiera su defensa me parecía “agradable de ver”. Los amantes del football defensivo se me echarán a la yugular, pero esa es mi impresión.
Fieles a su condición de cuervos, aves carroñeras, los Ravens siempre han sido unos maestros del aprovechamiento del error ajeno. Lo comentaba antes: casi nadie aprovecha mejor las defensive pass interferences que los Ravens. En 2010 y 2011, fueron el equipo más beneficiado en este apartado. Esta temporada, son terceros, por detrás de Colts y Giants. No es casualidad. Y es perfectamente legítimo, ojo. Cuando Flacco lanza esas bombas profundas, no me digáis que no huelen a interferencia defensiva. En las tres últimas temporadas, los Ravens siempre han estado en el podio de los equipos más yardas consiguen por las penalizaciones ajenas. Totalmente legítimo, incluso inteligente, pero poco agradable de ver.
Quien quiera consultar estadísticas sobre penalizaciones, las tiene en www.nflpenalties.com, de ahí las he sacado.
Por Cleveland. No me gustan las mudanzas de
franquicias. No me gusta que los Sacramento Kings se trasladen a Seattle, igual
que me disgustó el traslado de los Sonics a Oklahoma. Despojar a una ciudad de
su equipo es cruel. Eso hizo Art Modell con su franquicia. Los Baltimore Ravens
son los Cleveland Browns desplazados a Baltimore y cambiados de nombre. Los
actuales Browns son un equipo recién creado, años después de la mudanza, que
conserva el nombre y el palmarés del anterior. La que se lió en Cleveland
cuando se confirmó la mudanza. Este es el previo al último partido de aquellos
Browns. Me quedo con las palabras de Mike Ditka: “FANS DO NOT FORGET”:
Lo peor es que aquellos Browns eran muy competitivos. La noticia del traslado arruinó una temporada muy prometedora. NFL Network dedicó un capítulo de A Football Life a esos Browns. Esta es solo una parte:
A Modell le guardan rencor eterno en esa ciudad maldita (en términos deportivos). Para colmo, tras años de frustraciones en Cleveland, Baltimore gana el anillo en 2000. Eso jode más.
No se guardó un minuto de silencio en el estadio de los Browns cuando Modell falleció. Los Browns se lo ofrecieron a la familia Modell, pero estos, con buen criterio, pidieron que ni se intentara.
En descargo de Baltimore hay que decir que esa ciudad vivió una situación similar cuando sus Colts se trasladaron a Indianápolis. Desde aquí, mi apoyo a que el equipo de Baltimore se redenomine “Baltimore Colts”. Y que en Houston vuelvan a jugar los “Oilers”; en Charlotte, los Hornets y en Minneapolis, los Lakers (¿hay algo más ridículo que presumir de títulos ganados por una franquicia en otra ciudad? En Los Ángeles lo hacen con los anillos logrados por los Lakers en Minneapolis).
Ray Lewis. El 52 de los Ravens es un personaje
que no deja indiferente a nadie. O lo amas o lo odias. Yo estoy más bien en el
segundo grupo, aunque reconozco que quienes están en el primero tienen sus
motivos. A mí los bailecitos y las peroratas de Ray Lewis me cansan. Su afán de
protagonismo me supera. El bailecito de la jugada final del partido de wild card sobrepasó todos los límites
del ridículo. Y me parece que distrae la atención de los verdaderos
protagonistas. En cualquier caso, meras anécdotas.
Lo que más ensombrece la figura de Ray Lewis es lo que sucedió en Atlanta en 2000. Ray Lewis se vio envuelto en un suceso, todavía no completamente aclarado, que terminó con el asesinato de dos personas. En principio, Lewis y dos colegas suyos fueron acusados de asesinato. La acusación a Lewis se retiró cuando este se comprometió a testificar contra sus dos colegas y a declararse culpable de obstrucción a la justicia. En su declaración, Lewis admitió haber mentido a la policía. De su testimonio, se deduce que presenció cómo sus colegas mataron a dos personas sin haber hecho nada para impedirlo. Los dos colegas acusados alegaron legítima defensa y fueron absueltos, pero sobre el caso no ha desaparecido la sombra de la sospecha. A OJ Simpson, pese a su absolución, la sociedad norteamericana lo tiene crucificado. Nadie cree en su inocencia. Ray Lewis es ídolo nacional, protagoniza anuncios y tiene asegurada una larga carrera en los medios de comunicación cuando se retire. Los familiares de las víctimas no han olvidado ni perdonado a Lewis. Este reciente artículo de USA Today es estremecedor. En cualquier caso, como comentaba antes, desde entonces la actitud de Lewis es ejemplar.
Tienen mal ganar. “These are the
most arrogant fucks in the world, starting with Belichick on down. That’s
funny, ever since Spygate they haven’t been able to win. Tell’em to have fun at the Pro Bowl!”. Estas son las elegantes palabras que Terrell Suggs
dedicó a los Patriots tras el partido del pasado domingo. No necesitan
traducción. Luego Suggs se disculpó, pero no es la primera vez que los Ravens
actúan con poca clase tras una victoria importante. Tras vencer de forma muy ajustada
en Pittsburgh a unos Steelers comandados por un Byron Leftwitch cojo y plagados
de bajas importantes, Ray Rice abandonó Heinz Field con una Terrible Towel en
su cabeza. Y aunque esto es más discutible, tampoco gustó mucho en el vestuario
de los Colts el bailecito de Ray Lewis en su último snap en Baltimore. Que le pregunten a Reggie Wayne. Molaría que los
Colts hubieran hecho un Schiano en
esa jugada.
Pollard. Este apartado es para los fans de New England. Bernard Karmell Pollard.
Si eres aficionado de los Patriots, sabes de lo que hablo. El coco del equipo de Foxboro. El jugador
que lesionó gravemente a Tom Brady, que hizo que Wes Welker se perdiese unos playoffs, que lesionó a Gronkowski para
la Super Bowl y que el pasado domingo reventó la cabeza de Stevan Ridley y
forzó el fumble que prácticamente
cerraba el partido.
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Esto es todo por hoy. Mañana, razones para amar y odiar a los 49ers.