Seau, Easterling, Duerson y la lección moral de Bob

Actualizado a

Dani Hidalgo

Seau, Easterling, Duerson y la lección moral de Bob

El mes de mayo de 2012 entrará en la historia por ser el que nos quitó para siempre a Junior Seau, un jugador que hizo más que marcar una época. El mítico linebacker se quitó la vida con un disparo en el pecho. A finales de abril de este año, Ray Easterling (que jugó en los Falcons en los años setenta) hizo exactamente lo mismo en su casa en Virginia (el incidente fue mucho menos mediatizado que el de Seau). En 2011, Dave Duerson también se quitó la vida de la misma manera, donando a la ciencia su cerebro para que fueran estudiados los efectos negativos que tiene el football en la longevidad y calidad de vida de los profesionales retirados. Se descubrió que sufría de encefalopatía traumática crónica, una enfermedad cerebral desarrollada con el tiempo y exceso de conmociones cerebrales.

La NFL es nociva para la salud de sus jugadores. Las cifras hablan por sí solas:
1) 61 pleitos de conmociones cerebrales han sido ya presentados contra la NFL.
2) Los estudios sugieren que la esperanza de vida de un jugador que está activo más de cinco temporadas es de 55 años (52 para los jugadores de línea), unos 20 años menos que la media de un varón en Estados Unidos.
3) Y hace dos años, en el trágico accidente de coche que le quitó la vida a Chris Henry, receptor de los Bengals, la autopsia desveló que Henry ya sufría encefalopatía traumática crónica (sólo tenía 26 años). 

Seau, Easterling, Duerson y la lección moral de Bob

Duerson desató una polémica que un año más tarde no termina de cerrarse. Hoy en día, los jugadores entienden los riesgos que puede tener la NFL en sus esperanzas de vida, pero los Easterling, Duerson y demás jugadores de décadas anteriores no tuvieron ese punto a favor.

Seau, Easterling, Duerson y la lección moral de Bob

La NFL ha respondido a estos sucesos implementando nuevas normas, como la de que el kickoff sea cinco yardas más adelante, prohibir los golpes de caso a casco y sus medidas contra el sistema de recompensas por golpes de un coordinador defensivo en la NFL... Pero al final este deporte vive de que algunos de los tipos más mazados del planeta se golpeen, por muchas protecciones que haya entre medio y, por mucho que abunden estas nuevas normas, el riesgo es inevitable (salvo una tecnología futurística inconcebible ahora mismo). Pese a ello, la NCAA y los institutos siguen produciendo jugadores a montones y, sí, muchos terminan viviendo una larga vida sin depresiones y arropados por su familia. Pero tienen que tener la fortuna de su lado.

Seau, Easterling, Duerson y la lección moral de Bob

El otro día estuve viendo la tele con mi sobrina y justo pasaban un capítulo de Bob Esponja. Era en su casa, en su hora de ver la tele y ni en broma iba a pedir yo que cambie de canal. Además, el dibujo tiene su punto y muchas veces me pregunto qué substancias toman sus guionistas. El caso es que en este capítulo vi algo de paralelismo con este aspecto de la NFL.

En él, Bob es un tipo currante que acude todos los días restaurante de comida rápida de la pequeña ciudad acuática en que viven. Lo hace con un sombrero exclusivo para empleados. Y a Patricio Estrella, su mejor amigo, le entran celos por dicho sombrero. La estrella de mar con unos kilos de más suplica a Don Cangrejo que le de un trabajo, aunque realmente sólo le interese el gorro. El cangrejo cede a su petición y cuando le da empleo y sombrero a Patricio... éste se adorna el gorro, se resbala y cae al suelo. Los clientes se ríen y a Don Cangrejo se le enciende la bombilla: va a contratar a Patrick para ser el bufón de la tienda, que no para de caerse. Durante un tiempo, el negocio crece una barbaridad, pero los clientes acaban cansándose. Por lo que Don Cangrejo decide que hará que Patricio salte desde un trampolín a una piscina de erizos de mar. En este momento, Bob Esponja interviene y dice que aunque su amigo tenga el gorro tan deseado y el trabajo que desea, que teme que le estén explotando y que esté empeorando su salud para el entretenimiento de los demás.

Ahora, por fin llegamos a lo que quiero resaltar. Patricio participa en esto porque quiere. Don Cangrejo es feliz porque los saltos de Patricio traen clientes al local. Y los clientes están encantados del entretenimiento que reciben mientras comen. Pero a Bob le preocupa no sólo que a Patricio no le importe su salud, pero también que a los clientes no les importe ver a alguien poniendo su vida en peligro.

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El football es mucho más complejo que este capítulo de Bob Esponja, pero el dibujo da para pensar... Nadie apunta una pistola a los jugadores, sí. Y yo, como todos vosotros, seguiré enganchado a la tele cuando empiece la temporada y seguro que desaparecerá cualquier sensación de culpa que pueda sentir mientras escribo esto. La única esperanza que hay siguiendo este mismo camino es esperar que con tiempo y nuevas tecnologías ya no veamos más casos Seau, Easterling, Duerson, Henry... Aunque, por desgracia, tenemos garantizados al menos un par de décadas de casos similares.


dhidalgonfl@yahoo.es / twitter: @danihidalgo