El tenis tiene un nuevo Clásico

Tomás de Cos
Novak Djokovic y Rafa Nadal homenajearon al tenis en una interminable final del Abierto de Australia, de tintes épicos y que se decidió tras cinco horas y 53 minutos de intenso duelo. Un partido inolvidable, lleno de alternativas y emociones desbordadas, que acabó con un campeón y dos héroes, como titulamos en AS.com, y quien sabe cuántos nuevos aficionados al deporte de la raqueta.
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Un combate jamás visto en la final del primer grande de la temporada y que reivindica el duelo entre el serbio y el español, del que ya hemos asistido a 30 ediciones (14-16), como el nuevo gran Clásico del tenis mundial. Ganó el número uno nacido en Belgrado y forjado como gladiador en Alemania (5-7, 6-4, 6-2, 6-7 y 7-5), y lo hizo con tanto sufrimiento como merecimiento, extendiendo su feroz tiranía sobre el hombre con más fe de la tierra. Confieso que nunca creí a nadie capaz de doblegar siete veces seguidas a Nadal.
Djokovic desplegó todos los argumentos tenísticos (técnicos, tácticos, físicos y mentales) que le han aupado al primer escalón de la ATP frente a un rival que nunca bajó los brazos y que ha reducido considerablemente la brecha de juego, que obligó al balcánico a ser cada vez un poco mejor. Y es que a pesar de la derrota, Nadal sale reforzado de Melbourne Park. Entre ambos mantuvieron en vilo (al borde de la histeria en muchos casos) a millones de personas, en un espectáculo formidable con el que exportaron todos los valores del deporte. ¡Gracias chavales! No lo olvidaremos.