Djokovic hurga en la herida

Tomás de Cos
No hubo lugar para la revancha. ‘Nole’ no lo permitió. El serbio volvió a ganar el pulso mental a un Nadal que se vació en el envite, pero que equivocó el camino. El balear batalló contra una marea creciente, que le desquició por momentos. De otra manera no se entiende su ofuscación con el juez de silla Carlos Ramos, un línea y sus numerosas fallos en sus desafíos al ‘ojo de halcón’. Sexta derrota en otras tantas finales en lo que va de año. Un lunar que sigue creciendo pese al tratamiento aplicado hasta la fecha.
Saliendo a la cancha con una gorra de los bomberos de Nueva York, el serbio equilibró la contienda en la grada, redimiéndose de la eliminación del idolatrado Federer en la semifinal. Gesto inteligente y mediático, al que colaboró Nadal a posteriori con sus protestas. Luego, Djokovic ganó al servicio y dio una lección magistral al resto. Mezcló la paciencia con la agresividad controlada y el patrón de juego ordenado que le ha aupado a la cima del tenis mundial. Fue más valiente, más descarado y marcó siempre el paso. Empujando sin descanso. Incluso en el apartado físico, resistió las durísimas andanadas de Nadal, que volvió a lucir una capacidad de sufrimiento descomunal.
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Nadal naufragó al servicio –encajó once roturas y sumó dos aces, tres dobles faltas, 50 puntos ganados de 96 disputados con primer servicio y 19/45 con el segundo-, por lo que apenas tuvo iniciativa y respiro, y se vio obligado a un constante sobreesfuerzo. Igualadas las fuerzas, suele cansarse más quien defiende que quien se ataca. Salvo en el tercer set, en el que apareció su demoledora derecha paralela, no logró dominar la diagonal de su drive. Además, la acertada táctica del revés cortado para ralentizar el tenis del serbio, no le permitió encontrar su derecha tantas veces como hubiera deseado. –sobre todo, usado en paralelo-. Y tampoco acabó de salir victorioso, pese a los esfuerzos, en el psicológico duelo gestual.
El caso es que Djokovic suma su décimo título del año en los doce torneos que ha disputado, entre ellos tres grandes (Australia, Wimbledon y US Open), supera a Nadal en los cara a cara en finales (6-5, 13-16 en el global para el español) y se asegura acabar el año como número uno mundial. Confirma su ¿despegue definitivo?, con una temporada que supera el gran 2010 del propio Nadal y amenaza los fabulosos 2004 y 2006 del por ahora rey del Grand Slam. Y todo ello hurgando en una herida, que por el momento, no acaba de cicatrizar.