Zola Budd, la campeona descalza
El 15 de enero de 1983 una surafricana de 17 años llamada Zola Budd corrió los 5.000 metros en un tiempo de 15:01.83 en Stellenboch, una pequeña pero importante ciudad de su país natal. Récord mundial. La plusmarca, sin embargo, no fue reconocida oficialmente: Suráfrica había sido expulsada de todas las instancias internacionales, incluidas las deportivas, por su política de segregación racial (aparheid). El récord anterior seguía en pie. Pertenecía a la estadounidense Mary Decker, con un tiempo de 15:08.26. Los destinos de ambas iban a unirse dramáticamente en el cálido verano de 1984, en el Memorial Coliseum de Los Ángeles… Esta es una historia abreviada (y prometida) de una atleta que llegó a ser dos veces campeona del mundo de cross corriendo descalza.
Pero, ¿quién era esa niña llamada Zola Budd? Pues era de raza blanca (minoritaria, pero dominante, por la fuerza, en su país), de aspecto aniñado (no aparentaba más allá de catorce años), de físico poco impresionante (1,60 de estatura y apenas 38 kilos de peso) y que corría descalza. La marca conseguida en Stellenboch conmocionó al atletismo. Una pena que la chica no pudiera competir en los Juegos Olímpicos del año siguiente. ¿O sí podía?
Se reveló que tenía un abuelo británico y las autoridades de su Graciosa Majestad batieron récords, también, para concederle la nacionalidad: le dieron el pasaporte en el plazo de diez días. Y se la incluyó en el equipo olímpico. Fue rechazada por la mayoría de los atletas británicos. Algunas chicas se negaron, incluso, a compartir habitación con la recién llegada. Se la acusaba de no haber condenado nunca la segregación racial. “El aparheid ya existía antes de que yo naciera”, se justificaba ella.
Y llegaron los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. La distancia femenina más larga en pista era entonces la de 3.000 metros y la atención se centraba en Mary Decker y Zola Budd, que corrió descalza, según su costumbre. En un momento de la carrera ambas chocaron y la estadounidense, llamada La Novia de América, cayó al suelo al tropezar con Zola. Se hizo daño y se retiró entre lágrimas. La victoria fue para la rumana Maricica Puica (tenía la mejor marca del año, pero, increíblemente, casi nadie apostaba por ella) y Budd terminó séptima, abucheada por el público, que la culpaba de la caída de Mary Decker. Recibió, incluso, amenazas de muerte y fue protegida policialmente. Zola se sumió en algo parecido a una depresión. No hay que olvidar que Mary era su atleta favorita y que en su casa de Suráfrica adornaba las paredes de su habitación con carteles de la norteamericana.
Se reclamó su descalificación, pero el jurado internacional no accedió a ello. Los vídeos de la carrera mostraron que Zola no era culpable. Decker le echó encima al público y no se portó muy correctamente con su oponente cuando la británico-surafricana fue a interesarse por ella. Tuvieron que pasar varios años para que Mary reconociese la inocencia de su oponente. “El accidente se debió a que yo no sé correr en grupo”, admitió la norteamericana. Podéis ver la carrera en YouTube si seleccionáis ‘Zola Budd Mery Decker Los Ángeles 1984’.
Al año siguiente, la británica se proclamó campeona mundial de cross, corriendo descalza, y batió el récord mundial de 5.000 metros con 14:48.07, en Londres. Éste sí figura en las listas oficiales de plusmarcas. En 1986 volvió a imponerse en los Mundiales de campo a través.
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En 1988 varios países africanos negros la acusaron de haber competido en Suráfrica, algo que estaba prohibido a causa de la permanente política de aparheid. La IAAF la sancionó, ella regresó a su país natal, se retiró del atletismo y recuperó la nacionalidad de origen. Volvió a la competición años después, una vez liquidada la política de segregación racial y compitió en el equipo multiétnico de atletismo en los Juegos de Barcelona 1992. Allí tuve ocasión de hablar con ella. Era extremadamente tímida, pero muy correcta y amable. No se clasificó para la final de los 3.000 metros. Por entonces, ya corría calzada. Al año siguiente, sin embargo, fue cuarta en los Mundiales de Stuttgart 1993.
No mucho después abandonó el atletismo. Ahora se dedica a correr pruebas en ruta, como pasatiempo y para mantenerse en forma. Tiene dos hijas. Y mantiene aún los récords mundiales júniors de la milla (4:17.54) y de 3.000 metros (8:28.83) y los europeos de 1.500 (3:59.96) y 5.000 metros (14:48.07).
