Falló Eusebio, pero llega Méliz

Ángel Cruz
Redacción de AS
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Escribo este post recién terminada la jornada matinal de los Europeos de París-Bercy y lo actualizaré cuando finalice la sesión vespertina. Una jornada, la de esta mañana, que a mí me ha resultado agridulce, con ocho atletas eliminados, tres que han pasado la primera criba (dos de ellos ya están en sus finales) y Bárbara Hernando compitiendo en el pentatlón. Lo que más me ha escocido es la eliminación de Eusebio Cáceres en longitud, porque me declaro incondicional del joven atleta de Onil, que tenía grandes ilusiones en esta competición. Y lo que más me ha gustado, el saber estar de Jesús España en los 3.000 metros, la pelea de Patricia Sarrapio por un puesto entre las ocho mejores del triple, y la actuación de Luis Felipe Méliz en longitud.

Eusebio Cáceres era candidato a medalla y ni siquiera estará entre los ocho mejores. No olvidemos que tiene 19 años. Seamos pacientes. Tiene un largo camino por delante. Pero su eliminación duele, está claro. "Me molestaba algo el pie, pero no es disculpa", dijo el atleta. Luis Felipe Méliz, por su parte, se metió entre los mejores y en esa final todo es posible, porque se presenta bastante abierta. Hizo la tercera mejor marca, con 7,94 metros, tras el francés Teddy Tamgho (7,97), el plusmarquista mundial de triple, que dobla en el Omnisport, ante su público, y del danés Morten Jensen (7,96). Quedó eliminado el líder europeo del año, el griego Louis Tsatoumas, que hizo honor a su fama de pésimo competidor: tiene 8,21 y se quedó en 7,81. Perdimos una opción de medalla con Cáceres, es verdad, pero Méliz, con el que yo no contaba para el podio, lo confieso, toma el relevo.

A Méliz le entrena Juan Carlos Álvarez, ex martillista de élite, que también prepara a Patricia Sarrapio. Una pena lo de la triplista. Llegaba a París con una marca anual de 13,73, y a primera hora de la mañana llegó a 13,81 en su primer salto y a 13,98 en su segundo, a dos centímetros de su registro personal, que data de hace cuatro años. Luego arriesgó (tenía que hacerlo, porque iba novena) e hizo nulo. Tres centímetros le separaron de la prueba definitiva. Una pena. Patricia cumplió con creces. 

En cuanto a Jesús España, corrió inteligentemente, como en él es habitual, pero me parece que las medallas van a estar más caras de lo que yo pensaba. Las series de ayer me incitan a pensar que la final va a ser terrible. El oro se lo adjudico casi de forma inevitable a Mo Farah, impresionante (el año pasado se entrenó en Kenia y ahora lo hace en Oregón, Estados Unidos, con Alberto Salazar), y luego el podio va a estar muy abierto. Javier Alves no estuvo excesivamente lejos de conseguir el pase a la final, pero Víctor García se hundió en los momentos decisivos. Una pena.

En 400 metros Marc Orozco quedó fuera y Mark Ujakpor se metió en las semifinales de esta tarde, que ya deberían ser un muro para él, porque, además, le ha tocado una carrera durísima. El madrileño ha cumplido de sobra: llegó con 47.10 y ha hecho 47.31. Nada que objetar. Por cierto, que en las cinco series disputadas siempre venció el atleta que llegó primero a la calle libre. Un dato a considerar. 

No habrá presencia española en lanzamiento de peso. Yo contaba con la eliminación de Manuel Martínez, pero pensé que Borja Vivas tendría alguna posibilidad de colarse entre los mejores. No fue así. Y también cayó a la primera, antes de lo previsto, Josephine Onyia en los 60 metros vallas, que volvía a la competición internacional después de sus dos años de sanción por dopaje. Corrió como una desconocida, lenta, lentísima. No tiene aún ritmo. Dos años de ausencia son muchos y, además, ha tenido problemas de lesiones en su regreso. 

Y a todo esto Bárbara Hernando sigue compitiendo en pentatlón. Después de tres pruebas marcha la décimocuarta, con 2.473 puntos. Su actuación es peor que cuando batió el récord de España. En vallas hizo en el Nacional de Valencia 8.58 (en París una centésima más, así que el comienzo fue bueno); en altura rindió en el Omnisport diez centímetros por debajo (1,62 por 1,72) y en peso en Valencia llegó a 13,08 y en la capital francesa a 12,85.

Hasta después de la final de los 60 metros vallas masculinos de esta tarde, que cerrarán la primera jornada del Europeo. Un continental que comenzó a contrapie, porque el conductor francés del autobús que recogió al equipo español se equivocó de hotel (hay más de un Novotel en París, claro) y obsequió a nuestra Selección con un paseo por el centro de la ciudad, en hora punta. Cuando llegaron la cocina estaba cerrada, así que, hambrientos, fueron a una pizzeria. Las habitaciones sólo tienen una cama, de forma que uno de los dos ocupantes tiene que dormir en una especie de sofá. Además, llegaron los médicos a hacer análisis. Alguno de los nuestros le echó simpatía al asunto y puso en su habitación un letrero en inglés solicitando que no llamasen a las siete de la mañana, sino que esperasen por lo menos a las diez. Los controles, por cierto, los pasan todos los equipos, no sólo España, como es obvio.

Hasta luego.